La izquierda pornógrafa

La izquierda pornógrafa

 

Hace dos semanas se estrenaba el vídeo Patria para promocionar una sala de fiestas y pornografía (perteneciente a la cadena de prostíbulos Apricots) en el Salón Erótico en Barcelona. La protagonista del mismo es una estrella del porno, que nada tiene que ver con una mujer feminista que lucha por la libertad sexual y la igualdad entre las mujeres y hombres, al menos no en este contexto.

Digo esto porque ponerse como representante de la industria del sexo, la misma que explota a millones y millones de mujeres y adolescentes en todo el mundo, es algo que se aleja de la lucha por los derechos humanos, la paz y la no violencia hacia las mujeres, que son principios básicos del feminismo. Lo que hay detrás es una perversa intención patriarcocapitalista  disfrazada de transgresión, para defender y salvaguardar lo que es de los hombres; el poder para someter y vejar a las mujeres hasta limites insospechados y el dinero, eso que tanto gusta al capitalismo y a los hombres que lo mantienen. Esta actriz no es feminista, es una estrella del porno masculino, heteropatriarcal y misógino; el que enseña el tipo de sexo violento que gusta a los hombres machistas, orientado en exclusiva al placer de éstos, sin tener en cuenta el goce de las mujeres, siendo éstas meros objetos para el consumo. Pienso, como siempre hago, que no hay conciencia de clase mujer y que por eso caemos en la trampa masculina y en la salvaguarda de sus intereses, como pasa cuando las mujeres defienden la prostitución como un trabajo, elegido libremente y hasta vocacional. Es así como nos lo vende el machismo feroz, para dejar las conciencias tranquilas de los machitos puteros y pornógrafos.

Un mensaje pseudosocial para llegar a las masas, un mensaje populista y mediocre, perverso y oportunista hasta la médula para justificar y ocultar la barbarie que se comete con las mujeres, las niñas y los niños en la industria del  sexo.

¿Acaso es vocacional tener que realizar varias felaciones a la vez, que te agarren de los pelos, recibir el semen de varios hombres en tu cuerpo, de la manera mas denigrante posible, mientras recibes escupitajos, insultos y alguna que otra hostia? ¿Seguro que esto tiene algo que ver con la libertad sexual, el amor libre, dar rienda suelta al deseo sexual y amoroso? Más bien esto tendría que ver con una película de terror, el pornoterror, pues es una manera  clara de ponernos ante las narices el terrorismo machista y además darle el calificativo de subversivo y transgresor.

Volviendo al vídeo, en éste se hace mención a diferentes realidades sociales, dolorosas y dramáticas, como la situación de discriminación y racismo con las personas inmigrantes, la situación de millones de familias desahuciadas, la atrocidad de la fiesta taurina y el maltrato animal, la corrupción del Estado, la homofobia, etc. Un mensaje pseudosocial para llegar a las masas, un mensaje populista y mediocre, perverso y oportunista hasta la médula para justificar y ocultar la barbarie que se comete con las mujeres, las niñas y los niños en la industria del  sexo. Para ocultar que la pornografía es uno de los negocios más suculentos, junto con la prostitución, ambos estrechamente relacionados. Y donde de nuevo nos encontramos que la base de la explotación sexual es la desigualdad, la misoginia y unos niveles de racismo extremos (en Europa, la mayoría  de mujeres de esa industria provienen  de  países del Este, como Rusia o Rumanía). Una auténtica manipulación, que usa diferentes estrategias para encubrir y justificar el ejercicio de la violencia contra las mujeres. En este vídeo también podemos percibir una clara propaganda para legalizar la prostitución por medio de un símil entre la explotación sexual que se da en la prostitución y la prostitución que se da por supuesta en cualquier otro trabajo, y desde el feminismo denunciamos que en ningún otro trabajo es el cuerpo mismo el medio de producción, como ocurre con las mujeres prostituidas.

Esa frase tan manida de repensar la izquierda que venimos escuchando hasta la saciedad en tantos círculos de los que se denominan radicales y revolucionarios, se ha olvidado repensar en las mujeres…

Algunos representantes de la izquierda, ésa que lucha por la igualdad, esa izquierda que es antisistema, anticapitalista, que lucha por abolir la explotación laboral, por lograr condiciones dignas de vida…, lejos de denunciar la lacra que es la pornografía, lejos de visibilizar el espectáculo misógino que supone, se han posicionado del lado de los explotadores al retuitear el vídeo con expresiones de halago y de reconocimiento a su protagonista. Sin duda una postura machista que legitima y perpetúa la dominación de las mujeres, el sistema de clases hombre- mujer, algo que aún no se ha cuestionado de manera profunda en la izquierda. Esa frase tan manida de repensar la izquierda que venimos escuchando hasta la saciedad en tantos círculos de los que se denominan radicales y revolucionarios, se ha olvidado repensar en las mujeres, en la esclavitud a la que seguimos sometidas, en la violencia brutal que deja una huella a veces incurable y en las mujeres asesinadas en nuestro país, que  alcanzan casi el centenar cada año.

Ese repensar la izquierda pasa por cuestionar el legado de la cultura putera y la pornografía, un legado de pedagogía del odio hacia las mujeres, que NADA tiene que ver con  el ejercicio de una sexualidad libre, saludable, diversa. Hombres de todas las edades y procedencias que se ven con el derecho a violar y abusar de las mujeres cómo, cuándo y dónde quieran, como ocurrió este verano en los sanfermines, donde se dieron varios casos de violación, alguna de ellas en grupo.

La actriz dice, en su estelar aparición, que este país es hipócrita porque los mismos hombres que se pajean con sus películas son los mismos que la llaman puta. ¿Acaso esto sorprende? La cultura del porno es la cultura del maltrato y por eso la llaman puta; esto sí que entra en la coherencia del patriarcado y en el imaginario que éste hace de las mujeres. Las mujeres pueden ser putas, reputas, guarras, desechables, vejadas, humilladas y asesinadas en nombre del poder del macho. No nos engañemos más, este vídeo promocional no es más que otro espacio para reforzar a la industria del sexo y desculpabilizar a aquéllos que se lucran de la misma y que la consumen, es decir, aquéllos que se lucran de y consumen los cuerpos de las mujeres. Sí, vivimos en un país asquerosamente hipócrita, con una izquierda que también lo es, porque no se puede hablar de revolución sin feminismo, porque no se puede hablar de igualdad en un país putero y pornógrafo.

 

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