Maltratada por la prensa tras ser asesinada por el patriarcado

Maltratada por la prensa tras ser asesinada por el patriarcado

 

Oyes campanas y no sabes dónde. A eso juegan los titulares y la prensa. Cuando la noticia permite el juego con el morbo y no conviene que se sepa la realidad o no interesa que tenga mucha trascendencia pero, al mismo tiempo, es imposible de ocultar porque el horror esta vez no es enmudecible; entonces la desinformación está servida y los titulares se atropellan.

Este fin de semana, en la madrugada del sábado al domingo, fallece una mujer transexual en Santa Cruz de Tenerife tras precipitarse al vacío por una ventana desde un tercer piso al ser amenazada con una pistola por un –“presunto”, dice la prensa– cliente.

El titular del Diario de Avisos (periódico local) rezaba así Fallece un hombre en Santa Cruz al caer de una ventana huyendo de un presunto cliente. Por su parte, otro periódico canario, La Opinión, daba la noticia con el titular Muere al caer al vacío en Santa Cruz cuando huía del acoso de un presunto cliente: hasta ahí hubiera estado todo bien, si la noticia no comenzara diciendo “Un hombre falleció en la mañana de este domingo al caer a un patio interior…”. Hoy el periódico El Día también local–, amanece con el siguiente titular: Detenido el cliente de un travesti que murió tras caer de un edificio.

Y yo me pongo en el lugar de la mujer fallecida y no puedo evitar tanto dolor. ¿Hasta dónde la mofa y la humillación? ¿No es suficiente con lo ocurrido? ¿Ni siquiera una vez muertas merecen las mujeres víctimas de violencia machista un respeto? Prensa basura, medios de desinformación: esta es la prensa que supuestamente nos nutre a diario de noticias mal contadas y narradas desde el desinterés y una falta absoluta de ética profesional. No, señores, no es lo mismo ser hombre que mujer en esta sociedad; ni mucho menos ser cisexual que transexual; y tampoco es lo mismo suicidarte por una situación trágica personal que suicidarte porque un putero te apunta con un arma blanca y te amenaza con asesinarte, ejerciendo sobre ti y contra ti, mujer, toda la violencia que el patriarcado pone pacíficamente en sus manos.

Lo mínimo que debemos a una persona muerta que no puede defenderse por sí misma ya, es el respeto a su propia identidad.

Leo por las redes severas críticas al hecho de que las activistas por los derechos LGBTI reaccionemos contra los medios de comunicación en cuestión por el uso en masculino hacia una mujer transexual, como si lo verdaderamente importante no fuera la muerte. Pues bien: una vez muerta una persona, la muerte en sí no es lo verdaderamente importante, sino qué se la produjo, ya que esa información nos permitirá hacerle justicia si fuera el caso –como es el caso–. Y lo mínimo que debemos a una persona muerta que no puede defenderse por sí misma ya, es el respeto a su propia identidad; máxime cuando dicha identidad con casi absoluta certeza se habrá visto pisoteada por muchos costados a lo largo de su vida.

¿Cómo comparar el suicidio de alguien que decide llevarlo a cabo por decisión personal –sin entrar en lo trágico que supone llegar a una situación tan extrema y desesperada– al suicidio de una mujer en situación de prostitución que es amenazada con un arma por su cliente y no ve otra escapatoria que la de precipitarse al vacío desde un tercer piso? ¿Cómo pensar que la identidad de género de la víctima no importa, cuando seguramente esa misma identidad sea la que la haya llevado al mundo de la prostitución como modo de darse sustento? Que la persona que se lanza por la ventana –porque de otro modo hubiese muerto tal vez en manos de ese “supuesto” cliente– sea una mujer la convierte en víctima de violencia de género, ya que, afortunadamente, “las personas prostituidas” están reconocidas como tal en el artículo 53 de la Ley 1/2010, de 26 de febrero, Canaria de Igualdad entre Mujeres y Hombres.

Esta mujer ya no tiene derecho a nada porque su más preciado derecho, el de la vida, le fue truncado; pero reconozcámosle al menos el derecho a ser tratada con dignidad tras este funesto desenlace.

Además, por si fuera poco, la Ley 8/2014, de 28 de octubre, de no discriminación por motivos de identidad de género y de reconocimiento de los derechos de las personas transexuales, establece que “toda persona cuya identidad de género sentida sea la de mujer, acredite tal condición de conformidad con lo dispuesto en el artículo segundo y sea víctima de la violencia machista, tendrá acceso, en condiciones de igualdad, a los recursos asistenciales existentes”. Pues ya ven que sutil importancia la del género… Esta mujer ya no tiene derecho a nada porque su más preciado derecho, el de la vida, le fue truncado; pero reconozcámosle al menos el derecho a ser tratada con dignidad tras este funesto desenlace.

No importa lo que nos guste o lo que no. Nuestros gustos personales no tienen relevancia en las normas de convivencia de esto que llamamos sociedad. Todas y todos, sin diferencias de tipo alguno, merecemos RESPETO hacia nuestra identidad. Mofarnos y denigrar la identidad de una persona también es, en definitiva, asesinarla. Porque negarnos un lugar digno en esta sociedad en la que estamos obligadas a convivir, supone despojarnos de la vida.

 

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