“Mi hija no está en venta”: la historia de una niña que logró huir del matrimonio infantil en Moldova

“Mi hija no está en venta”: la historia de una niña que logró huir del matrimonio infantil en Moldova

Este reportaje forma parte de ONU Mujeres, en el Día Internacional de la Niña.

Una familia gitana decidió desafiar las convenciones culturales negándose a aceptar un matrimonio compensatorio. En su comunidad, la tasa de deserción escolar llega al inaudito récord de 58 por ciento, impulsada principalmente por los matrimonios infantiles/precoces, embarazos no deseados y las responsabilidades inherentes a tener niñas y niños a cargo.

En Moldova, la mitad de las niñas gitanas se encuentra fuera del sistema escolar. Apenas el 20 por ciento termina la escuela primaria, un 20 por ciento logra finalizar sus estudios en un colegio preuniversitario, y tan sólo un 10 por ciento termina la secundaria o la universidad. La división de ONU-Mujeres para Moldova realiza tareas por intermedio de diversos socios, entre ellos los medios, con miras a lograr una mayor visibilidad de los distintos modelos positivos de la comunidad gitana. Fotografía: Programa de ONU-Mujeres «Las mujeres en la política»/Dorin Goian

En Moldova, la mitad de las niñas gitanas se encuentra fuera del sistema escolar. Apenas el 20 por ciento termina la escuela primaria, un 20 por ciento logra finalizar sus estudios en un colegio preuniversitario, y tan sólo un 10 por ciento termina la secundaria o la universidad. La división de ONU-Mujeres para Moldova realiza tareas por intermedio de diversos socios, entre ellos los medios, con miras a lograr una mayor visibilidad de los distintos modelos positivos de la comunidad gitana. Fotografía: Programa de ONU-Mujeres «Las mujeres en la política»/Dorin Goian

Svetlana*, de 12 años, caminaba de regreso a su casa desde la escuela cuando un joven de 17 años (un pariente lejano que ocasionalmente iba de visita a su casa) insistió en acercarla con su auto. Desde aquel día, se volvió habitual que Nona*, su madre, la encontrara llorando. Recién cuando la llevaron al médico sus familiares descubrieron que la niña de 12 años había sido violada.

“Me duele el hecho de que no tuviera la suficiente confianza en mí para venir y contármelo apenas ocurrió. Esto es una tragedia para nuestra familia, y no hay nada que podamos hacer para deshacer el daño”, afirma Nona. Svetlana pertenece a una familia gitana y, según la costumbre de su comunidad, ningún otro gitano podrá casarse con ella.

Siguiendo la tradición de la comunidad, Svetlana tuvo que relatar su violación a un grupo de mujeres locales con un angustiante nivel de detalle. A continuación, el tribunal del pueblo gitano (conocido como Romani Criss) oyó a las dos partes. No fue sino hasta que la familia de Svetlana amenazó con hacer una denuncia policial que el autor de la violación finalmente admitió el hecho. El tribunal lo condenó a casarse con Svetlana o bien pagar una suma de dinero a su familia por haberle robado su virginidad.

“No podíamos aceptar el dinero”, dijo Nona. “Mi hija no está en venta. Pero tampoco podíamos hacer que se casara a los 12 años. ¿Y su niñez? ¿Y sus sueños? ¿Qué probabilidades había de que un matrimonio como este pudiera durar? Nuestra decisión causó sorpresa en la comunidad, pero sabíamos que lo que ella más necesitaba era nuestro apoyo y que la dejáramos quedarse con su familia, rodeada de nuestro amor”.

La familia de Svetlana optó por no denunciar el hecho a la policía para así evitar que la pequeña padeciera un nivel de sufrimiento emocional aún mayor. Sin embargo, a diferencia de muchas otras niñas gitanas, Svetlana siguió asistiendo a la escuela. Sus maestras y maestros la han ayudado en el proceso de recuperación y la han alentado a continuar con sus estudios. “Ahora tenemos una relación mucho más cercana que antes”, asegura Nona. “Su deseo es ir a la universidad algún día, y nosotros vamos a apoyarla. Sé que tomamos la decisión correcta al rechazar la idea de un matrimonio compensatorio y que, como consecuencia de ello, su vida será mejor en todos los aspectos. Estudiará, tendrá un trabajo. Será feliz”.

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Las niñas y mujeres gitanas constituyen uno de los grupos más desfavorecidos de Moldova; son discriminadas por razones tanto étnicas como de género. El programa de ONU-Mujeres “Las mujeres en la política” ha centrado sus esfuerzos en dotarlas de un mayor nivel de representación política en las legislaturas locales. Fotografía: Programa «Las mujeres en la política»/Doris Goian

En Moldova, las niñas gitanas asisten a la escuela menos de cuatro años en promedio, contra 11 en el caso de las no gitanas. A causa de los matrimonios infantiles y precoces, los embarazos no deseados y las responsabilidades propias de tener niñas y niños a cargo, la tasa de deserción escolar entre las jóvenes gitanas es una de las mayores de la región: 56 por ciento, una cifra récord (en comparación con un 16 por ciento entre las no gitanas).

Los datos y análisis relativos a las problemáticas que aquejan a las mujeres gitanas en Moldova hasta ahora han estado fragmentados. Para solucionar esto, en los últimos tiempos ONU-Mujeres , el PNUD y la Oficina Nacional de Estadísticas han desarrollado un “Perfil estadístico de mujeres y niñas gitanas”. Los diferentes datos e historias (como la de Svetlana) recabados a través de esta iniciativa darán forma a las políticas y medidas que se adopten en el futuro.

“La violencia contra la mujer en Moldova es una práctica endémica y, en casos como el de Svetlana, se traduce en un doble mal: primero una violación y luego un matrimonio forzado”, afirma Corneliu Eftodi, Oficial del Programa Nacional de la división de ONU-Mujeres para Moldova. “ONU-Mujeres trabaja con grupos de mujeres gitanas para ayudarlas a superar los hechos de violencia vividos y para que puedan transformarse en modelos de influencia capaces de ayudar a otras mujeres en sus comunidades”.

Con la ayuda de subvenciones otorgadas por ONU-Mujeres , distintos socios de la sociedad civil a lo largo de Moldova están realizando pruebas piloto de nuevos enfoques para frenar la violencia contra mujeres y niñas, que van desde promover modelos de influencia hasta facilitar el acceso a la justicia por parte de niñas sobrevivientes, y trabajar con jóvenes, oficiales de policía y líderes religiosos para prevenir la violencia doméstica. Asimismo, ONU-Mujeres también apoya la militancia política de mujeres gitanas. Hasta hace poco tiempo estaban prácticamente excluidas de toda representación política, pero en 2015 dos mujeres gitanas fueron por primera vez elegidas para integrar una legislatura local.

 

*Los nombres de las personas involucradas se han modificado a fin de resguardar su identidad.

 

 

 

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