180 días de violencia contra una mujer política

 

Dilma-RousseffEl 18 de abril comenzó el juicio político a Dilma Rousseff, comenzó una persecución por su condición de mujer y de política.  Las acusaciones contra ella a día de hoy no han podido ser probadas, pero ha existido una unidad contra ella nunca vista en el parlamento brasileño. El uso indecente del trámite que recoge la Constitución brasileña para destituir a un presidente ha supuesto un acoso y derribo de la primera presidenta mujer del país. El resultado final de la “sentencia” contra ella pone de manifiesto que el fin último era apartarla de la presidencia y los argumentos para ello, ni tienen la entidad suficiente para haber provocado esta crisis institucional ni  una ruptura social tan grave.

El vergonzoso linchamiento político contra la ex presidenta de Brasil es un claro ejemplo de violencia de género. Muchas y muchos nos hemos preguntado si lo que ha ocurrido Dilma hubiera sido igual si ella fuera un hombre. No, un no rotundo  viene a mi cabeza y a mi corazón viendo, desde la distancia y a través de los medios de comunicación los meses de investigación sufridos por esta desde hace meses.   Un hombre probablemente no hubiera sufrido el escarnio público y las faltas de respeto que hemos visto contra la presidenta. El intento de desprestigiarla en su labor política por su condición de mujer ha llenado páginas de medios de comunicación y las redes sociales han sido un reflejo del machismo más cutre y reaccionario para dañarla como mujer y como política.

La respuesta a la pregunta de que si hubiera sido un hombre esto no hubiera ocurrido, al menos no de esta forma,  se sustenta en muchas razones. Las lealtades del patriarcado dentro de los niveles de poder político y económico cierran filas frente a un ataque como este.

La respuesta a la pregunta de que si hubiera sido un hombre esto no hubiera ocurrido, al menos no de esta forma,  se sustenta en muchas razones. Las lealtades del patriarcado dentro de los niveles de poder político y económico cierran filas frente a un ataque como este. Dilma probablemente confió demasiado en sus allegados pues, estoy convencida, sus prioridades no eran tener un dossier de cada uno de sus “amigos” y enemigos políticos, ella, nosotras, cuando tenemos poder para cambiar las cosas nos dedicamos a ello al cien por cien.

Existe además una diferencia de Dilma con otras jefas de estado, ella es “respondona”,  como el obispo de Lima hace unos días describió a varias ministras del nuevo gobierno peruano. Para el más rancio y retrógrado patriarcado la combinación perfecta para reaccionar y destruir es, no sólo tener una mujer con poder en frente sino que además sea feminista, femenina  y que se encargue de recordarlo siempre que tiene oportunidad de hacerlo.

La violencia de género que sufren las mujeres políticas por el hecho de ser mujeres y dedicarse a la política es una realidad en todos los lugares del mundo. Será más o menos sutil, pero es una realidad. La destitución de Dilma es el intento de destruir a las mujeres necesarias en política.

Dilma ha roto esquemas en la manera de hacer política y esto no ha gustado nada al machismo y el patriarcado más recalcitrante que tienen en la política un espacio idóneo para sacar lo peor de ellos. Poder y machismo es una combinación explosiva, y el ejemplo lo hemos visto en Brasil. La violencia de género que sufren las mujeres políticas por el hecho de ser mujeres y dedicarse a la política es una realidad en todos los lugares del mundo. Será más o menos sutil, pero es una realidad. La destitución de Dilma es el intento de destruir a las mujeres necesarias en política.

No nos sirve sólo que cada vez más mujeres participen en política, no nos sirven datos de porcentajes de participación, no nos sirven solamente ejemplos de mujeres con poder, necesitamos mujeres feministas, que realmente estén empoderadas no sólo que tengan poder, entendido por ocupar un puesto de representación política u orgánica en sus partidos políticos. Yo no quiero jefas de estado como Ángela Merkel que tanto el continente como el contenido son ejemplo de cómo seguir haciendo política como siempre, como la han venido haciendo los hombres, sea cual sea su ideología política. Desgraciadamente todavía tendrá que haber más Dilmas, su caso ha recordado tiempos pasados, sólo les ha faltado gritar “a la hoguera” como en los mejores tiempos de la Inquisición,  pero su ejemplo de lucha y resistencia es parte de nuestra historia presente, no nos quieren con poder pues podemos cambiar la política y cambiaríamos su estatus pero seguiremos siendo “respondonas”.

 

 

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