Con la mala madre hemos topado

Tribuna Feminista, en colaboración con Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género en la cultura.

maggies-planQué desazón ver una película dirigida por una mujer creativa e interesante como Rebecca Miller y salir del cine no solo pensando que he perdido el tiempo y el dinero sino que además acabo de ver la enésima certificación patriarcal sobre la idea de la buena y la mala madre.

No entiendo, Rebecca, cómo una mujer como tú, criada en una familia culta, hija de dos iconos de la cultura del siglo XX (la fotógrafa Inge Morath y el escritor Arthur Miller), que has llevado tus inquietudes a la interpretación, la literatura, la dirección y la producción de tus películas, puedes llegar a tus 54 años con una visión tan polarizada y patriarcal de la maternidad. No quiero revelar la trama de la película, contar cuál es el Maggie’s Plan, pero no puedo dejar de reprochar los dos modelos de madre que propone este filme: enfrenta a Maggie (Greta Gerwig) con Georgette (Julianne Moore), la madre feliciana y entregada versus la madre egoísta e irresponsable. Ambas se mueven en el mundo universitario, pero mientras que Maggie es una profesora del montón, Georgette es una académica brillante en plena promoción. Miller dibuja a Maggie como una mujer con un instinto maternal superlativo, que adora el estrés de combinar trabajo y maternidad, que cría con una sonrisa a su hija pequeña (esa ‘princesita’ adorable, tranquila, con réplicas irreales) y además se encarga, con la misma sonrisa, de los hijos adolescentes de su marido. Georgette es su antítesis: no lleva la intendencia de la casa, le absorbe el trabajo, no vive una maternidad sublimada… Es la mala madre.

Los dos modelos de madre que propone este filme: enfrenta a Maggie (Greta Gerwig) con Georgette (Julianne Moore), la madre feliciana y entregada versus la madre egoísta e irresponsable

Estas dos representaciones maniqueas se mueven en torno a John Harding (Ethan Hawke), un atractivo profesor universitario empeñado en ser novelista, que procrea con ambas y que modela su paternidad dependiendo de con quién esté. Si está con Georgette (la mala madre) es un pelele pero ejerce de padre. Si está con Maggie (la buena madre) es un arrogante que no ejerce de padre porque claro, Maggie lo hace TODO.

Leo declaraciones de la directora y la actriz protagonista (Greta Gerwig), y ambas definen la película como la “anticomedia romántica”. Pero la trama insulsa e insultante para la mujer y el Nueva York alleniano por eso de las conversaciones en los parques y el retrato burgués, me lleva solo a esbozar leves sonrisas por ciertos gags de la película, que de romántica tiene más bien nada. Con este personaje, Greta Gerwig se aleja completamente del retrato generacional (real) de la treintañera insegura y desnortada de Greenberg (2010) o Frances Ha (2012), que la convirtieron en la última musa del cine indie. Y qué decir de Ethan Hawke y Julianne Moore, grandes intérpretes que defienden como pueden un guión absurdo (firmado por Miller y Karen Rinaldi).

Maggie’s Plan trivializa sobre la maternidad en solitario y polariza la imagen maternal de la forma más patriarcal posible. De comedia, nada.

En una entrevista, Orna Donath, autora de Madres arrepentidas, define la maternidad idealizada como “el único libreto que nos dan para la película de nuestra vida, pero la diversidad de mujeres -y madres- es tan amplia que resulta casi imposible entrar a formar parte de esa imagen que, por cierto, crea mucho sufrimiento a las que dudan, a las que no lo tienen claro”. Maggie’s Plan trivializa sobre la maternidad en solitario y polariza la imagen maternal de la forma más patriarcal posible. De comedia, nada.

 

Maggie’s Plan (2016)

Diretora: Rebecca Miller

Intérpretes: Greta Gerwig, Ethan Hawke, Julianne Moore, entre otros/as.

 

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