Es hora de admitir que los hombres son mejores feministas

Es hora de admitir que los hombres son mejores feministas

 

Camaradas, ha llegado la hora de admitir lo que resulta obvio. El movimiento feminista funcionaría mejor si a partir de ahora lo lideraran los hombres. Todo el mundo lo sabe y el estado del movimiento actual lo confirma. No sé bien qué será… quizás sea eso de haber construido una sociedad diseñada para sustentar el poder patriarcal, o quizá sea que ellos son mejores a la hora de tomar decisiones. En vez de tratar de liderar nosotras mismas el movimiento que busca reivindicar los derechos de mujeres y niñas bajo un sistema de opresión misógino, es mejor que le demos todo el asunto a los hombres. Si ellos han construido el patriarcado, supongo que ellos mismo también lo sabrán desbaratar…

¿Verdad?

Hace casi diez años, el 2 de diciembre del 2007, el portal de noticias satíricas estadounidense The Onion publicó un artículo titulado ‘Por fin un hombre al mando del movimiento feminista’ en el que se ironizaba que lo que le faltaba al feminismo era alguien «con cojones», literalmente. Un hombre con “ambición, experiencia y de armas tomar” para que pueda cumplir cada uno de los objetivos que a las mujeres “por tímidas y pasivas” nos han llevado tanto tiempo. “Ya era hora”, decía en su artículo el nuevo líder feminista Peter ‘Buck’ McGowan, “estas damas debieron haberme contratado hace años”.

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Lo que no sabían quienes idearon al líder feminista “Buck”, es que, en menos de una década, su sátira se convertiría en realidad.

El 1 de noviembre la revista estadounidense Glamour revelaba que el premio ‘Mujer del Año’ 2016 sería otorgado a Bono… un hombre. Como decía alguien en las redes sociales, tenían media humanidad de donde escoger a la mujer del año y decidieron un hombre. Porque es que, en realidade, a los hombres nunca los reconocen ni les dan galardones de nada…

Según la revista, esta decisión les llevó un tiempo. “Hablamos durante años (sobre) si está bien que concediéramos a un hombre el premio Mujer del Año. Decíamos, los hombres ya de por sí ganan muchos premios” explicaba Cindi Leive, editora de la revista. “Pero empezamos a darnos cuenta de que esa es una visión anticuada y que hay muchos hombres haciendo cosas maravillosas por las mujeres en la actualidad”.

Según Glamour, la razón del reconocimiento con el premio ‘Mujer del Año’ es que casi no se podían creer que Bono (¡¡UN HOMBRE!!) se hubiera interesado por los derechos de las mujeres. “La idea de que un hombre haya podido seleccionar cualquier causa en el mundo -o ninguna- para trabajar en ella, no sólo una noche o en un evento especial, sino consistentemente, y haya escogido la causa de las mujeres es increíblemente guay y merece ser aplaudido”.

También expresaron que “cuando un hombre estrella de rock, que puede hacer lo que quiera con su vida, decide enfocarse en los derechos de las mujeres y niñas alrededor del mundo… bueno, eso hay que celebrarlo”.

De la manera que se expresa Glamour, una revista de esas que dicen ser “para mujeres” pero cuya junta directiva está liderada en su mayoría por (¡sorpresa!) hombres, las mujeres somos menos que una pocilga y el simple hecho de que un hombre quiera interesarse en ayudarnos a reivindicar nuestros derechos es, de por sí, una hazaña. “Bono pudo dedicar su tiempo a cualquier causa, y escogió los derechos de las mujeres!”…  como si los derechos de las mujeres fuesen una causa menor, insignificante.

¿Qué les parecería reconocer el esfuerzo que hacen todos los días 3.5 millones de mujeres y niñas para simplemente sobrevivir en un mundo que no ha sido ideado para nuestro bienestar y donde la violencia contra las mujeres y niñas es una epidemia mundial? ¿Es necesario que el movimiento feminista desboque cada vez que algún hombre nos dignifique, supuestamente, con una de esas frases bonitas como “yo creo mucho en la igualdad”?

¿Es necesario que el movimiento feminista desboque cada vez que algún hombre nos dignifique, supuestamente, con una de esas frases bonitas como “yo creo mucho en la igualdad”?

Aparentemente sí. Lo que pasa es que muchas veces se nos olvida que, así como el patriarcado desvaloriza la vida de las mujeres, también exalta la de los hombres como más importante. El tiempo de los hombres, el trabajo de los hombres, los esfuerzos de los hombres… en fin: somos socializadas/os en entender que la vida de los hombres es simplemente más importante que la de las mujeres. ¿Que millones de mujeres se matan, a veces literalmente, tratando de desmantelar el patriarcado…? Eso es noticia de segundo plano frente a la imagen del hombre, cualquier hombre, que diga cualquier nimiedad pseudofeminista.

Este proceso de socialización que coloca las vidas, el tiempo, las palabras y el activismo de los hombres como superior es complejo. La consultora de género Ana Fernández de Vega analiza en su texto ‘Necesitamos Menos Hombres Protagonistas’, en Tribuna Feminista, cómo en el cine y en la televisión, porponer sólo un ejemplo, estamos condicionadas a ver el mundo desde la perspectiva y el protagonismo de los hombres.

“La mayor parte de las películas a las que tenemos acceso en nuestros cines están protagonizadas por hombres. La mayor parte del relato oral está protagonizado por hombres. Los hombres encarnan lo absoluto de la experiencia humana y en ellos tienden a concentrar la inmensa mayoría de las historias contadas” explica Fernández de Vega.

Es por eso que solemos identificarnos, incluso las mujeres y niñas, con historias y discursos centrados en los hombres. Intentar analizar el mundo fuera de este foco requiere creatividad… y feminismo. Y ese feminismo no puede ser liderado por hombres, porque entonces no estamos haciendo absolutamente nada.

“Ante la falta de referentes femeninos no nos ha quedado otra opción que identificarnos con los masculinos.” Fernández de Vega se pregunta si “¿quizá sea que estamos tan acostumbradas a no aparecer, a no hablar, a no protagonizar, que hemos desarrollado una capacidad de adaptación tan fina que asimilamos como propios los relatos y experiencias masculinas y, en esa asimilación, las convertimos en universales?” De ser así, nos estamos infringiendo un daño terrible como mujeres y como movimiento porque, como remata la escritora, “a costa de universalizar las experiencias masculinas hemos olvidado hacer visibles las nuestras.”

Este proceso de identificarnos con los hombres mientras se enmudece nuestra propia voz empieza muy temprano. Por ejemplo, en las películas de Disney, donde se supone que las “princesas” son las protagonistas, quienes tienen voz y palabra son los personajes masculinos. Varios estudios han demostrado que hay películas de Disney donde el diálogo femenino ocupa un mísero 2%. En algunas películas “para niñas” como La Sirenita, La Bella y La Bestia, Aladino, Pocahontas y hasta Mulán, los hombres dominan más del 70% del diálogo. ¿Nos sorprende entonces que, incluso dentro del movimiento feminista, se le quiera dar protagonismo a los hombres?

A veces la superioridad de los hombres, incluso dentro del activismo feminista, pasa del plano teórico al literal.

Durante el pasado Miércoles Negro (19 de octubre 2016) más de 100,000 mujeres y niñas llenaron las calles de Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú, Chile, Venezuela, Colombia, México, Honduras, Guatemala, Ecuador y España para protestar contra la violencia machista que ultraja un sinnúmero de mujeres y niñas diariamente en América Latina y el Caribe. Inspiradas por la ira que causó el terrible asesinato de la adolescente Lucia Pérez Montero en Argentina, las manifestaciones fueron impresionantes y las imágenes son verdaderamente conmovedoras.

Pero en la manifestación, quien “se llevó todos los elogios” como escribe El Diario 24 fue un hombre semidesnudo con un cartel que decía “estoy semidesnudo rodeado por el sexo opuesto… y me siento protegido, no intimidado. Quiero lo mismo para ellas”. Consecuentemente, el hombre del cartel fue reconocido por su gran valentía… hasta que su expareja lo vio en la televisión alardeando de ser un gran feminista cuando él (nombre real Felipe Garrido) tenía una denuncia por violencia de género.

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Los medios de comunicación adoran los hombres que dicen defender los derechos de las mujeres al mismo tiempo que la sociedad desprecia a las mujeres que hacen lo mismo. ¿Por qué? Primero porque el éxito del movimiento ha sido tal que nadie puede negarse a hablar del feminismo hoy en día; pero dando protagonismo a los hombres, los medios pueden cubrir el movimiento… sin tener que darle tanta importancia a las mismas mujeres. Y segundo: porque los hombres no tienen nada que perder cuando se llaman feministas, al contrario, tienen todas las de ganar.

Una mujer hablando de feminismo, del feminismo de verdad que busca desmantelar el patriarcado (no ese que está de moda y es súper pop culture) es una amenaza. No existe otra manera de desmantelar el patriarcado que no sea atacándolo todo, desde el lenguaje androcentrista hasta las leyes paternalistas. El trabajo del feminismo requiere cambios tanto estructurales como conductuales; nadie ni nada se salva. La transformación social y cultural que requiere el feminismo es absoluta. Así que con esto, una feminista es frecuentemente tildada de exagerada, nos dicen que vemos el patriarcado en todos lados, que arruinamos todas las fiestas, que odiamos el sexo, que aborrecemos a todos los hombres, que somos anti-bebés, que no sabemos “simplemente disfrutar de la película/canción/cuento de hadas” y nos acusan, claro está, de estar hasta en contra de la risa y la diversión como conceptos… En fin, ¡somos una verdadera pesadilla!

No existe otra manera de desmantelar el patriarcado que no sea atacándolo todo, desde el lenguaje androcentrista hasta las leyes paternalistas.

Pero un hombre feminista no necesariamente renuncia a sus privilegios. Al contrario, el trabajo del movimiento ha sido tal que lo avant garde es que los hombres que se consideran progresistas quieran abanderarse con nuestra lucha, muchas veces sin siquiera saber nada sobre el asunto ni dignarse en investigar bien cuál es el propósito del feminismo en sí o cómo funciona el sistema patriarcal. A veces, incluso, hasta los ultra-machistas quieren utilizar el manto del feminismo. El hoy presidente-electo de los Estados Unidos y notorio depredador sexual Donald Trump, por ejemplo, ha sido denominado (de forma inverosímil) como “feminista” en más de una ocasión.

Así que un hombre que diga tres palabras mágicas (“igualdad”, “empoderamiento” y ¿qué se yo?… “liberación”) se considera que acaba de comprar su ticket al movimiento. Pero el movimiento no se basa en palabrerío progre. Para los hombres, el desafío dentro del feminismo es una autoevaluación constante que requiere creatividad y compromiso para subvertir los privilegios que le son otorgados por el simple hecho de nacer varones. Como explica Eduardo Aguayo en su artículo ‘¿Puede un hombre ser feminista?’ para Tribuna Feminista “me considero en reconstrucción de mí mismo desde el feminismo, pero es un proceso que me llevará toda la vida; estoy rodeado de privilegios (artificialmente dados por la sociedad) por haber nacido hombre, y muchos de ellos invisibles para mí (tomados de manera gratuita); es un proceso de aprendizaje continuo”.

Continúa reflexionando Aguayo sobre su experiencia con hombres pseudofeministas “una de las cosas que más me sorprenden es la constante de algunos hombres feministas de hablar sobre las ventajas que tiene el feminismo para nosotros (que las tiene) pero me parece es querer ponernos una vez más en el centro del asunto. Por ejemplo: es muy común que digan que gracias al feminismo los hombres podemos llorar o expresar nuestros sentimientos. De lo que tenemos que hablar y convencer es que, por culpa del machismo, asesinan a mujeres, las comercializan, las mutilan, las maltratan, les dan peores puestos de trabajo, les pagan menos…son insultadas, acosadas, violadas, etc. Que tú, como hombre, puedas o no llorar, comparado con esto, me parece una nimiedad.”

En Locas del Coño Sara Superbruja concuerda con Aguayo y escribe en su artículo ‘Aparta de mi sitio. “Aliados feministas” que silencian nuestra voz’: “El buen aliado feminista, (porque los hay y se puede ser, lo prometo) como cualquier aliadx en una lucha se calla, escucha, y apoya. Esta es nuestra lucha, la lucha de todas y cada una de las mujeres de este mundo, que tanto nos debe.”

No es que no puede haber hombres dentro del feminismo, es que centrar las voces de hombres en el feminismo es una capitulación. La revista Glamour y las Naciones Unidas (con su campaña He4She) predican el credo del feminismo neoliberal que dice que el feminismo es todo y es nada al mismo tiempo. Que el feminismo no es el movimiento político, económico y social en pos de la reivindicación de los derechos de las mujeres en un sistema patriarcal y niñas, sino un movimiento “de la igualdad” de todo el mundo, para con todo el mundo… así, al azar.

Me recuerda esto a mis clases como profesora de activismo feminista. Lo primero que hago el primer día es escribir en la pizarra en letras gigantes la palabra ‘FEMINISMO’ y pedirles a mis estudiantes que creen su propia definición. Sin equivocación, la mayoría de mis estudiantes (jóvenes de 18-26) quieren que el feminismo sea un movimiento de todo el mundo para con todo el mundo en todos los ámbitos y en todos los sentidos. Es como si tuvieran un temor a decir la palabra “mujer” o “patriarcado” o “violencia machista”. Cuando yo les explico que el feminismo es un movimiento político que requiere estrategias y que busca desmantelar el sistema de opresión patriarcal que beneficia los hombres y desvaloriza las mujeres (frecuentemente por medios violentos) me miran siempre como que les acabo de decir que ese año se canceló la Navidad.

No es momento de bajar la guardia, camaradas. Asumir ese discurso tan dulce pero tan vacuo de que el feminismo es “igualdad para todo el mundo” y creer que en el feminismo, el sexo como característica física, puede ser neutral resulta políticamente peligroso porque han sido las mujeres y niñas las que han tenido que aprender a sobrevivir y batallar el sistema patriarcal en nuestros propios cuerpos. El patriarcado será un sistema estructural pero la misoginia es una práctica que se talla en el cuerpo de las mujeres y niñas, todos los días y por consecuencia, tenemos que ser nosotras quienes nos rescatemos a nosotras mismas y a las demás.

El patriarcado será un sistema estructural pero la misoginia es una práctica que se talla en el cuerpo de las mujeres y niñas, todos los días y por consecuencia, tenemos que ser nosotras quienes nos rescatemos a nosotras mismas y a las demás.

Curiosamente Bono comparte la distinción otorgada por la revista Glamour con una lista de mujeres que no han acaparado ni un ápice de la atención que se le ha dado al gran hombre feminista Bono, ni siquiera por la misma revista en sus comunicados.

Entre las integrantes de la lista se encuentra Emily Doe (un seudónimo). Emily se identificó ante los medios como la víctima de una violación que conmocionó los Estados Unidos a mitad de año 2016. La noche del 18 de enero 2015, el estudiante universitario Brock Allen Turner fue encontrado detrás de un basurero penetrando el cuerpo inconsciente de una joven. Esa joven fue Emily Doe. A pesar de que hubo pruebas contundentes que demostraron la violación, incluyendo testigos oculares, Turner fue sentenciado a 6 meses de prisión de los cuales sólo cumplió una condena de 2 meses. El juez, Aaron Persky, afirmaba temer que una condena larga pudiera tener “repercusiones severas” en el futuro de Turner.

No sabemos si el juez reflexionó sobre las repercusiones que la violación de Turner tendría en la víctima o si quizás concordó con el argumento del padre del violador, Dan A. Turner, de que su pobre hijo no “podrá volver a ser tan feliz como era antes con su personalidad tranquila y su sonrisa bonita” tan sólo porque lo han encontrado culpable de violar una muchacha inconsciente… o como lo describió el padre del violador, tan sólo por “20 minutos de delito”.

La víctima preparó una declaración en la que se refirió directamente a su violador. Empezó diciéndole “Tu no me conoces, pero has estado dentro de mí. Y es por eso que hoy estamos aquí.”

Emily Doe continúa su declaración diciendo “Dijiste que quieres demostrarle a la gente como una noche de copas puede arruinar una vida. La vida a la que te referías era la tuya, se te olvidó la mía. Tú eres la causa, yo soy el efecto. Tu daño fue concreto; perdiste títulos y matrículas universitarias. Mi daño fue interno, nadie lo ve, pero lo llevo conmigo. Tú me quitaste mi autoestima, mi privacidad, mi energía, mi tiempo, mi seguridad, mi intimidad, mi confianza en mí misma, y mi propia voz, hasta el día de hoy.”

Qué vergüenza, mis queridas camaradas, que las revistas “para mujeres”, los medios de comunicación y nuestro movimiento den primera plana al hombre estrella de rock por ser un hombre que “se interesa” por los derechos de las mujeres y no a los millones de Emily Doe’s que levantan la cara a pesar de las vejaciones del patriarcado.

Qué asco, compañeras, que nuestra sociedad se enamore tan rápido de hombres llenos de privilegios sólo por decir cosas bonitas sobre el feminismo, al mismo tiempo que desprecia, insulta y minimiza el esfuerzo de mujeres y niñas que peleamos por nuestros derechos nosotras mismas, sin esperar que vengan príncipes pseudofeministas a rescatarnos.

 

 

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