Almas sensibles pidiendo caridad para con las prostitutas

 

Uno de los “argumentarios” más utilizados por las tramas puteras pro-legalización es este: “Vale, sí, quizá la prostitución no debería existir, pero existe. Y mientras exista, no podemos ser indiferentes a las condiciones de vida de las prostitutas. Si se legalizara, esas mujeres estarían protegidas, tendrían derecho a la seguridad social, a la jubilación…”.

Ante tal alegato, mucha gente de buena voluntad “pica” porque se dice: “Es verdad, encima de puta, apaleada. Es horroroso. Hemos de hacer algo para mejorar la vida de esas pobres mujeres”.

Pero, antes de dejarnos llevar por los buenos sentimientos, hay que pensar si realmente son de verdad los buenos o si, por el contrario, solo se utilizan para tomarnos el pelo manipulando nuestra empatía.

Si el afán de los “empresarios” es mejorar la vida de las mujeres prostituidas, podemos preguntarnos:

1. ¿Por qué no las declaran ya como camareras, limpiadoras, masajistas, fontaneras, electricistas o lo que consideren oportuno? Así ellas tendrían nómina, seguridad social, cotización para la jubilación… Entonces ¿por qué no las dan de alta? ¿son los proxenetas tan melindrosos que no pueden consentir ni la más mínima mentirijilla en sus negocios?

2. ¿Y las que se “autoemplean”? (que, dicho sea de paso, son una ínfima minoría, ínfima, ínfima aunque los medios siempre las ponen a ellas en “escaparate” a fin de que la prostitución no parezca nutrirse de miles de mujeres prostituidas y traficadas, sino de unas estupendas y dinámicas emprendedoras que sufren por no poder declararse como autónomas y pagar impuestos a fin de contribuir así al bien común). Y vuelvo a preguntar ¿por qué no se declaran como traductoras, peluqueras o modistas, por ejemplo? ¿Por qué ha de ser “Como puta o nada”? ¿Su desmedida honestidad les impide mentir en lo más mínimo y por eso se niegan a darse de alta en autónomos como profesoras de idiomas, guionistas o quirománticas?… Por cierto, ¿existe oficialmente esta última ocupación y otras similares? Supongo que sí puesto que no he oído nunca un clamor “caritativo” pidiendo que se reconozca la profesión de echador de cartas y/o adivino a fin de que quienes practican tales artes tengan los derechos y deberes ad hoc.

3. ¿No somos partidari@s de la sanidad universal? Entonces ¿por qué exigimos que las mujeres deban prostituirse para acceder a la atención médica? Y ¿por qué no pedimos lo mismo para los varones emigrantes sin papeles? ¿es que ellos no nos dan penita? ¿o es que pedir que un negro ponga su culo a disposición de un honrado padre de familia o de una panda de jóvenes indígenas nos da repelús, pero si el culo es de una negra, entonces nos parece bien? No me digáis que estamos ante la ley de la oferta y la demanda pues eso se puede cambiar en un plis-plas con una campaña de propaganda adecuada, tipo: “Tú no es maricón, qué va, que va. Al contrario: al darle por culo a esos mierdas de África, Europa del Este, Asia, Oriente Medio que nos invaden y vienen con la pretensión de quitarnos nuestro trabajo, nuestras casas, nuestras ayudas sociales, nuestro dinero… te reafirmas como macho dominante que marca territorio e impone ley”. “Demuestra tu amor patrio, demuestra tu virilidad fallándote a un árabe”. “Oferta irresistible: mientras una negra desnuda baila y se contonea ante tus ojos, tú le metes la polla a un negrazo de metro noventa, negrazo que si te diera una torta, te enviaba a la otra esquina, pero ahí reside parte del morbo: en teoría el negrata será más fuerte, pero, en la práctica, lo dominarás absolutamente”.

4. Otro alegato de los pro-legalización es que las prostitutas tendrían acceso a la jubilación. Este argumentazo me da mucha, pero mucha, mucha risa y no porque las pensiones se están convirtiendo en una meta muy utópica tanto para ingenieras aeronáuticas como reponedoras de supermercado, sino porque ¿alguien que vaya a un puticlub o se pasee por lugares donde haya prostitutas piensa que esas mujeres tienen más de veintitantos años?
Sí, alguna debe haber porque la perversión de follarse a una vieja existe. Nada que ver numéricamente hablando con la de follar jovencitas e incluso menores y hasta niñas, pero admitamos que un putero entre diez mil tiene esa “fantasía”… Pues eso, una mujer prostituida entre diez mil ejercerá más allá de los treinta ¿Y cuántas alcanzarán 65 en el “oficio” y podrán acreditar los 38 años y 6 meses de cotización que por ahora son necesarios?

Y así, podríamos seguir argumentando.

Argumentar, por ejemplo, que si lo que buscan las mafias es el bien de las prostitutas, entonces y en consecuencia, deberían también exigir garantías sanitarias a los puteros ¿no? Estos, antes de follar a una mujer, tendrían que mostrar un certificado médico completo y actualizado (cada mes, por ejemplo). Y, además del condón, serían obligatorios los guantes profilácticos y las mascarillas (para ellos, claro) ya que una gripe, una bronquitis, una hepatitis B pueden contagiarse no solo mediante penetración genital sino con esputos, respiración, contactos corporales, manoseos, etc.

Y, por supuesto, los inspectores de trabajo deberían irrumpir periódicamente y sin previo aviso en los burdeles para comprobar que todos los clientes están usando la parafernalia completa (preservativo, mascarillas, guantes) y que las condiciones de limpieza y salubridad son adecuadas… ¿no?

Y frente a estos controles no cabría apelar al derecho “a la intimidad” pues el eslabón básico y primero de ese derecho, el cuerpo de la mujer, está siendo alegremente violado por el putero.

¿Qué? ¿os hace gracia? Pues no debería hacérosla: si se pide la legalización por el bien de las prostitutas hay que ser coherente y arrostrar las consecuencias.

¿O acaso este argumento “caritativo” solo sirve para manipular las fibras sensibles de quienes nunca se han parado a pensar fríamente lo que de verdad supone ser prostituida?

 

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