La OIT revela que las mujeres pasan 2,5 veces más tiempo en trabajo no remunerado que los hombres

 

  • El informe de la OIT hace un llamamiento a favor de una mayor cooperación entre los países de origen, de tránsito y de destino.

limpiar_el_hogarSegún revela el informe Decent work for migrant domestic workers: moving the agenda forward (Trabajo decente para los trabajadores domésticos migrantes: hacer avanzar la agenda), publicado por la Organización Internacional del Trabajo, sólo el 10% de quienes trabajan en el sector doméstico, globalmente, se benefician de cobertura laboral disponible para otras categorías laborales.

Según un estudio de la OIT publicado en 2015, hay 67,1 millones de personas trabajando en el ámbito doméstico en el mundo; de estas, 11,5 millones son migrantes internacionales. Alrededor de 8,5 millones son mujeres. La región de Asia Sudoriental y el Pacífico alberga el mayor número de trabajadoras domésticas migrantes (24%), seguida por Europa Septentrional, Meridional y Occidental (22,1%) y los Estados Árabes (19%).

Los trabajadores domésticos están protegidos específicamente por el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, 2011 (núm. 189) y la Recomendación sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, 2011 (núm. 201) que lo acompaña.

El informe revela que las mujeres pasan 2,5 veces más tiempo en trabajo no remunerado que los hombres. El lo países en desarrollo, las mujeres trabajan, de promedio, 9 horas y 20 minutos por día, en comparación con 8 horas y 7 minutos de los hombres cuando se tiene en cuenta el trabajo no remunerado. Este es el equivalente a 2,8 veces más tiempo que los hombres.

El informe revela que las mujeres pasan 2,5 veces más tiempo en trabajo no remunerado que los hombres.

En las economías avanzadas, las mujeres trabajan 8 horas y 9 minutos en comparación con 7 horas y 36 minutos de los hombres. La OIT señala que esto supone una presión considerable sobre la capacidad de las mujeres para concentrarse en las oportunidades de empleo.

El tiempo adicional dedicado al trabajo no remunerado también se refleja en las restricciones sobre el tiempo dedicado al ocio, la educación, la participación política y el autocuidado. Las desigualdades de género son mayores en los países en desarrollo que en los países desarrollados.

La OIT se ha centrado especialmente en las mujeres migrantes, de las que ha afirmado que «están atrapadas en la encrucijada entre dos países soberanos – el país de origen y el país de destino – cuyos intereses, leyes y objetivos políticos en materia de trabajado doméstico migrante con frecuencia divergen. La respuesta a estos desafíos precisa de una mayor cooperación entre los países de origen, de tránsito y de destino», según declaraba Michelle Leighton, Jefa del Servicio de migración laboral de la OIT.

El informe exhorta a los países de destino a introducir políticas dirigidas a garantizar una mejor protección para quienes trabajan en el sector doméstico, especialmente migrantes, y a tener en cuenta los cambios demográficos y las necesidades del mercado laboral. El informe, además, pone de manifiesto la importancia de programas de formación para trabajadores/as domésticos migrantes para reforzar la opinión entre quienes trabajan y quienes emplean, asegurando la OIT  que «el trabajo doméstico es un verdadero trabajo y es profesional».

El informe exhorta a los países de destino a introducir políticas dirigidas a garantizar una mejor protección para quienes trabajan en el sector doméstico, especialmente migrantes, y a tener en cuenta los cambios demográficos y las necesidades del mercado laboral.

“Para que estos programas sean eficaces, deben fundamentarse en los principios y derechos fundamentales en el trabajo, y recibir el apoyo de las instituciones públicas, de los sindicatos y de las organizaciones patronales”, agregó Michelle Leighton.

En lo que se refiere a la forma en que los trabajadores/as domésticos migrantes pueden organizarse mejor y obtener nuevos derechos, el informe constata que siguen estando jurídicamente fuera del derecho a la libertad de asociación y, por lo tanto, no siempre pueden constituir sindicatos o formar parte de ellos. Las barreras lingüísticas y las diferencias culturales, son otras de las principales dificultades.

“La negociación colectiva a nivel nacional debe ser apoyada por el diálogo social, involucrando a los países de origen, de tránsito y de destino, ya que es necesario abordar los desafíos relacionados con los trabajadores y trabajadoras domésticas migrantes de manera transfronteriza”, concluyó Michelle Leighton.

 

 

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