Abuso sexual intrafamiliar: cuando lo familiar se vuelve peligroso

 

Las encuestas internacionales, declaran que el 80% de las personas, ante la percepción de un peligro, recurrirían a su familia o a su hogar como refugio y protección. Sin embargo, para las niñas/niños y para las mujeres, el hogar y el ambiente familiar, son lugares en los cuales es más probable que sean víctimas de violencias, malostratos y delitos relacionados con su integridad sexual.

El abuso sexual intrafamiliar, está considerado uno de los delitos más traumáticos para las víctimas, puesto que a la violencia del hecho en sí, se agrega el carácter sorpresivo e inesperado de los acontecimientos, la ruptura de vínculos hasta ese momento de afecto y la destrucción de la percepción de lo familiar como un sitio de resguardo.

En el 90% de las veces, el abuso sexual intrafamiliar carece de lesiones y/o marcas…

En la constitución de una víctima de abuso sexual, el género es un factor determinante en general y en el marco de la familia en especial. Los dos factores que favorecen este delito son (en el mismo orden):

  • La edad
  • El género

Aunque las costumbres sociales y culturales tienden a extremar la protección frente a personas extrañas, el delito sexual intrafamiliar tiene una alta frecuencia (casi dos-terceras partes de los asaltos sexuales son cometidos por alguien conocido por la víctima[1]), un estudio[2] del Secretario General de Naciones Unidas (ONU), concluye que “…Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada, forzada a mantener relaciones sexuales o ha sido víctima de otros abusos durante su vida, y, por lo general, quien la ha maltratado ha sido alguien conocido por ella…” . Los delitos sexuales intrafamiliares poseen además, el agravante de tener una alta cifra oculta ya que las víctimas no denuncian, ni en la justicia ni socialmente.

La falta de denuncia es una característica central de estos abusos de carácter incestuoso. Los motivos son múltiples, y entre ellos podemos mencionar:

-La familia es un sitio con características de endogamia que favorece el secreto y la privacidad.

-La víctima de un delito sexual intrafamiliar teme no ser creída porque además, carece casi siempre de testigos.

-La víctima se avergüenza de lo sucedido y se auto inculpa creyendo que hubiese podido hacer “algo más” para evitarlo.

En el 90% de las veces, el abuso sexual intrafamiliar carece de lesiones y/o marcas, ya que el agresor se acerca de modo “amoroso” y “afable” (factores que aumentan la confusión de la víctima)

-En la mayoría de los casos, el entorno familiar tiende a no creer o a minimizar los hechos.

-La presión del entorno familiar es muy fuerte para evitar la denuncia y la judicialización.

-El perjuicio contra el agresor a veces pasa a ser un “tema de familia” en el cual todos se sienten “mancillados” y comprometidos en el nombre y apellido familiar, motivo por el cual, se evita dar a conocer el delito.

-La ruptura de vínculos y la reorganización familiar resultante, hacen que a veces se considere que será peor denunciar que “pasar página”.

Estas y varias razones más, hacen que en la mayoría de los casos se considere que al romper el vínculo con el agresor, se podrá dar “solución“ a los hechos. En esta última opción, lo que la víctima y su familia no sabe (o no puede ver) es que de este modo se contribuye no sólo a su impunidad, sino a la posibilidad de la repetición de los hechos. Los estudios internacionales demuestran que un agresor sexual intrafamiliar, jamás asalta a una sola víctima de su entorno, sino que replica y repite (favorecido por la impunidad del silencio y el “secreto de familia”) el mismo hecho a lo largo de los años y con varias víctimas del medio familiar, a quienes frecuenta y con quienes permanece en contacto y por lo mismo, a quienes puede reiteradamente acosar.

-Características siempre presentes en el abuso sexual intrafamiliar[3]:

En los casos de abuso sexual intrafamiliar, se observan siempre presente todas o algunas de las siguientes características:

-La asimetría jerárquica entre víctima y agresor: el victimario ejerce una posición de poder con referencia a su víctima, expresada entre otras causas, por su edad y la posición jerárquica[4] que ocupa en la familia. Por este motivo y otros que se asocian, la víctima siempre está en una posición de vulnerabilidad ya sea transitoria o permanente. Esta vulnerabilidad obedece no sólo a esta asimetría jerárquica pre establecida, sino que puede ser además, el resultado de un estado de ánimo, una situación vivencial especial o alguna minusvalía psíquica o física por la que esté atravesando. Circunstancias de las que siempre el abusador se aprovecha.

-La confianza y cercanía entre víctima y victimario, el hecho que la agresión provenga de una persona conocida, con vínculos de afecto y presente en el ámbito familiar, impedirá que la víctima esté a la defensiva o en estado de alerta para defenderse y/o huir. El hecho la sorprenderá, la invadirá y por lo mismo, no podrá reaccionar de la misma forma que tal vez hubiese podido hacerlo con un desconocido en un escenario adverso que implicaría a priori “cuidarse” (de noche, en sitios solitarios, etc.)

La cualidad de la asimetría jerárquica entre víctima y victimario, hace que el asalto posea un doble impacto que profundizará el trauma puesto que la posición de poder y la dominancia, harán que la víctima piense que no será creída en su relato y que por lo mismo no será posible la retaliación contra el victimario. A su vez, la dominancia del agresor, le otorgará poder sobre la víctima y aumentará el sentimiento de vulnerabilidad.

La confianza y cercanía entre víctima y victimario, profundizarán el sentimiento y la situación de desvalimiento porque los hechos son inesperados, sorpresivos y por lo mismo, traumáticos y paralizantes. Ver de repente a una persona cercana y ligada por vínculos afectivos, convertirse en alguien que daña, invade y violenta, produce angustia confusional e imposibilidad de procesar lo ocurrido para comprender qué sucedió. Este estado confusional, que forma parte de lo imprevisto previo y durante la agresión, permanece luego como parte de la sintomatología que acompaña al trauma. Por lo mismo, y como la víctima no podrá reaccionar de forma drástica y contundente contra su agresor, se incrementará su sentimiento de culpabilidad pensando que “hubiese podido hacer algo más”, y/o “impedir que el hecho sucediese”.

Es importante destacar, tal como lo consideran los estudios específicos y se refleja en el Convenio de Estambul[5], que una mujer víctima de un asalto sexual en el marco de su familia, se ve envuelta en un hecho violento contra su libertad, su integridad sexual y su dignidad personal, hecho que la avergüenza, la sorprende y para lo cual está desprevenida y minimizada su capacidad de reacción y defensa. Por otra parte, psicológicamente, cualquier hecho que invada de forma violenta (contra su voluntad) la intimidad sexual, posee un mismo impacto para la víctima ya que la psiquis imagina siempre el “peor“ desenlace y el más extremo. Ella no sabe hasta dónde será capaz de llegar el agresor, es algo que no conocerá hasta que el ataque termine. Esto hará que el sufrimiento psíquico establezca una herida que en un primer momento será igual para cualquier agresión sexual. Luego, al procesar la realidad, la víctima verá -y comprenderá- racionalmente cuán grave ha sido el ataque y en el proceso hacia su recuperación, tal vez podrá ver aliviados sus síntomas.

En el marco de una agresión sexual intrafamiliar, es significativa la influencia de situaciones de estrés adicionales (como consecuencia de la revelación del abuso) sobre la estabilidad emocional de la víctima. En concreto, la posible ruptura con esa parte de la familia, supone un coste emocional y de adaptación importante; también la implicación en un proceso judicial (con las posibles consecuencias penales para el abusador) son algunas de estas situaciones. Respecto a la judicialización de este delito, los juicios largos, las testificaciones reiteradas y los testimonios puestos en entredicho suponen una victimización secundaria y ofrecen también un pronóstico desfavorable para la recuperación psicológica de la víctima.

 

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[1] Estadísticas procedentes del Centro para la Prevención y Control de Enfermedades, 2010 & el Departamento de Justicia, 2010, U.S.A
[2] A/61/122/Add.1 y Add.1/Corr.1. “Estudio a fondo sobre todas las formas de violencia contra la mujer” (2006)
[3] En este texto, y para facilitar la lectura, se incluye al incesto en esta denominación, aunque destacamos que la victimización es distinta.
[4] Jerarquía establecida y ponderada siempre por la edad y el sexo/género de la víctima.
[5] Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica, hecho en Estambul el 11 de mayo de 2011.

 

 

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