«En España muchísimas mujeres víctimas de trata no son reconocidas por las autoridades»

Entrevista a Gema Fernández, de Women’s Link Worldwide.

Gema Fernández es abogada, doctorada en relaciones internacionales y experta en género y derechos humanos. Coordina equipos de trabajo en Women’s Link Worldwide, una organización que trabaja con el derecho internacional, viendo qué impacto real puede tener en la vida de las mujeres en concreto, “porque las mujeres son discriminadas también en el ámbito judicial”. Gema aclara que sus argumentos están basados en los derechos humanos y en el derecho internacional y que esto le permite trasladar a la aplicación del derecho su visión del mundo, del activismo y la justicia.

La trata de seres humanos con fines de explotación es una cruel realidad que suscita la preocupación de las personas que, como Gema, trabajan en la defensa de los derechos humanos. La trata sigue siendo un fenómeno invisible y oculto que hace que las víctimas, mayoritariamente mujeres y niñas, se encuentren en situación de esclavitud y de grave vulnerabilidad. Hablamos Con Gema de esta realidad.

La lucha contra la trata de seres humanos, en concreto de mujeres y niñas, es una de las líneas de trabajo de la organización. ¿De qué modo la acometéis?

Women’s Link Worldwide no es una organización que trabaja exclusivamente en trata. El abordaje de la trata lo hacemos, como en otros temas, desde el enfoque de los derechos humanos y utilizamos el derecho para lograr cambios sociales y avances en los derechos de mujeres y niñas. Trabajamos haciendo litigio y dialogando de diferentes formas con los sistemas de justicia para lograr que, cuando se vulneran derechos de mujeres y niñas y se las discriminan y ellas buscan amparo en los sistemas de justicia, estos las protejan y garanticen estos derechos y no como muchas veces pasa, que se perpetúan estas discriminaciones, porque se siguen aplicando estereotipos de género o bien por falta de entendimiento de las violencias que sufren las mujeres. También hacemos estudios y documentamos casos y situaciones para ver cuál es la atención que se está dando por parte del Estado a mujeres y niñas que están en situación de vulnerabilidad, cuáles son las prácticas estatales y ver si están en línea con los estándares regionales e internacionales.

Entendemos la trata como una violación de derechos humanos y también como una forma de discriminación y violencia hacia mujeres y niñas que se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. Hay que enfocarlo desde una perspectiva más inclusiva, más holística, que incluya todas la formas de explotación, no solo la sexual, sino la explotación laboral, explotación para la mendicidad, tráfico de órganos, etc. La trata es una forma de obtener beneficio económico de las personas, como si estas fueran objetos. Conocemos distintas formas de trata, sabemos que existe un fuerte componente de género y tenemos que estar abiertas para captar nuevas formas que van a ir surgiendo, por ejemplo, ya se están dando casos de vientres de alquiler.

Conocemos distintas formas de trata, sabemos que existe un fuerte componente de género y tenemos que estar abiertas para captar nuevas formas que van a ir surgiendo, por ejemplo, ya se están dando casos de vientres de alquiler.

Es un tema muy complejo que se mezcla con muchas cosas; por ejemplo, las políticas migratorias. Como hemos documentado la trata acaba convirtiéndose para muchas personas que no tienen otro modo de emigrar, en una estrategia migratoria –mujeres subsaharianas-. También se mezcla con la explotación laboral facilitada por el capitalismo y la pérdida de derechos laborales de las trabajadoras y trabajadores en Europa. Pero a pesar de esa complejidad que hay que ir desgranando, hay que tener unas certezas de las que partir. Nosotras tenemos la certeza de tener un enfoque centrado en las víctimas, en sus derechos, en la protección y reparación de las violaciones a los derechos de las víctimas, por encima de otras consideraciones como su situación administrativa o la persecución del delito. Y sabemos que es necesario un enfoque de género.

’Es complicado las mismas personas que se ocupan de las deportaciones de inmigrantes irregulares, sean responsables de detectar a las víctimas de trata’

Vuestra labor en España contribuyó a desarrollar un protocolo que otorga a las víctimas de trata el derecho a un periodo de tiempo mínimo para empezar a recuperarse de la experiencia vivida y evaluar sus opciones legales. Este derecho también detiene el proceso de deportación y permite que las mujeres y niñas mantengan una distancia segura de sus tratantes y accedan a servicios básicos, como atención en salud. ¿De qué tiempo hablamos? ¿Qué derechos tiene la víctima y que exigencias? ¿Se está garantizando?

En el año 2009, que es cuando la legislación española empieza a incluir cuestiones relativas a la protección de las víctimas de trata, se modifica la Ley de Extranjería y se incluye por primera vez el periodo de restablecimiento y reflexión, pero hasta que se reguló y se aplicó pasó un tiempo, y las organizaciones de mujeres presionamos mucho porque estábamos en contacto con muchas mujeres que identificábamos como víctimas de trata – en los CIES, en las zonas de ejercicio de prostitución, en los invernaderos de Almería…- pero no sabíamos cómo era la identificación y cómo demandar ese periodo. Así que nos propusimos una estrategia y llevamos varios casos ante la administración, haciendo informes que llevamos a numerosos organismos –delegación de Gobierno, ministerios, policía…- y así forzamos que mientras se aprobaba un Reglamento de la Ley de Extranjería que regulara el procedimiento de este periodo, se sacara una instrucción del Ministerio del Interior informando de cómo hacerlo.

Este periodo estaba pensado para que la víctima se pudiera apartar de la influencia de los tratantes, descansar, recuperarse de la violencia física y psicológica, que tuviera acceso a servicios básicos de salud, vivienda, comida, que se garantizara su protección y tuviera acceso a la información sobre sus derechos y pudiera tomar una decisión informada sobre si quería colaborar con las autoridades en la persecución del delito de trata del que ha sido víctima.

Este periodo empezó durando 30 días y luego se ha ampliado a tres meses, recientemente. También al principio se presionaba mucho a las mujeres para que colaboraran, era una reflexión vinculada a la posterior colaboración. El hecho de que en España este periodo se regulara desde la ley de Extranjería nos dice mucho de la mirada con la que se aborda la trata, está pensado con la finalidad de paralizar las deportaciones. Pero ¿acaso no hay otras víctimas, por ejemplo, comunitarias o españolas?

Otro problema es la identificación. El proceso de identificación es muchas veces muy largo y costoso. Pero siempre es mejor proteger a una mujer, aunque te estés basando en indicios y no en pruebas, y aunque tengas dudas, que exponerla a mayor riesgo y vulnerabilidad. Esa ha sido otra pelea. Además, en España la identificación de víctimas de trata es exclusiva de la policía nacional, la misma que vigila el cumplimiento de la ley de Extranjería, frente a otros países, como Italia, Alemania, donde se ha hecho de otras maneras y se hace por un equipo multidisciplinar –ONG, Fiscalía, Policía,…- Es complicado que estas personas que se ocupan de las deportaciones de inmigrantes irregulares, se ocupen de detectar a estas víctimas. El papel de las organizaciones queda un poco a merced de lo que decidan estas fuerzas de seguridad, que según la ley “podrán” tenerlas en cuenta.

¿Qué protección se garantiza a las víctimas?

Durante ese periodo las víctimas tienen derecho al acceso a los recursos que tienen algunas ongs, como pisos de acogida, tienen un permiso de residencia temporal, acceso a servicios de salud, formación, es decir, una atención integral según sus necesidades. Tienen derecho a un retorno voluntario y seguro.

¿Crees que sería positivo que las organizaciones pudieran participar en los juicios?

Por un lado, hay que tener claro que el sistema penal no está pensado para la protección de las víctimas, ese no es el centro, su objetivo es otro. Las víctimas son testigos. Por otro lado, los procesos penales que persiguen delitos de trata son mínimos, hay muchísimos casos que no llegan hasta ahí, por distintas razones. Y luego, hay que pensar que el proceso penal como víctimas de trata para estas mujeres es una parte de sus vidas, luego ellas tienen procesos administrativos abiertos derivados de su situación de irregularidad, expedientes de expulsión paralizadas de otros momentos previos de su vida, multas municipales por el ejercicio de la prostitución…

Hay que abrir los ojos a la realidad diversa que viven estas mujeres. Se les pide a las mujeres mucho, una coherencia en su discurso, mientras han estado sometidas a un nivel de violencia altísimo.

Hay que abrir los ojos a la realidad diversa que viven estas mujeres. Se les pide a las mujeres mucho, una coherencia en su discurso, mientras han estado sometidas a un nivel de violencia altísimo. Las organizaciones pueden ayudar a no revictimizar a estas mujeres en los juicios, no hacerles repetir las mismas cosas y a la vez reforzarlas, haciendo peritajes.

Políticas migratorias

Las víctimas de trata con cualquier fin también pueden ser reconocidas como refugiadas. Por tanto, ¿es legal que estén en un CIE? Vosotras habéis acudido en diversas ocasiones a los CIE para identificar y acompañar a mujeres víctimas o presuntas víctimas de trata.

Esa es la complejidad. En España, hay muchísimas mujeres que no son reconocidas por las autoridades como víctimas de trata, por eso están los CIES o por eso las deportan. Las organizaciones vemos indicios de que esa mujer es víctima de trata, pero en la medida que el sistema vincula la protección a la denuncia, estas situaciones existen.

¿De qué manera las políticas migratorias llevadas a cabo por la UE y la postura de Europa ante las personas refugiadas están contribuyendo al crecimiento de las redes de trata?

Esas políticas restrictivas en materia de inmigración juegan un papel importante en la persistencia y crecimiento de la trata. Obviamente se están generando unas situaciones que facilitan que personas que están en las puertas de Europa sean captadas por las redes. Melilla y Ceuta han servido de laboratorio de lo que luego está pasando en Turquía y Grecia. Nadie está haciendo caso a esto y ya se sabe las consecuencias en cuanto a la vulneración de los derechos humanos.

En nuestro imaginario las redes aparecen como estructuras muy organizadas y complejas. ¿Qué características tienen?

Las redes están muy organizadas, pero los Estados también y tienen sus recursos. Uno de los puntos clave es la corrupción, las redes mueven mucho dinero, traspasan fronteras, blanquean dinero, no solo en los países de origen, en las fronteras, en los países a los que llegan. Es un negocio tan lucrativo, se mueven muchos millones de euros, habría que pensar en atacar también por ahí.

Muchas de las víctimas de trata trabajan en espacios de prostitución y hay organizaciones que defienden la abolición entre otras cosas porque consideran que la cobertura social a la prostitución ampara la existencia de redes de trata. En otros casos, insisten en que son fenómenos muy diferentes. ¿Cuál es vuestro punto de vista?

Es un debate que hemos tenido varias veces, siempre vivo, en el que siempre te mueves, te dejas cuestionar o permear por cosas que lees, por testimonios de mujeres, lo cual está bien. Como organización no tenemos una postura porque nos parece que es un tema que ha generado muchas tensiones y para nosotras es más interesante trabajar con organizaciones que tienen distintas posturas y buscar lo común, que es la trata como una forma de violencia y violación de los derechos humanos.

Lejos de la imagen extendida de mujeres abatidas, vulnerables, las víctimas de la trata suelen ser personas que han sobrevivido a obstáculos y peligros a lo largo de su vida, muy fuertes.

Las víctimas no son vulnerables, pueden estar en situaciones de mayor o menor vulnerabilidad. Pero son supervivientes y en la medida que lograr salir de esas situaciones, empoderarse, son muy fuertes, han sobrevivido a abusos, violencia sexual, maltratos, racismo, y aun así, confían en nosotras. No son uniformes, es una realidad bien diversa. Y me gusta también utilizar la palabra acompañamiento; evidentemente no estamos en la misma situación, pero son mujeres que nos enseñan un montón de cosas y su problemática tiene que ver con nosotras.

 

 

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