¡Al patriarcado le encanta que bailemos en una barra!

 

20 Sept 2016

Siempre he alegado que el feminismo es el movimiento social, político, económico y cultural con potencial más transformador de la humanidad. Lo argumento porque bajo un sistema patriarcal se subyuga y oprime de manera directa aproximadamente la mitad de la población humana para el beneficio de la otra mitad. Esta puede ser una visión abrumadora o intimidante, pero lo que es seguro es que, al ser un movimiento tan avasallante con potencial de transformación tan vasto, en el feminismo se ha visto y supongo que se seguirá viendo de todo. Desde lo esperanzador hasta lo verdaderamente insólito.

Aunque admito que me quede con la boca abierta cuando leía en las noticias feministas sobre una situación en la que se vio comprometido el feminismo canadiense la semana pasada. Una marcha en protesta a la violencia contra las mujeres y niñas llamada ‘Take Back The Night’ estaba agendada para el jueves 15 de septiembre 2016. Los eventos ‘Take Back The Night’ (o ‘Reclama La Noche’) se celebran en más de 30 países y consisten en un conjunto de manifestaciones como vigilias, marchas y testimonios donde se centra la necesidad de acabar con la violencia contra las mujeres y niñas.

Las feministas de Ontario, Canadá, se vieron en una situación muy curiosa ya que el comité organizador del 38avo ‘Take Back The Night’ en la ciudad de Londres, Ontario estaba debatiendo si permitían que se realizara una presentación de baile de barra (conocido en inglés como «pole dance») en apoyo al evento. La organización de servicios a mujeres y niñas que ha sufrido violencia London Abused Women’s Centre se opuso rotundamente porque según su análisis una demostración de baile de tubo resulta “antiético” en el contexto del evento ya que “eso solidifica el mensaje de que el propósito principal de mujeres y niñas es ser sexys y ser un objeto sexual con el propósito de agradar sexualmente a los hombres.” Y que esto resultaba contraproducente en un evento en que se está tratando de reclamar la humanidad de las mujeres y de enfocarse en los esfuerzos comunitarios de crear un futuro sin violencia para mujeres y niñas.

Para aclarar; el London Abused Women’s Centre es un centro comunitario que ofrece servicios a mujeres y niñas que han salido de la prostitución y trata de personas con fines de explotación sexual, para mujeres y niñas que están buscando ayuda tras salir de relaciones donde hubo violencia y para las que sufren violencia en otros ámbitos de su vida tanto laboral o personal. La marcha ‘Take Back The Night’ es para protestar la violencia contra mujeres y niñas. Cuando el London Abused Women’s Centre se quejó contra la invitación del comité organizador a un grupo de baile de tubo a que participara en el evento, el comité organizador originalmente defendió su decisión, dándole más prioridad a un grupo de baile de tubo que a un centro de servicios cuya única función es ofrecer servicios directos a mujeres y niñas que viven en violencia. Como dije, ¡insólito!

El comité organizador explicó que “la razón por la que invitamos esta forma de ejercicio para que se presentaran es porque (el baile en barra) es una forma de ver positivamente el cuerpo, de ver positivamente el sexo. Una forma que es activa, divertida y que tiene los mismos beneficios que cualquier otra forma de ejercicio, lo cual es una excelente manera de las mujeres reclamar sus cuerpos, mantenerse saludables y en forma.”

¿Cuándo hemos visto hombres subiéndose en tubos para sentirse empoderados en su sexualidad? Nunca, porque la sexualidad ni se compra ni se pone en escena; se experimenta en el acto.

Esta justificación me resulta muy interesante porque si analizamos bien, el fútbol también acarrea los mismos beneficios que enumeró el comité organizador. También la natación, la esgrima, correr, bailar danza tribal, la jardinería… en fin; todas las actividades físicas proporcionan beneficios a la salud y a la autoestima (por medio de las endorfinas). Yo creo que el problema es que hay una vertiente del feminismo (secuestrado por el patriarcado y el capitalismo) que entiende que para “estar empoderada en tu cuerpo y en tu sexualidad” y así “reclamar nuestros cuerpos” hay que demostrárselo a un público. Si te vemos encaramada en un tubo bailando de manera muy sexualizada entonces razonamos “Wow, ¡ella de verdad tiene dominio de su cuerpo y su sexualidad!”

Pero eso son solo artilugios del patriarcado para justificarse… echándonos encima no solo la opresión sino la vergüenza de que no estamos demostrando “nuestro empoderamiento” lo suficiente de acuerdo a los patrones ya pautados por el mismo sistema. Es decir, es una manera sádica del patriarcado para que les sigamos bailando desnudas y que lo entendamos no como algo opresor, sino como algo liberador.

Es una manera sádica del patriarcado para que les sigamos bailando desnudas y que lo entendamos no como algo opresor, sino como algo liberador.

El verdadero empoderamiento sexual no necesita ser demostrado al público en general. No lo digo por puritana (¿aunque si lo fuera, qué?) sino porque es lógico. ¿Cuándo hemos visto hombres subiéndose en tubos para sentirse empoderados en su sexualidad? Nunca, porque la sexualidad ni se compra ni se pone en escena; se experimenta en el acto. Ellos no tienen que hacerlo porque tienen el beneficio de un sistema que nunca se las cuestiona, sino que asume sus sexualidades intrínsecamente como seres humanos y punto. Es a las mujeres a quienes nos advierten constantemente que nuestra sexualidad va a ser juzgada, mutilada y violentada… pero ojo, siempre tenemos que “expresarla” públicamente para que no nos tachen de inservibles en la balanza de una sociedad patriarcal.

El mensaje viene siendo: “Nadie te va a creer que te sientes muy fuerte y empoderada en tu sexualidad dentro de tu corazoncito, ¿ok?: ¡en-sé-ña-nos!” En mis aulas de clases feministas, yo siempre les digo a mis estudiantes cuando tocamos el tema que yo me siento tan empoderada sexualmente cuando estoy sentada en el sofá de mi casa leyendo un libro con un pijama roto y viejo que cuando estoy desnuda encima de un hombre porque el verdadero empoderamiento sexual se siente, no hay que estar poniéndolo en escena como si fuese una demostración o una actuación. Mis estudiantes siempre me responden que es que nunca lo habían visto de esa manera y siempre termino dándole varios minutos para que comprendan el quid de la cuestión. Esa idea de que hay que encaramarse en una barra en ropa interior cara es una manera más del patriarcado de mantenernos en nuestro rol de objeto pasivo (que consiente a cosificarse y sexualizarse bajo los términos establecidos) en vez de sujeto activo que no necesita ninguna validación externa para sentirnos realizadas.

Volviendo al vómito feminista en Ontario, Canadá: el comité organizador del evento escuchó la queja de la organización anti-violencia, pero en vez de acogerla, redoblaron su postura argumentando que el «pole dance» “era una manera de que las mujeres participen en un ejercicio que es empoderador, que las hace sentirse realizadas y que es saludables para ellas.” Todo muy bonito. Pero la realidad sigue siendo que el baile en barra (que han querido rebautizar como “ejercicio en barra”) tiene su auge a partir de la creación de los club de strippers. Y los clubs de strippers surgen del deseo de muchos hombres a través de la historia de pagarle dinero a mujeres y niñas pobres para que se desnuden y les bailen sugestivamente para su placer sexual y egoísta. Querer argumentar lo contrario es distorsionar la historia. (Algunas personas alegan que es una práctica muy antigua originaria de China… pero seamos honestas, ¡el patriarcado no ha popularizado los bailes del tubo porque quiere que aprendamos sobre tradiciones centenarias asiáticas!)

Declara el grupo de mujeres London Abused Women’s Centre, en su carta explicando su negativa a participar en el evento si el comité organizador permitía la demostración de baile de barra que “el baile viene de los club de strippers donde las mujeres -sea por “decisión propia” o no-, son sexualizadas y cosificadas por hombres. Las miran lascivamente, son tocadas por hombres que las ven como un objeto para su propia gratificación sexual. Las mujeres y niñas también son traficadas para que bailen en los clubs de strippers y otras áreas de la industria del sexo. El «pole dance» no puede ser separado de esta historia y contexto. El símbolo de la barra es un símbolo de cosificación y violencia contra las mujeres. Es por eso que, aunque este baile puede ser empoderador para algunas mujeres individualmente, no lo es para las mujeres como clase social. Es un recordatorio de que nuestro rol primario es ser relegadas a ser objetos para ser usadas y abusadas por hombres y demás, cuando les dé la gana.”

En el análisis se acusa al Centro por oponerse, pero no se cuestiona la decisión del comité de invitar al grupo de baile ni lo sensato que sería tener una demostración de baile en un evento lleno de sobrevivientes; muchas de ellas sobrevivientes de la industria del sexo y la trata

En el debate que suscitó la controversia, los medios de comunicación preguntaron a varias expertas en temas de género que piensan del asunto. . Me pregunto si fue un error porque al final terminaron haciendo análisis inverosímiles. La directora de Educación en el Centro de Atención al Abuso Sexual Annalise Trudell dijo sentirse preocupada por la retórica que se opone a la danza en barra porque quienes se resisten “están siendo dogmáticas”, e impiden un importante debate comunitario. Dice Trudell “esto se ha convertido en un debate político. No hemos decidido nada, pero ellas (la directiva de London Abused Women’s Centre) han tomado una decisión muy firme y están creando divisiones. Podemos tener diferencias pero todas deberíamos unirnos y apoyar a todas las mujeres durante el evento. Están juzgando las decisiones individuales de mujeres y eso ha personalizado el debate.” Observen cómo en el análisis se acusa al Centro por oponerse, pero no se cuestiona la decisión del comité de invitar al grupo de baile ni lo sensato que sería tener una demostración de baile en un evento lleno de sobrevivientes; muchas de ellas sobrevivientes de la industria del sexo y la trata.

La agencia decidió boicotear todo el asunto y eventualmente el comité organizador decidió des-invitar el baile en el evento por la controversia. Pero aún así defendió hasta el final su decisión de invitarlo y declaró “Aunque reconocemos que este baile tiene sus raíces en la trata de personas, también queremos reconocer que las mujeres tienen que tomar decisiones difíciles en el contexto de la opresión. El baile en barra puede ser reinterpretado y re-identificado como una forma de empoderamiento sexual con determinación.”

Esta declaración es muy astuta en su construcción. Fijaos cómo inician con un análisis sistemático (“tienen sus raíces en la trata de personas”) lo cual permitiría un debate sistémico a las circunstancias estructurales en las que se manifiesta el patriarcado como sistema de opresión, pero inmediatamente se convierte en un análisis individual (“las mujeres tienen que tomar decisiones”) lo cual coloca al lector en la posición de que si cuestionamos el baile, se implica que estamos cuestionando las decisiones individuales de las mujeres. También ausente en esta maniobra de la lógica está el rol más importante:el de los hombres que son quienes se benefician no solo del patriarcado sino también quienes tienen suficiente poder para decidir el tablero del cual las mujeres “seleccionaremos” nuestras decisiones más viables.

También ausente en esta maniobra de la lógica está el rol más importante: el de los hombres que son quienes se benefician no solo del patriarcado sino también quienes tienen suficiente poder para decidir el tablero del que las mujeres “seleccionaremos” nuestras decisiones más viables.

Vuelvo a preguntar, ¿por qué nunca vemos a los hombres como clase social “expresando su libertad sexual” bailando en una barra? Porque no lo necesitan. Los hombres (sexualmente activos y no-asexuales) no tienen que demostrarle que están empoderados sexualmente de ninguna manera a nadie; simplemente lo están. Somos las mujeres a quienes nos venden esa idea de que el “empoderamiento” es sinónimo de sufrimiento, de subyugación y de demostraciones públicas de nuestras inseguridades más arraigadas. Somos las mujeres las que somos socializadas a ponernos capa tras capa de maquillaje para cubrirnos la cara “porque lo valemos”. Somos las mujeres las que año tras año somos socializadas a comprar cremas blanqueadoras para alimentar una industria sexista y racista para que incluso nuestras zonas más íntimas puedan ser “relucientes y translúcidas”. También es a las mujeres a quienes nos enseñan que cortar pedazos de nuestros labios menores completamente normales y funcionales puede ayudarnos a “recuperar nuestra autoestima y confianza en nosotras mismas” … como si no fuese el mismo patriarcado que nos metió en la cabeza que son defectuosos y así ha aniquilado nuestra confianza y autoestima a través de miles de años.

Si, el patriarcado como sistema opresor inteligente al fin, no justifica su existencia diciéndote “eres bien fea y nadie nunca tan va a querer porque eres una aberración” (…bueno, no tan abiertamente) se justifica a sí mismo bajo el eslógan de que todas sus prácticas y perversiones “son para empoderarte» porque tú lo vales.

Al patriarcado le encanta que nos empoderemos bailando en una barra. Como si fuese un maestro invisible quien ha pasado año tras año enseñándonos a bailar. Con la frustración y la esperanza de un mentor que está dispuesto a trabajar con nosotras hasta el final para acabar con lo que considera nuestras fallas de principiante pero que en realidad son nuestros intentos de escapar de su tóxico yugo. Y cuando nosotras mismas nos memorizamos el libreto y la coreografía, subimos a nuestra barra, peleamos y excluimos a mujeres que han dedicado su vida a erradicar la violencia contra las mujeres y niñas (porque ellas no quieren celebrarnos el bailecito) y justificamos nuestra propia opresión… el patriarcado como maestro se siente orgulloso.

Orgulloso de que la aprendiz es ahora la maestra de baile. A partir de ahora las clases las puede dar ella, bajo el lenguaje de empoderamiento simulado bien internalizado y el patriarcado queda libre; libre para encontrar otra manera de oprimirnos y libre para disfrutar la función.

 

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