0,0015 % de denuncias falsas

0,0015 % de denuncias falsas

 

Repitamos esta frase en alto como un mantra: “Solo el 0.0015 % de las denuncias por maltratos son falsas”. Otra vez, de nuevo: “Solo el 0.0015 de las denuncias por maltratos son falsas”. Y así continuamente hasta interiorizarlo de verdad.

Leo en las redes con verdadero horror y seria preocupación a compañeras que se han precipitado a juzgar de manera tajante e tremendamente severa a una mujer que, al fin y al cabo, es una víctima de violencia de género. Estas actitudes reactivas tuvieron lugar ayer, apenas salió la noticia de que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 5 de Ponferrada (León), competente en materia de Violencia de Género, había puesto en libertad al maltratador de la mujer que, al parecer, interpuso una denuncia falsa y simuló un delito autolesionándose con pegamento en la vagina.

Este señor llevaba ya a sus espaldas múltiples quebrantamientos de una orden de alejamiento que se saltaba a la torera.

Me llama la atención las compañeras en las redes que no pestañearon a la hora de acusar y denunciar a esta mujer, ni se detuvieron siquiera a pensar en la presunción de inocencia, ni en el hecho –y esto me resulta lo más aterrador– de que estamos ante una mujer víctima de violencia de género. Este señor llevaba ya a sus espaldas múltiples quebrantamientos de una orden de alejamiento que se saltaba a la torera. Este mismo señor había salido de prisión un día antes de la supuesta agresión y había enviado una amenaza a la abogada que rezaba así: “Esa zorra que me dejó y me paga no queriendo y denuncia. Pero en días se acaba esto. This is the end”.

Me parece muy triste que su abogada salte en los medios ofendida por el supuesto engaño al que fue sometida por su clienta, en lugar de mantenerse en su lugar y pedir cuanto menos una revisión psicológica de un/a profesional experto/a que determine el grado de tensión y depresión que atraviesa esta mujer fruto de la violencia a la que ha estado expuesta durante años. No comencemos con temas de moral, que hasta los mismísimos ladrones que nos han gobernado han tenido su abogado y nadie se ha opuesto a ello.

Resulta desolador que seamos capaces de ejercer juicios tan severos hacia una mujer en situación de violencia de género.

Resulta desolador que seamos capaces de ejercer juicios tan severos hacia una mujer en situación de violencia de género. Ojalá presenciáramos reacciones tan drásticas y tajantes ante la violencia de género en sí misma. Y conste que no estoy justificando –ni mucho menos apoyando– la simulación de delito si acaso fuera cierto que lo planeó ella misma, pero, mucho antes de condenarla y de arremeter contra ella, me quedo pensando en qué mal tendría que estar para llegar hasta ese punto y autolesionarse de esa manera tan peligrosa. Antes de verter sobre ella mi juicio más cruel, me pregunto qué haría yo en su lugar si algún día llegara a convivir bajo el mismo techo que mi verdugo. He leído en varios sitios mujeres que decían “yo antes lo mato y luego voy a la cárcel, al menos en la cárcel podré dormir por fin tranquila sabiendo que ya se acabó mi pesadilla”.

Este último comentario me hace pensar en Pilar Matud, una profesora del máster de género que cursé en la Universidad de La Laguna, una profesional a quien admiro muchísimo y una eminencia en el campo de la Violencia de Género. Un día en clase nos dijo: “¿Por qué creen ustedes que las mujeres maltratadas no matan a sus maridos? ¿Porque son físicamente más débiles? En absoluto, la víctima tiene muchísimas ocasiones para matar al maltratador que está acabando con su vida y con la de sus hijxs. Sería tan fácil como clavarle un cuchillo en la yugular mientras duerme o envenenarlo en las comidas que le cocina. Oportunidades tiene las que quiera para poner fin a la tortura, al sufrimiento físico y psicológico y al miedo de dar un paso al que es sometida día tras día. Podría matarlo en cualquier momento y acabar con su pesadilla. ¿Por qué no lo hacen? Es muy sencillo: por la socialización diferenciada“. Recapacitemos un poco en ello, tal vez nos respondamos algunas dudas y despejemos algunas preguntas. Los niños no nacen maltratadores, ni las niñas nacen víctimas o vulnerables: algo estamos haciendo muy mal en la socialización de chicas y chicos.

Los niños no nacen maltratadores, ni las niñas nacen víctimas o vulnerables: algo estamos haciendo muy mal en la socialización de chicas y chicos.

Vuelvo a insistir en que mi intención está lejos de justificar el acto de esta señora si acaso fuera cierto; que la justicia proceda como deba. Solo pido que no arrojemos barro sobre nuestro propio tejado, que no alimentemos la falacia de las denuncias falsas y que no nos despistemos de que la violencia de género es el mayor cáncer de las mujeres en esta sociedad; por tanto, no podemos arremeter contra quienes están sufriéndola con la misma vehemencia ni con el mismo criterio con que reaccionaríamos ante el maltratador. Las denuncias falsas por violencia machista son escasísimas, tal y como certifica la Fiscalía; alimentar la falacia de lo contrario supone un retroceso muy peligroso para todas.

Expresiones como “¡Al trullo!” o “Una mujer que finge violencia de género, lo peor”, ruedan por las redes. Leo la prensa, escucho los telediarios, me detengo a analizar el mundo a mi alrededor, y, discúlpenme, pero lo peor para mí no es precisamente el 0.0015 % de mujeres que fingen violencia de género, lo peor es que solo el 28% de mujeres asesinadas haya denunciado a su agresor o que casi el 68% de las mujeres maltratadas no denuncie.

En el año 2014, más del 60% de las denuncias por robo con violencia o intimidación presentadas en Valladolid fueron falsas y a nadie se le ocurre dudar que el código penal deba estipular y condenar el robo como delito. Es horrible la idea de que cualquiera de nosotras y nosotros pueda ser objeto de una denuncia falsa por robo con intimidación y podamos pasar por ello un solo día entre rejas, pero, por muy terrible que sea la idea, es un riesgo que no dudamos en correr, ya que nadie duda que el robo es un problema social y que tenemos derecho a que se nos proteja de él, por lo que aceptamos los riesgos y asumimos las responsabilidades. Todo tipo de denuncia falsa, por tanto, es un hecho deleznable, pero, sinceramente, no me preocupan las dos o tres mujeres que denuncian falsamente: para ello está la justicia. Mi preocupación es el verdadero problema social: las violencias machistas ejercidas contra las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Y estas violencias deben estar recogidas igualmente en el código penal, con su ley específica, y la sociedad en su conjunto debe aceptar los riesgos y asumir las responsabilidades.

Así que repitámonos para dentro y hagámonos eco de lo importante: “Solo el 0,0015 de las denuncias por maltratos son falsas”. Como dice nuestra compañera Pilar Aguilar, “esa es la noticia crucial, una vez que el dato quede claro, clarísimo –pero vamos: ¡claro, claro!–, entonces sí, se puede pasar a hablar de si esto o lo otro”. Mientras, centrémonos en lo verdaderamente importante y no colaboremos en tergiversar la realidad de las mujeres en esta sociedad: no caigamos en las garras del neopatriarcado, que se las sabe todas y a veces nos la cuela sin darnos cuenta. No olvidemos que nos siguen asesinando.

 

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