Otro 20 de noviembre, nada que celebrar

Otro 20 de noviembre, nada que celebrar

Foto de Davit Ruiz

Foto de Davit Ruiz

Ayer me encontraba en un local de Madrid cuando un cliente tuvo que ser desalojado del mismo por mostrar un carácter violento, asestar manotazos al aire, amenazar y proferir gritos en el interior. Esos gritos no eran otros que “¡Arriba España! ¡Viva Franco!” seguidos de varios insultos. Una vez la policía le expulsó del lugar, ya en la calle, alzando el brazo seguía: “¡Arriba España! ¡Viva Franco hijos de puta!”.

Algunos observaban atónitos la escena, otros se reían, -no sin denotar cierto nerviosismo o incluso vergüenza-. Otras, como yo, nos encontrábamos indignadas ante esa situación, ante la impunidad con la que sería puesto en libertad sin ningún tipo de represalia.

El fascismo vive en un paraíso legal en este país. Es un hecho, hacer apología del franquismo y de la dictadura por la que murieron, fueron perseguidos y torturados cientos de españoles y españolas no es un delito. Pasear banderas con sus símbolos, proferir gritos fascistas y racistas está permitido. Reunirse para hacerlo y rendir homenaje al caudillo que mantuvo este país bajo el yugo de la dictadura católica por cuarenta años, tampoco.

Cada 20 de noviembre se organizan una serie de actos para homenajear no sólo a Franco, su gobierno y su muerte, sino a una larga relación de personajes fascistas del panorama español. Esto es bien sabido por las fuerzas del orden, y por la Comunidad de Madrid en especial, que permite y del mismo modo, legitima, las proclamas y los mensajes que este tipo de actos promueven.

Cada 20 de noviembre se organizan una serie de actos para homenajear no sólo a Franco, su gobierno y su muerte, sino a una larga relación de personajes fascistas del panorama español

Año tras año, los organismos públicos que dan vía libre a estos homenajes contribuyen a mantener la idea del fascismo viva y vigente dentro del espacio público. Esto constituye una violencia hacia la salud democrática del país. Una democracia cada día más debilitada a causa de sus gobiernos, de los gobiernos de derechas, nostálgicos y herederos de un régimen que aún araña influencias dentro de la esfera del poder político.

Nombres y hombres que se relacionaron con las labores de “limpieza política” de Franco formaron parte y dieron forma a la génesis del partido que nos gobernará a todos y todas de nuevo por cuatro años más en España: El Partido Popular.

Es aquí donde quizás no nos deba extrañar a muchas que permitan no sólo este tipo de manifestaciones de odio y fascismo, sino también la aprobación, promoción y aplicación de leyes tan antidemocráticas como la ley mordaza. Sin olvidarnos del intento de reforma de la ley del aborto, o el empeño por mantener vivos los valores coercitivos y privilegios de la Iglesia Católica en el país.

Tan poco quieren la democracia con la que se llenan la boca constantemente que camuflan de “derecho a la libertad de expresión” un ejercicio de enaltecimiento de un régimen que no la permitía. Es cuanto menos una contradicción.

He de decir que me preocupa muchísimo más su impacto simbólico que su impacto social. Es poca la cobertura mediática que reciben y aunque intenten crear grandes masas, son más bien pocos los que acuden a las marchas.

No obstante ese impacto simbólico dentro del espacio público sí es importante. Los signos de odio, los mensajes, las consignas teñidas de racismo, violencia y militarismo son directamente algo que hiere los valores democráticos y laicos que han de prevalecer en toda sociedad que ansíe la igualdad.

Y es que si buscamos que exista libertad de expresión total dentro de la sociedad, entonces hemos de permitir que los extremos también lo hagan. A la vez que se carga de herramientas, educacionales especialmente, al conjunto de la ciudadanía para saber hacer frente y rechazar las ideas fascistas hasta el punto de su extinción. Crear una conciencia histórica crítica que permita identificar las ideas franquistas y fascistas como enemigas democráticas: ideas basadas en el odio que no garantizan la igualdad de derechos en ningún sentido.

La dictadura es una forma de gobierno puramente patriarcal, que organiza la sociedad de manera vertical, autoritaria y violenta encabezada por un patriarca.

Es de vital importancia entender desde el feminismo que la lucha contra las ideas dictatoriales ha de llevarse a cabo sin dejarla nunca a un lado. La estructura social de las dictaduras se fundamenta fuertemente en la dependencia económica de las mujeres frente al hombre, en el control de sus cuerpos y su sexualidad, reemplazando su educación por propaganda que garantiza su estabilidad.

La dictadura es una forma de gobierno puramente patriarcal, que organiza la sociedad de manera vertical, autoritaria y violenta encabezada por un patriarca.

La rebelión de las mujeres es imprescindible para oponerse a los regímenes dictatoriales, de los cuales somos las primeras víctimas. Ser mujer debe condicionarnos para cuestionar la autoridad del dictador, pero también la construcción total de ese tipo de gobierno fundamentado en el terror.

En una Europa amenazada por el fascismo más puro en países como Francia, Austria, Países Bajos o Suecia, hemos de unirnos contra este enemigo común mediante la no violencia y la protesta pacífica. Enfrentar las ideas de odio con su contrario: la igualdad y la paz. Puede que suene utópico, e incluso naif, pero enfrentar los opuestos es lo único que evidencia las violencias de un lado frente al otro. Al ocupar el espacio público, ponemos en tela de juicio las retóricas autoritarias. Al reclamar explicaciones lógicas, desafiar de forma directa a los representantes y defensores de esas ideologías, ensalzamos la libertad como arma.

La rebelión de las mujeres es imprescindible para oponerse a los regímenes dictatoriales, de los cuales somos las primeras víctimas.

Estamos equivocadas si pensamos o identificamos el contrario de la violencia fascista con otro tipo de violencia. Libertad y represión son dos conceptos antinómicos que no deberían poder cohabitar en ningún ámbito, ni en el semántico ni en el público.

El fascismo amenaza la democracia, los Derechos Humanos, los derechos de las mujeres, los derechos LGTBI, el laicismo, la educación, el trabajo digno… La libertad.

Para algunos ayuntamientos la libertad pasa por proteger símbolos fascistas días antes al aniversario de la muerte de Franco, en vez de cuestionarse el resto del año si los símbolos de odio deben estar en espacios públicos, y no más bien dentro de espacios destinados al estudio y conocimiento de la historia de este país, que nos ayuden a no caer en los mismos errores y aprender la importancia de esa libertad.

 

 

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