¿Cadena perpetua para maltratadores?

 

Hace unos días leía algo que me erizaba el vello. Desde el Observatorio del Consejo General del Poder Judicial contra la Violencia de Género – ignoro si a título individual o institucional- se apuntaba como medida de lucha contra esta tragedia la prisión permanente rcvisable para maltratadores. O sea, la cadena perpetua de toda la vida disfrazada de modernidad. Y, aunque haya quien pueda -o quiera- creer otra cosa, me pareció un disparate antológico. Y un disparate muy peligroso además.

Me explicaré. A nadie que me conozca mínimamente se le escapa que estoy en contra de semejante pena, al igual que estoy en contra de la pena de muerte. Para maltratadores o para quien sea. No concibo la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres de otro modo que no sea dentro de la lucha por los derechos humanos, y ello me lleva a oponerme a cualquier exceso en el uso de la potestad punitiva del estado que lleve a conculcarlos. Y de eso es de lo que se trata esta pena, ni más ni menos.

No concibo la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres de otro modo que no sea dentro de la lucha por los derechos humanos, y ello me lleva a oponerme a cualquier exceso en el uso de la potestad punitiva del estado que lleve a conculcarlos.

Pero, como decía, me parece además un disparate peligroso. Porque puede llevar el debate por terrenos resbaladizos. Es cierto que dije y repito que llamaba la atención que el legislador no considerara entre las conductas más duramente sancionables los crímenes machistas. Y que cuando se sacó de su chistera reformadora el endurecimiento de las penas determinados delitos no consideró entre los crímenes más execrables el que nos ocupa. Y eso dice mucho de la falta de sensibilidad con la violencia machista en comparación con otras materias como el terrorismo. Pero es solo un indicativo. Eso no supone en modo alguno que abogue por la prisión permanente revisable. Ni para unos ni para otros.

Partiendo de ello, el peligro del que hablaba es fácil de ver. En una interpretación simplista, habrá quien se plantee la cuestión en términos reduccionistas: a favor o en contra de la cadena perpetua contra maltratadores. Y de ahí a pensar que se está a favor o en contra de la lucha contra la violencia de género solo hay un paso. Lo clásico. Divide y vencerás. Porque nunca dejaré de alzar mi voz contra el terrorismo machista pero jamás la alzaré para pedir una pena que abomino. Por principios.

Pero no es ése el único peligro. Semejante propuesta me parece un brindis al sol, árboles plantados para tapar el bosque. ¿Sirve para algo la venganza social cuando los que debería buscarse es eliminar los motivos de ella? ¿Alguien cree que a las criaturas huérfanas por un asesinato de género esto les ayuda? ¿Y a las mujeres que la sufren diariamente?. Es evidente que no, y que no se argumente que puede llevar a hacer desistir al maltratador porque a quien ha decidido algo tan tremendo que además de segar una o más vidas destrozará la suya propia poco le importa saber que va a estar treinta años o toda su existencia entre rejas. Y más, si pensamos en la cantidad de hombres que, además de asesinar a su pareja, se suicidan. ¿Cómo van a pensar en dejar de hacerlo por eso? A buen seguro que sería la menos de sus preocupaciones.

A quien ha decidido algo tan tremendo que además de segar una o más vidas destrozará la suya propia poco le importa saber que va a estar treinta años o toda su existencia entre rejas.

¿Por qué entonces plantearla? Pues porque es una medida vistosa y barata. Basta con gastar un poquito de tinta –y hoy, ni eso- en publicarla en el BOE y listo. Un compromiso a coste cero. Y mientras, la red asistencial famélica de medios y los juzgados pidiendo a gritos unas dotaciones que no llegan. Es lo que hay.

Pero todavía voy más lejos. ¿Ha pensado alguien en la carga de responsabilidad extra que le supondría a los miembros de un jurado lego –que es quien juzga los asesinatos, sean o no de género- saber que su decisión puede marcar que alguien acabe sus días en la cárcel? Sería algo a considerar. Algo que no ocurre, por ejemplo, en los delitos de terrorismo, que están excluidos del enjuiciamiento por jurado por ser competencia de la Audiencia Nacional. Y, rizando el rizo, podría hasta hacer cuestionarse la aplicación de la agravante genérica de género, por aquello de no tener que ir al grado máximo de la pena imponible.

Podría hasta hacer cuestionarse la aplicación de la agravante genérica de género, por aquello de no tener que ir al grado máximo de la pena imponible.

Así que lancemos los dardos hacia la diana adecuada. Un tema tan complejo y terrible como la violencia de género requiere compromiso, inversión y presupuesto. El derecho penal solo debe actuar cuando lo demás haya fracasado. Y lo que deseamos no es que se endurezcan hasta la exasperación las penas, sino que llegue el día en que no haya razones para imponerlas.

 

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