Tu quoque, Thais Villas, fili mi!

 

También ella. Sin necesidad de Brutus (y la fuerza sinónima), la frase que apuñala a una seguidora decepcionada como yo es: “Y tú, ¿tienes novio?”. Visto y oído en “El Intermedio”, hace apenas un mes, por boca de esta periodista, que soltó la pregunta a…una niña de unos siete años.

Creo que la niña dijo que no, entre asombrada e incómoda, pero, quizá pensara que quizá debería, llegaría a casa dándole vueltas a esa “cosa” que se supone que tienes que tener (sobre todo si naces niña), como los dientes definitivos, como las notas a final de curso…

La socialización de la niña en el amor romántico empieza pronto. Frases “Brutus” como aquélla, que oigo por doquier, empiezan a conformar la idea de que el “estado natural” de una niña es el noviazgo (barra) matrimonio

De la misma manera, pero por diferentes motivos, me miran las y los adolescentes a los que doy talleres de educación afectivo-sexual cuando les digo que no son medias naranjas, que se visualicen como racimo de uvas, en el que sus parejas son o serán parte importante (entre otros muchos afectos), pero no la que les da sentido.

La socialización de la niña en el amor romántico empieza pronto. Frases “Brutus” como aquélla, que oigo por doquier, empiezan a conformar la idea de que el “estado natural” de una niña es el noviazgo (barra) matrimonio, en el sentido hetero-patriarcal normativo. Algo que da status, algo deseable, algo que embellece, algo que completa…Y si no, eres una paria. Y por eso, cuando toca, hay que aguantar…porque más vale estar con un mal novio que sin novio.

Esta “precocidad” en las relaciones y en las relaciones de maltrato se nutre a la vez de una creciente hipersexualización de las niñas en los medios, en el look (¿rellenos en un bikini para niñas de 5 años?), en su ocio (¿fiestas de misses? ¿de maquillaje?) que lleva irremediablemente a su cosificación.

Dejemos a las niñas disfrutar de su infancia, Thais, y educadores/as, madres y padres, tíos, abuelas…El llamamiento a las empresas que se lucran de esta fétida nueva “ola rosa” merece otro artículo, o quizá ningún consumidor/a.

 

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