¿Cómo se enciende esto?

 

Día a día nos vamos acercando más hacia una igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, el camino es largo y lleno de pequeñas trampas que convierten grandes logros en victorias efímeras para el comportamiento cotidiano. “Yo ayudo en casa” o “nosotros nos repartimos las tareas” son frases que ya aparecen en la boca de gran parte de los hombres más jóvenes de este país para recalcar que las tareas domésticas han dejado de ser patrimonio de las mujeres. Sin embargo, en estas dos frases, y otras muchas de similar significado, se esconden aún dos engaños que provocan que esa igualdad no sea del todo efectiva.

Si analizamos la primera, “yo ayudo en casa”, comprobamos como la responsabilidad de las taras domésticas recae aún en la mujer. La organización de las mismas es parte de sus cometidos y, en el mejor de los casos, los hombres nos dedicamos a realizar alguna tarea para descargarle del trabajo diario. Utilizar el verbo «ayudar» es sintomático de estar prestando cooperación hacia un elemento, los quehaceres diarios como comidas, limpieza, colada… del que tú no formas parte, que no pertenece a las tareas que tienes concebidas como propias. Ayudar no es caminar hacia la igualdad, es querer QUITARSE de en medio los problemas de igualdad en el reparto de casa y ejercer una pequeña presencia para cumplir con el expediente.

Ayudar no es caminar hacia la igualdad, es querer QUITARSE de en medio los problemas de igualdad en el reparto de casa y ejercer una pequeña presencia para cumplir con el expediente.

En el caso de la segunda frase, “nosotros nos repartimos las tareas”, y siempre que sea un hombre el que la pronuncia, el análisis es más complicado. Si bien es cierto que poquito a poquito tratamos de conseguir que esto sea así, en la mayoría de los casos aún existe una clara separación que marca la diferencia entre las responsabilidades: quién organiza el trabajo en la casa. Es cierto que hay hombres que ponen lavadoras, que cocinan, que limpian, que llevan a los niños al colegio o a las actividades extraescolares pero, ¿quién organiza el tiempo para realizar todas estas tareas? A menudo bajamos a realizar la compra en pareja con la lista hecha por la mujer, hacemos la comida cuando se nos pide una mano y organizamos los ingredientes bajo las indicaciones de ella. A menudo nosotros no tomamos partido en este tipo de tareas mentales de organización porque, por muy MODERNOS que seamos, aún tenemos en nuestra cabeza eso que el patriarcado se ha encargado de inculcarnos durante años sobre que la casa es territorio de la mujer.

Es cierto que hay hombres que ponen lavadoras, que cocinan, que limpian, que llevan a los niños al colegio o a las actividades extraescolares pero, ¿quién organiza el tiempo para realizar todas estas tareas?

Los avances son necesarios y se agradecen, pero no debemos quedarnos ahí, no debemos pararnos cuando el reparto de las tareas es igualitario sólo cuando el desarrollo de la misma conlleva una recompensa evidente (limpiar el suelo puede apreciarse al terminar de pasar la fregona, pero hacer la lista de la compra no tiene una recompensa visual). Las tareas domésticas no empiezan cuando uno coge una escoba sino cuando organiza el tiempo para ello y consigue no desatender el resto de obligaciones. Tratemos de no volver a preguntar cómo se pone una lavadora o si el aclarado no es lo mismo que el centrifugado.

 

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