El feminismo también era esto

 

El feminismo, afortunadamente, no es uno y trino. Feminismos hay muchos y muchas y diversas somos las feministas. Esto, que puede parecer de primeras un poco jaleo (sobre todo para aquell@s que entienden el feminismo como uno y trino) en realidad, permite que una pueda aplicar las diferentes teorías y corrientes que existen con libertad porque hay donde elegir. Por eso, dentro del feminismo (entendido, de forma general, como corriente de pensamiento y reivindicaciones de la igualdad entre mujeres y hombres), te puedes encontrar de todo. A veces incluso puede variar la forma en la que se piensa y se vive como feminista. Puedes iniciarte en el feminismo desde un enfoque y que luego la vida y las experiencias te deriven a verte desde otra perspectiva.

Una amiga me decía que una de las cosas más liberadoras que aprendió del feminismo fue cuando entendió que era una ideología que iba más de cooperar que de enfrentarse. Y se refería al enfrentamiento entre mujeres, lo que viene a desmontar el estereotipo de lo malas malísimas que somos entre nosotras. El enfrentamiento con el ámbito masculino es otro asunto. Cuando se es feminista es inevitable. El feminismo, al fin y al cabo, va de demandar igualdad, lo que implica atacar los privilegios que la historia y la tradición (añado: de la sociedad patriarcal) se ha encargado de otorgar, en lugar de repartirlos de forma equitativa.

El artículo de opinión publicado en Tribuna Feminista, que coincidía y apoyaba el punto de vista del London Abused Women’s Centre, recibió algunas críticas a las que, creo que les faltaba claridad en la justificación y, sobre todo, a mi entender, fallaban en el tono en el que se emitían.

Por eso me sorprendía en mis inicios en el feminismo y me sigue sorprendiendo ahora, cuando leo o escucho opiniones negativas (duras) de feministas a feministas. Me ocurrió la semana pasada cuando leía en las redes sociales algunas de las reacciones que provocó un artículo publicado en este mismo medio, sobre el baile en barra, el “pole dance”. El artículo en cuestión explicaba cómo el London Abused Women’s Centre (centro comunitario que ofrece servicios a mujeres y niñas que han salido de la prostitución y trata o que han sufrido violencia de género) se había negado a que se incluyera una demostración de esta práctica en una marcha que se celebra en más de 30 países llamada “Take Back The Night”. Se consideraba inadecuado que el “pole dance” formara parte de un evento de estas características porque entendían que es un baile que sexualiza a las mujeres.

El artículo de opinión publicado en Tribuna Feminista, que coincidía y apoyaba el punto de vista del London Abused Women’s Centre, recibió algunas críticas a las que, creo que les faltaba claridad en la justificación y, sobre todo, a mi entender, fallaban en el tono en el que se emitían.

Estas críticas apuntaban a que el “pole dance” no puede verse ya como un baile que sexualiza a las mujeres frente a la mirada masculina. Y se aludía a otro artículo publicado sobre este baile en barra, que en 7 puntos desmonta cómo esta práctica ha dejado de ser un baile que objetiviza (sexualmente) a las mujeres para re-significarse en un deporte a través del cual las mujeres podemos ejercitarnos y empoderarnos.

Las prácticas sociales que queremos transformar tienen que calar, llegar más allá de nuestros espacios y extenderse, hasta que formen parte de la dinámica habitual y terminen desplazando eso  “que siempre se ha hecho así” a un nuevo estatus transformado, resignificado.

He de decir que el artículo de los 7 puntos me gustó, porque, en general, me gusta leer sobre todo aquello que las feministas estamos logrando o hemos logrado re-significar. Y resignificar, en su concepción sociológica, supone, valga la redundancia, una rutpura de significado. Es un cambio en las pautas de reproducción social que hacen que una práctica, en este caso, el baile en barra, que ha tenido y tiene connotaciones sexualizantes para las mujeres, se vea y se practique con otro significado social diferente.

Las resignificaciones son mini-revoluciones sociales que llevan su tiempo. No son fáciles. Suponen un enfrentamiento con lo tradicional, con lo que “siempre se ha hecho así”. El feminismo, por supuesto, también va de resignificar: conceptos, prácticas, deportes, bailes… De hecho, y dado el marco patriarcal en el que nos movemos, la resignificación es una tarea que tenemos que promover desde muchos ámbitos. Pero también tenemos que ser conscientes de que la intención de resignificar no lo es todo. Las prácticas sociales que queremos transformar tienen que calar, llegar más allá de nuestros espacios y extenderse, hasta que formen parte de la dinámica habitual y terminen desplazando eso  “que siempre se ha hecho así” a un nuevo estatus transformado, resignificado.

El baile en barra, por ahora, no sé si se ha resignificado del todo, pero por lo que veo a  mi alrededor y lo que escucho, aún sigue percibiéndose como una práctica sexualizante en la que las mujeres seguimos siendo más objeto que sujeto; por lo que entiendo y comparto el que se criticara poder incluirlas en un evento cuyo fin es luchar contra la explotación sexual y la violencia machista, que han sufrido y siguen sufriendo mujeres y niñas en todo el mundo.

Pero como todo en el feminismo, querer es poder. Y nos hemos demostrado muchas veces, a nosotras y a nuestro “afuera” que cuando queremos, podemos. Pruebas de ello tenemos a montones. Hemos resignificado profesiones tradicionalmente masculinizadas en las que ya es habitual ver a mujeres y hemos transformado cuestiones que antes eran exclusivamente del espacio privado que hoy son públicas y políticas.

Hemos resignificado profesiones tradicionalmente masculinizadas en las que ya es habitual ver a mujeres y hemos transformado cuestiones que antes eran exclusivamente del espacio privado que hoy son públicas y políticas.

Pero mientras seguimos resignificando, tendremos que entender que todo cambio lleva su ritmo. Y que mientras las cosas se transforman hay que intentar enfocarnos en seguir construyendo y cambiando, en lugar de invertir nuestra energía en criticar duramente  desde nuestra perspectiva interna, cuando practicamos el feminismo desde espacios en los que muchas veces olvidamos que, como ideología y como experiencia, es un privilegio al que no todas las mujeres pueden acogerse.

Quizás las feministas antes de formular críticas hacia otras feministas, podríamos hacer el ejercicio de volver al punto de partida y recordar lo que todas compartimos, en lo que todas estamos de acuerdo, evitando así “gestos antifeministas”. Y, desde ahí, expresar nuestros argumentos desde otro tono que podamos diferenciar del que utilizamos para criticar y desmontar opiniones machistas, con las que sí estoy de acuerdo en que tenemos que mostrarnos firmes e inmisericordes.

Está claro que el feminismo, que alberga tanta diversidad, también alberga visiones diferentes y conflictos. Que haya muchos feminismos, y que las feministas seamos muchas, da riqueza, pero también complejidad. Por eso es importante repensar el tono cuando se formulan críticas sin que por ello dejemos de mostrar nuestras diferencias, que las tenemos, y bienvenidas sean.

Porque al final, el feminismo, también es esto.

 

 

CATEGORÍAS
Comparte