El malestar en la desigualdad

 

Tribuna Feminista, en colaboración con Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género en la cultura.

n1Que me perdone la socióloga María Jesús Izquierdo por robarle el título de un ensayo suyo de 1998, pero es que define inmejorablemente esta… ¿novela? de Natalia Carrero: el malestar es el tono emocional que la domina de principio a fin, y su tema de fondo, la desigualdad entre los sexos.

Conocí a Natalia Carrero porque asistió a un taller literario que dábamos Javier Tomeo y yo en Cadaqués, en 1990, y cuando muchos años después, en 2008, cayó en mis manos su primera novela, Soy una caja, me llevé la divertida sorpresa de encontrarme más o menos retratada en sus páginas (“María Laura era un guerrero. Estaba armada con muchos conocimientos. (…) Nunca había visto nada parecido. Mis referencias de mujer hasta el momento habían sido escasa y humillantes.”) Desde entonces la sigo: me interesa mucho su proyecto, consistente, tal como yo lo veo, en expresar el desconcierto de una mujer cualquiera aquí y ahora. Una mujer del montón, que no entiende por qué su destino no es el del hombre del montón, sino que tropieza con límites y trampas. Desde esos referentes “escasos y humillantes” que inferiorizan socialmente a las mujeres, hasta el trabajo gratuito, la consiguiente dependencia económica y desvalorización social (“A menudo siento que soy un cero, una inútil que no produce nada material”, leemos en Yo misma, supongo), la prostitución como único expediente para ganar dinero en cantidades importantes, o la alegre noche de juerga… que desemboca en la sórdida experiencia de abortar.

Me interesa mucho su proyecto, consistente, tal como yo lo veo, en expresar el desconcierto de una mujer cualquiera aquí y ahora. Una mujer del montón, que no entiende por qué su destino no es el del hombre del montón, sino que tropieza con límites y trampas

Barcelonesa nacida en 1970 y afincada en Madrid, Carrero es una autora marginal y escurridiza, pero también original y tenaz. Tras “uno de los debuts más interesantes, libres, locos y humildes que he leído” (así definió Elvira Navarro Soy una caja), vino Una habitación impropia (2011), formado por cuatro relatos largos. Ahora se publican el cómic Letra rebelde y este Yo misma, supongo, que más que novela, parece, ya desde el título, una muestra del género tan en boga de la “autoficción”. Pero qué importa. Importa que Yo misma, supongo refleja las experiencias y reflexiones de una mujer sometida a un “esquema” que le “provoca grima”, pero es el que hay: el del hombre proveedor y la mujer en el hogar. Espejo, sí, pero roto: el libro es fragmentario, incluye dibujos, tachaduras, distintos tipos de letra, facsímiles de manuscritos… Nada extraño, porque su tema, en el fondo (o eso me parece) es la imposibilidad de construir un relato coherente con los muchos materiales contradictorios que componen la condición femenina aquí y ahora.

Carrero es una autora marginal y escurridiza, pero también original y tenaz

Una editora entusiasta y respetuosa, Iolanda Batallé, en su recién estrenado sello Rata, ha terminado de convertir este libro insólito en algo exquisito, por el diseño, el color, los paratextos… Exquisito… aunque no para todos los paladares. Hay algo áspero en la escritura reflexiva, insolente y angustiada de Natalia Carrero. No les diré, en fin, aquello tan trillado de “no se lo pierdan”. Pero lo que es yo, desde luego, no me pierdo nada de lo que escribe.


Yo misma, supongo

Natalia Carrero
Editorial Rata
Barcelona, 2016
160 páginas

 

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