Mentiras científicas

 

Llama la atención cómo la revista del CSIC, ARBOR, dedica sus páginas al feminismo. Más concretamente a enfrentarse a él, a desacreditarlo y tratar de desmontar, con artículos que en ocasiones rozan “lo místico” las luchas y logros del movimiento. Y digo que llama la atención por dos razones.

En primer lugar porque el CSIC es un ente público, mantenido por los impuestos que todos los españoles pagamos religiosamente, y como tal, debería prestar atención a las necesidades que reclama el conjunto de la población, y no sólo unos pocos privilegiados. Esto es evidente cuando, en uno de sus artículos, para realizar una crítica hacia el feminismo y sus nuevas formas académicas, hace referencia a mujeres de la talla de Valeria Mazza, Gisele Bundchen o Judith Mascó todas ellas, muy alejadas de los problemas cotidianos y dedicadas a un sector que perpetuar un mundo donde los hombres disfrutan de esa imagen perfecta que deben tener todas las mujeres. Termina este artículo recomendando “el diálogo entre el progreso y el respeto a lo natural”, en una alusión velada a la maternidad tradicional de las familias mononucleares y heteropatriarcales.

Termina este artículo recomendando “el diálogo entre el progreso y el respeto a lo natural”, en una alusión velada a la maternidad tradicional de las familias mononucleares y heteropatriarcales.

Otro de los artículos aborda el tema de “la moda”, para demostrar que incluso en las revistas científicas, los tópicos siguen muy presentes. Desde este artículo se hace una lectura parecida de esas mujeres modernas que no se maquillan ni cumplen con los estereotipos de belleza comunes, y que tratan de llevar por el mal camino a aquellas mujeres que disfrutan de esos momentos porque una mujer de hoy en día considera ese momento “como un canal de expresión y a la vez de esparcimiento, casi como una liberación si se tiene en cuenta que el aspecto lúdico siempre es liberador.”. De nuevo una defensa de la mujer tradicional, frente a los nuevos movimientos emancipadores que tratan de liberar a las mujeres del yugo del aspecto físico.

La autora sigue reafirmando esa visión clásica de la mujer en su conclusión final: “…parece acertado aventurar que existe en las redes un grupo de mujeres emprendedoras, cultas e inquietas que no renuncian a gustarse y gustar por medio del maquillaje, que no necesitan huir de su feminidad para reafirmarse, pero que utilizan sus bitácoras no solo como armas de color, sino como armas para mejorar el mundo que les rodea”. Y así, sigue dejando claro cómo debemos mantener el orden preestablecido y no realizar lecturas rupturistas con el sistema actual, que total, no está tan mal. No me detendré mucho más en este punto ya que tendría que escribir un libro en lugar de un artículo para desmenuzar cada uno de los artículos. Sin embargo, sí me gustaría reseñar cómo las alusiones a la ética, la religión o la tradición son comunes y continuas en todos los artículos, dejando claro el “tipo de ciencia” que influye en la mayoría de los estudios.

Las alusiones a la ética, la religión o la tradición son comunes y continuas en todos los artículos, dejando claro el “tipo de ciencia” que influye en la mayoría de los estudios.

En segundo lugar, para rematar la fiesta de la ciencia alejada del mundo real, se realiza casi en la misma semana la fotografía de los miembros de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo con el rey Felipe VI. Todos hombres. Al mismo tiempo, desde Jueces por la Democracia, se denuncia que en ese ámbito no se está cumpliendo con el Plan de Igualdad del CGPJ aprobado en 2013, y que de los 17 Tribunales Superiores de Justicia, solamente uno está presidido por una mujer, y de las 50 Audiencias Provinciales en 8 de ellas la presidencia es ocupada por una mujer. Todo esto a pesar de ser mayoría en la carrera judicial. Supongo que esto hace honor a las tradiciones comentadas en los artículos emitidos por la revista del CSIC, y en realidad, no es necesario el feminismo, pues existen mujeres más allá de este. Mujeres que tienen blogs de moda, mujeres que salen en películas e incluso mujeres que escriben contra otras mujeres en revistas científicas.

Está claro que una vez más, el patriarcado sigue utilizando todas sus armas para que los privilegios de los hombres no disminuyan. Muy al contrario: si es necesario, desarrolla, una serie de mentiras científicas dentro de una reputada revista de investigación para darle un halo “más profesional” a lo que se conoce comúnmente como opresión machista y privilegios heteropatriarcales. Y es que, como reza un refrán muy castellano, “aunque la mona se vista de seda…”

 

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