Yo, abolicionista

 

Hoy se conmemora el Día Internacional contra la Prostitución, la Trata y el Tráfico de Personas con fines de Explotación Sexual y seguro que desde muchos medios, entidades, organizaciones y administraciones públicas nos van a ofrecer datos y estadísticas vergonzantes que tienen que hacer que nos posicionemos.

Y yo me planteo, qué modelo de sexualidad hemos aprendido, qué sexualidades enseñamos, cómo la construcción de género influye en las actitudes que tomamos frente a la sexualidad. Desde la infancia aprendemos roles en los que la diferenciación sexual está marcada y presente, nos educan de forma totalmente diferenciada a mujeres y hombres: ellos activos e impulsivos, nosotras, sumisas y complacientes; a nosotras se nos habla desde el peligro y la sumisión y a ellos desde la libertad y el poder; nuestra sexualidad es meramente reproductora, la de los hombres es ocio y deseo.

La prostitución es una relación de poder, donde el prostituidor paga por sexo de mujeres prostituidas, es una posición de señorío y dominio.

Nos quieren hacer creer que la prostitución es algo normal, que es una relación sexual, y no; la prostitución es una relación de poder, donde el prostituidor paga por sexo de mujeres prostituidas, es una posición de señorío y dominio.

Desde mi feminismo me posiciono en el abolicionismo porque desplaza el reproche social de las mujeres en prostitución a los proxenetas y a los demandantes, porque la prostitución es Violencia de Género, porque la prostitución de mujeres es una de las más severa de las desigualdades entre hombres y mujeres, porque las políticas abolicionistas plantean alternativas de salida frente a la prostitución, porque cuestiona las relaciones de poder de género.

Suecia ha tardado 20 años en abolir la prostitución. ¿Cuánto nos queda a las mujeres en España para dejar de ser producto de uso y abuso?

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