La más preparada

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9 Nov 2016

Este artículo se escribió de arriba abajo con la esperanza de que lo que hoy es realidad no lo fuera. A raíz de la pesadilla de la que muchas y muchos todavía desearíamos poder despertar, he tenido que hacerle algunas dolorosas modificaciones. Donald Trump ha ganado la presidencia de los Estados Unidos. Pero eso no significa que podamos darnos el lujo de ignorar la larga historia que nos llevó a la noche del 8 de noviembre, ni que podamos ignorar lo que hoy será el legado de Hillary Rodham Clinton.

Sin duda, a los Estados Unidos le esperan tiempos difíciles. Especialmente a las mujeres y niñas, minorías raciales y étnicas, inmigrantes y minorías religiosas. Es por eso que es necesario conocer muy bien la historia de cómo llegamos aquí… hemos de tener esperanzada de salir de este lío.

Hillary Rodham Clinton es una mujer compleja. Buscó liderar un país lleno de contradicciones y realidades frustrantes. Esa batalla la perdió de manera traumática, frente al mundo entero. Repasemos otra vez cómo llegamos a este punto de la historia.

Primero: el derecho de las mujeres a ser consideradas sujetos políticos

La historia de los derechos de la mujer a nivel mundial, y en este caso más particularmente en los Estados Unidos, es una historia donde por cada paso, por minúsculo que sea, que se consigue dar en pos de la reivindicación de los derechos de las mujeres bajo un sistema patriarcal, hay una reacción recalcitrante violenta.

Por cada paso, por minúsculo que sea, que se consigue dar en pos de la reivindicación de los derechos de las mujeres bajo un sistema patriarcal, hay una reacción recalcitrante violenta

Mucha gente no lo sabe, pero la lucha de las mujeres estadounidenses por conseguir el voto no fue ni pacifica ni bonita. Las sufragistas parecen muy dignas y elegantes con sus banderas blancas, doradas y púrpuras en las fotos de blanco y negro… pero mucho menos elegante fue el incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist el dia 25 de marzo del 1911 donde murieron 123 mujeres atrapadas dentro de una fábrica sin salida de emergencia que fue el evento catalizador de la movilización política y activista de muchas mujeres estadounidenses.

El incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist duro sólo 18 minutos, pero en él murieron 123 mujeres y 23 hombres. Las mujeres de la época se dieron cuenta de que no tenían, literalmente, “ni voz ni voto” para reclamar los derechos laborales que previnieran otra calamidad similar. Escribe Ms. Magazine que “El incendio de la compañía Triangle Shirtwaist se convirtió no solo en un momento crucial en la historia del movimiento obrero, sino también en el movimiento de los derechos de las mujeres- algunas se convirtieron en activistas por el derecho al voto de las mujeres. El sufragio era un asunto que centraba a las mujeres de clase media; en el incendio se vieron afectadas mujeres obreras y es por esto que las repercusiones del incendio centraron asuntos laborales… pero es aquí donde surge un movimiento de justicia social. El incendio de la compañía Triangle Shirtwaist sirvió como catalizador en la vida y el trabajo de varias mujeres activistas prominentes.”

Estos esfuerzos se unen a los ya existentes de las sufragistas. La estrategia del movimiento en aquel entonces era tratar de conseguir el voto por medio de una mayoría a nivel estatal, no federal. Es decir, una vez la mayoría de los estados dentro de Estados Unidos aprobaran el voto femenino, entonces se podría presentar una moción para pedir una enmienda a la Constitución. Era “el camino más práctico” en términos políticos. Pero ese camino más práctico tardaba demasiado, por parte de una clase política titubeante que quizás no tenía la voluntad ni el deseo de ver el voto de las mujeres hecho una realidad.

¿Qué hizo, entonces, un grupo de mujeres sufragistas? Crear un partido a nivel nacional cuyo único propósito era enmendar la constitución… ah, y protestarle en la misma puerta al propio presidente todos los días con el fin de conseguir la publicidad necesaria para elevar el asunto a prioridad en la agenda política nacional.

Lo que ocurrió como respuesta a esa masiva organización de mujeres aunando esfuerzos para conseguir derechos básicos para las mujeres no fue bonito. Las sufragistas fueron arrestadas y se convirtieron en prisioneras políticas de facto, aunque el gobierno estadounidense se negó a darle el reconocimiento de prisioneras políticas oficial ya que este conllevaría un tratamiento diferente, se puede decir un poco más digno. Como el movimiento estaba bien articulado, la estrategia fue que mientras más mujeres arrestaran, más mujeres iban a remplazarlas en la protesta. Después de todo, el gobierno no puede encarcelar la mitad de su población, ¿no?

Eventualmente arrestaron 218 mujeres y algunas 100 fueron llevadas a prisión. Entre ella estuvo la sufragista Alice Paul que, después de entrenarse en el activismo militante feminista en Inglaterra, volvió a Estados Unidos equiparada con tácticas radicales, aunque efectivas. Ente estas tácticas estuvieron las huelgas de hambre.

¿La respuesta a tal nivel de determinación y agudeza política de las mujeres? Brutalidad policial y violentas alimentaciones forzadas, aparte claro está, del resentimiento de gran parte de la población estadounidense que consideraban que las mujeres ni merecían ni necesitaban el derecho al voto.

Me pregunto si valoraríamos más los esfuerzos del movimiento de los derechos de la mujer si la imagen que nos viniera a la mente más rápidamente fuese la imagen de 33 sufragistas siendo golpeadas y torturadas por protestar en busca del derecho al voto…

Resulta frustrante que la imagen que tenemos en el año 2016 de las sufragistas es una imagen de mujeres determinadas, pero impecablemente vestidas. Me pregunto si valoraríamos más los esfuerzos del movimiento de los derechos de la mujer si la imagen que nos viniera a la mente más rápidamente fuese la imagen de 33 sufragistas siendo golpeadas y torturadas por protestar en busca del derecho al voto como ocurrió durante la infame ‘Noche de Terror’ el 14 de noviembre del 1917.

En la lucha por conseguir el voto, las sufragistas estadounidenses tuvieron que vivir en condiciones infrahumanas en prisión, donde se les negaba incluso atención médica a pesar de que muchas eran muy mayores. Las que continuaban con la huelga de hambre fueron aisladas y continuaron siendo alimentadas forzosamente por medio de un tubo por el que introducían huevos batidos. Os podéis imaginar lo doloroso que resultaba, ya que el procedimiento no era pacífico y requería varios hombres que pudieran contener a las mujeres para insertar el tubo.

Las condiciones en las que mantenían a las mujeres eventualmente llego a los medios de comunicación. Las protestas de las sufragistas frente a la Casa Blanca (que incluían quemar discursos del Presidente Woodrow Wilson, subirse a estatuas, encadenarse a verjas, entre otras tácticas radicales) sumado a la presión de las sufragistas de clase alta que tenían contacto con el Presidente Wilson, y la atención de la prensa, consiguieron forzar el brazo del Presidente. Este pidió al congreso que aprobaran la decimonovena enmienda.

Aquí dejo el enlace a la película ‘Ángeles con Mandíbulas de Acero’ que de manera breve ilustra gran parte de la lucha. No es fiel a la historia en su totalidad, pero sí en su gran mayoría:

Segundo: la candidatura de Hillary Rodham Clinton

La trayectoria de Hillary es bastante larga y ya ha sido debatida desde la perspectiva feminista hasta la saciedad en otros artículos, incluyendo un análisis feminista a la carrera de Hillary Rodham Clinton titulado ‘Analicemos desde el feminismo que Hillary Clinton pueda ser presidenta redactado por mí misma.

Pero un día como hoy, siendo ella la mujer que más cerca estuvo de alcanzar la presidencia en los Estados Unidos, vale la pena preguntar: ¿por qué Hillary? ¿Por qué no Victoria Woodhull, quien osadamente se atrevió a postularse como candidata en 1872, unos 50 años antes de que las mujeres pudieran siquiera votar? ¿O Shirley Chisholm, quien fue la primera mujer negra en ser electa legisladora y en postularse como candidata a la presidencia en 1972?

Eso mismo se preguntó el periódico inglés The Guardian y en su análisis llegó a la conclusión de que precisamente debido a las restricciones del patriarcado, las mujeres que ascienden a posiciones de poder deben ser mujeres “con un perfil conocido nacionalmente, con un currículo extenso y con cercanía al poder”, teoría que puede explicar, en parte, el fenómeno de por qué hay tantas mujeres esposas e hijas de hombres políticos en política.

Escribe Lauren Gambino: “Durante estos últimos 18 meses, muchas mujeres han expresado el deseo de que la primera mujer líder sea alguien menos imperfecta y menos polarizada.” A lo que yo respondo: imposible. La idea de que un país con una sociedad enteramente sexista donde la contraparte durante esta campaña fue un hombre expresamente misógino al que le gustaba alardear de tocar a mujeres sin su consentimiento, fuese a aceptar a una mujer lideresa con los brazos abiertos es una ilusión muy bonita… pero solo eso, una ilusión.

La idea de que un país con una sociedad enteramente sexista donde la contraparte durante esta campaña fue un hombre expresamente misógino al que le gustaba alardear de tocar a mujeres sin su consentimiento, fuese a aceptar a una mujer lideresa con los brazos abiertos es una ilusión muy bonita… pero solo eso, una ilusión.

También considero que, desde la perspectiva feminista, esa actitud de mirar a Hillary con desdén por su personalidad tan… impura o corrupta o cualquier otro adjetivo negativo que queramos llamarla, es un mecanismo de defensa. “Ella pasa por estas cosas porque es demasiado problemática”, nos decimos a nosotras mismas en la esperanza de que si hubiese sido alguien menos argumentativa, menos conflictiva, menos ella (“eso es porque ella es así, a mí no me pasaría”) entonces nos hubiésemos ahorrado toda la misoginia, el sexismo y las vejaciones patriarcales que se vivieron en esta campaña política. Y quizás hoy Estados Unidos podría alardear de tener la primera mujer presidenta.

Se nos olvida en esa actitud defensiva que al patriarcado y sus simpatizantes solo le gustan las mujeres dóciles, lo cual es una contradicción del propósito intrínseco de la presidencia. La presidenta brasileña con pasado guerrillero tuvo que aguantar todo tipo de insultos y degradaciones y terminó siendo depuesta. En la barra de Google lo primero que sale cuando se busca el nombre de la conservadora inglesa Theresa May son sus zapatos. ¡Aparentemente más buscados por internautas que su política migratoria! La presidenta surcoreana Park Geun-hye parece haber incurrido en tráfico de influencia, lo que me imagino ya ha ocurrió muchas veces en la alta política, y más de 100,000 surcoreanos se han lanzado a las calles llenos de ira a exigir que la metan a la cárcel por “traidora” y por “criminal.”

Se nos olvida en esa actitud defensiva que al patriarcado y sus simpatizantes solo le gustan las mujeres dóciles, lo cual es una contradicción del propósito intrínseco de la presidencia.

Mientras vivamos en sociedades sexistas donde la norma es un sistema que considera las mujeres y niñas subordinadas por razón de sexo, nunca habrá una candidata mágica que cumpla con nuestras expectativas y pueda de alguna manera ser inmune a las actitudes misóginas. Aclaración en este punto: las actitudes misóginas son en su gran mayoría implícitas y difíciles de identificar.

Según los expertos no hay manera de predecir “la ruta hacia la presidencia de una candidata mujer” y es probable que a partir del terrible 8 de noviembre estadounidense ese análisis se vuelva mucho más complejo, para no decir imposible. Pero lo que han demostrado los estudios es que “las mujeres legisladoras sobrepasan a sus compañeros legisladores, introduciendo más leyes y consiguiendo más financiamiento para sus distritos constituyentes.” Lo que parece indicar que, debido a todas las discriminaciones que tienen que pasar las mujeres, no solo en la vida sino también en la política que es un ámbito desde su concepción androcéntrico, solo las mujeres más ambiciosas, con más talento y con más calificaciones pueden aguantar y embestir todos los desafíos que conlleva su candidatura.

En Hillary tenemos un ejemplo dolorosamente perfecto de que aun siendo la más preparada, la más inteligente, la que se comporta mejor… aún así pierdes.

Los estudios también demuestran, analiza The Guardian, que “las mujeres muestran menos interés en una carrera política y son más propensas a dudar en sus habilidades como candidatas. Las mujeres son menos propensas en proponerse a sí mismas y de hecho necesitan ser reclutadas como candidatas.”

El vínculo cercano que Hillary Clinton tenía con los círculos de poder sin duda la beneficiaron en el sentido de que consiguió tener reconocimiento a nivel nacional temprano en su carrera. Pero también es probable que, por medio de este vínculo, ella se haya dado cuenta de que tenía las cualidades necesarias para aventurarse a la política y la confianza de que lo podía hacer bien. Desde su infancia, los hombres solo tienen que abrir cualquier libro de historia al azar para aprender sobre el liderazgo político de demás hombres. La sociedad esta construida, desde el lenguaje hasta los estudios científicos, para proyectar la idea de que los hombres son superiores a las mujeres, lo que nos socializa a asumir que los hombres son líderes innatos. ¿Nos sorprende que la mayoría de las mujeres necesitemos ver bien de cerca cómo funciona la política antes de adentrarnos?

Tercero: La derrota y la tormenta que se avecina

Llegamos al tercer punto con Hillary Rodham (convertida eventualmente en Clinton), una joven activista que se infiltraba en escuelas segregacionistas en el Sur de los Estados Unidos buscando evidencias de discriminación contra estudiantes negros. Una mujer cuya misión en la Casa Blanca fue destruir el concepto de la Primera Dama dócil y amena que sonreía llena de gracia. Con empeño lo moldeó personalmente para convertirlo en un puesto activista, a tal punto que lo utilizó para intentar (fallidamente) reestructurar en la década de los 90 el sistema de salud estadounidense desde su oficina como primera dama. Luego trabajó como Senadora del Estado de Nueva York durante 8 años, y finalmente como Secretaria de Estado implementando la política de la Administración Obama durante 4 años. Si nos basamos en los patrones que se han utilizado a través de la historia de Estados Unidos para juzgar si un candidato está calificado para presidente, resulta que en esta entrevista de trabajo la candidata mujer fue la más calificada, en la historia de la nación.

Y a pesar del estereotipo de ser una candidata inconsistente con tendencia a las mentiras, resulta que de todos los candidatos que aspiraron a la presidencia durante esta campaña electoral en los Estados Unidos (que fueron más de 20), Hillary tenía el récord de ser la más honesta y consistente.

Y a pesar del estereotipo de ser una candidata inconsistente con tendencia a las mentiras, resulta que de todos los candidatos que aspiraron a la presidencia durante esta campaña electoral en los Estados Unidos (que fueron más de 20), Hillary tenía el récord de ser la más honesta y consistente. El estereotipo es simplemente eso y proviene, en parte, de aquella idea de que en las mujeres no se puede confiar.

¿Cómo fue recibida la candidatura de Hillary Clinton? Pues así:

Aquí hay un video (en inglés) que documenta más de 6 minutos de vejaciones machistas y misóginas a las que fue sometida, solo por atreverse a postularse como candidata:

El camino ha sido degradante y deshumanizante, y me temo que se pondrá peor. La mujer que más cerca ha estado de ocupar la presidencia de Estados Unidos tuvo que aguantar con la frente en alto y encima de eso con una amplia sonrisa en la cara (para que nadie se queje de que parece malhumorada) mientras los medios se hacían ricos haciéndola añicos por todo. Y cuando digo todo, me refiero a criticarla por «parecer un robot» y “poco humana”, pero acusarla de mentirosa y falsa cuando mostraba sentimientos humanos como, por ejemplo, llorar. La criticaban si se soltaba el pelo, pero también si se hacía un recogido elegante. Se burlaron constantemente de su matrimonio, siendo su sexualidad un motivo especial de burlas y especulaciones fomentadas con el fin de degradar. La criticaron incluso hasta por convertirse en abuela (dijeron que fue una estrategia política). ¿No sorprende que, después de tanta deshumanización tanto por la derecha como por la izquierda, haya tenido problemas en su “popularidad”? Recordemos que en una encuesta 40% de los conservadores en la Florida creía que Hillary era, literalmente, Satanás.

¿No sorprende que, después de tanta deshumanización tanto por la derecha como por la izquierda, haya tenido problemas en su “popularidad”?

Su contrincante en las elecciones presidenciales, el hoy presidente-electo Donald Trump, se deleitaba con sus intentos de humillarla y su atractivo como candidato fue precisamente su conducta hacia las mujeres, minorías raciales y étnicas. Y también su supuesta honestidad al momento de expresar su discriminación hacia todos y todas que no sean hombres ricos, blancos y estadounidenses como él.

¿Qué pasa ahora?

Pues que nos tocan cuatro, quizás ocho, años de más vejaciones.

Ese segmento del electorado que se jactaba de degradar a la candidata más preparada de la historia no se va a ninguna parte, al contrario, hoy se despierta fortalecido. Hoy amanecimos rodeadas de esos mismos y esas mismas simpatizantes de Donald Trump y todo lo que él representa con la diferencia de que ahora que son victoriosos, consideran legitimo su discurso de odio.

Hoy amanecimos rodeadas de esos mismos y esas mismas simpatizantes de Donald Trump y todo lo que él representa con la diferencia de que ahora que son victoriosos, consideran legitimo su discurso de odio.

Cuando el presidente Barack Obama ganó la presidencia, muchas y muchos asumieron erróneamente que lo que vendría era un periodo de prosperidad y entendimiento racial. El primer presidente negro seguro traería consigo una era de justicia social progresista. Lo que sucedió fue todo lo contrario. Todos los segmentos poblacionales que ocultaban su resentimiento racial muy bien, ya no podían ignorar que todos los días en sus televisores, quien les hablaba como presidente de la nación era un hombre negro. En todos los aeropuertos, en todas las oficinas del gobierno, todos los periódicos… la cara del presidente ya no era la cara de un hombre blanco, sino un hombre negro. Y ese racismo que antes se disimulaba y se mantenía fuera de los titulares, estallo de manera violenta.

Cuando escribí este artículo, antes de las elecciones y con la esperanza de que Hillary fuera la ganadora, temía que algo similar sucediera con los derechos de la mujer. Temía que esa misoginia que siempre se cuece en las sociedades iba a estallar de manera explosiva porque Estados Unidos tendría que enfrentar sus prejuicios viéndole la cara a una mujer presidenta todos los días. Hillary no ganó, pero el temor ahora es otro y mucho más inimaginable de lo que ningún analista podía proyectar: que el retroceso a los avances de las mujeres y niñas (y demás comunidades vulnerables) no vendrá de la periferia donde habita la derecha más recalcitrante, sino de los cargos más altos de poder, en el país más poderoso del mundo.

Esa misoginia que siempre se cuece en las sociedades iba a estallar de manera explosiva porque Estados Unidos tendría que enfrentar sus prejuicios viéndole la cara a una mujer presidenta todos los días

Durante la hoy trágica campana electoral, Hillary no ha sido “solo” una mujer: ella es la representación del prototipo de mujer de la que el feminismo tanto habla. Está preparada, es inteligente, segura de sí misma… todo lo que el patriarcado odia en una mujer. Y aunque hubo otras razones, la misoginia jugó su papel y en las elecciones estadounidenses Hillary pagó las consecuencias por sus transgresiones como mujer.

Ahora el mismo sesgo sexista que se deleitaba en demonizarla nos va a escribir artículo tras artículo sobre cómo todo esto ha sido culpa de ella. De la noche a la mañana, la mujer que trabajó sin descanso para conversarse en el único obstáculo que separaba a Donald Trump de la presidencia, se convierte hoy en la culpable de la victoria de Trump. ¿Qué hizo mal? ¿Por qué su mensaje no caló? ¿Por qué eligieron una mujer tan… problemática?

Ahora el mismo sesgo sexista que se deleitaba en demonizarla nos va a escribir artículo tras artículo sobre cómo todo esto ha sido culpa de ella.

Y si hay algo que al patriarcado le encanta es ver a ese mismo tipo de mujer que Hillary representa humillada. Lo vemos en las revistas ‘de corazón’ cuando publican historia tras historia de la última chica it “portándose mal”, lo vemos en la obsesión de los medios de comunicación con las mujeres que perecieron en tragedia (si eran bonitas, venden más). Lo vemos cada vez que una mujer en la esfera pública comete algún error…

En lo que respecta a Hillary, ella pasara a la historia como una mujer fallida… si las feministas no hacemos nuestro trabajo y explicamos con palabras claras lo que paso. No fue que ella falló, ni que su mensaje era débil, ni que ella tenía problemas de “honestidad”. Hoy el presidente-electo de los Estados Unidos es Donald Trump porque la mayoría de los votantes simpatizaron con la misoginia, el racismo, la xenofobia, la violencia y el populismo imperialista. Y Hillary Rodham Clinton, aun siendo la más preparada, no pudo detenerlos.

Es posible que Hillary Clinton se recupere, aunque sea físicamente, del duro golpe. Yo espero que ella, con el tiempo, pueda entender que no fue su culpa. Que simplemente la misoginia, la xenofobia, el racismo y la violencia tenían más simpatizantes. Algún día podrá mirar ese maldito ocho de noviembre con sabiduría, y se perdonará a sí misma porque no dudo que, como mujer al fin dentro del patriarcado, esté condicionada a culparse por todo lo que sale mal. Pero el feminismo estadounidense acaba de recibir la bofetada más fuerte y tomara décadas recuperase.

Los derechos de las mujeres y niñas en Estados Unidos están hoy más vulnerables que nunca. Nos esperan tiempos horripilantes y desde hoy el aire se respira diferente. Me recuerda una frase muy bonita que es de mis preferidas de Acción Poética “se acercan tiempos difíciles, amar es urgente”. Yo la modificaría porque no es momento de palabrerío romántico.

Hoy me repito en mi cabeza la frase modificada, diciendo “se acercan tiempos difíciles, el feminismo es urgente.”

 

 

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