Mucho más que “nuestras chicas”

Mucho más que “nuestras chicas”

 

Pierre de Fredy, barón de Coubertin, fue el restaurador de los Juegos Olímpicos, o el creador de los Juegos de la Edad Moderna. Nació en 1863 en París y murió en Ginebra el 2 de septiembre de 1937. El 6 de abril de este año se cumplieron 120 años de la celebración de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna.

El hombre más importante de la historia del Olimpismo ha sido sin embargo el más ferviente opositor a la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos. Entre sus inolvidables “aportaciones” destacan: El deporte femenino no es práctico, ni interesante, ni estético, además de incorrecto”; “Estimamos que los Juegos deben estar reservados a los hombres. ¿Es posible aceptar que las mujeres participen en todas las pruebas? No. Entonces ¿por qué autorizarlas a hacerlo en algunas y prohibirlas en otras?”; “El papel que la mujer debería desarrollar en los Juegos es el mismo que habrían desarrollado en la Grecia Antigua: coronar a los vencedores”.

En los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia las mujeres tenían prohibido competir y en la mayoría de los casos, ni siquiera podían acudir a presenciar las pruebas. Los atletas competían prácticamente desnudos, y el argumento de la época para prohibir la asistencia femenina es que podían comparar los cuerpos de los atletas con los de sus maridos.

En la Carta de la Reforma Deportiva, publicada el 13 de septiembre de 1930, en Ginebra, cuando ya las mujeres habían debutado olímpicamente en atletismo, una de sus propuestas es claramente contraria a la incorporación de las mujeres: “Supresión de la admisión de mujeres en todos los concursos con participación masculina”.

 

Charlotte Cooper2En los primeros Juegos Olímpicos modernos no hubo presencia femenina, pero  sí en los segundos, disputados en París. Las mujeres compitieron en golf y en tenis. La  primera campeona olímpica de la historia fue la tenista Charlotte Cooper.

Todo esta historia suena muy lejana, aunque si se observa el tratamiento que se le ha dado en  la mayoría de los medio de comunicación a los éxitos de las mujeres deportistas en estos Juegos Olímpicos de Rio, da la sensación de que seguimos en el siglo de Coubertin.

A pesar de que en los Juegos Olímpicos de 2016 casi el 50 por ciento de las deportistas fueron mujeres y de los impresionantes logros deportivos que han conseguido, muchos de los medios se niegan a reconocerlas.

Las deportistas mujeres que forman parte de un equipo siempre son “nuestras chicas”; son las que se divierten jugando; además son amigas y tienen “buen rollito”; nunca son tratadas como profesionales deportistas de élite. Las mujeres que compiten en deportes individuales nunca se llevan el mérito deportivo ellas solas, siempre hay un entrenador: un hombre maravilloso que las rescata para convertirlas en campeonas, como hemos podido leer en la prensa especializada en estos días después de las medallas conseguidas por Mireia Belmonte o Carolina Marín, entre otras.

Se les pregunta por su vida privada; si son madres; si tienen novio: un tratamiento que de ninguna manera se les da a los hombres.  Las mujeres deportistas además tienen que ser sensibles y bellas.

Los hombres tienen mucho más espacio y tiempo en los medios de comunicación. Reciben adjetivos muy distintos: son fuertes, rápidos, impresionantes, mientras que en ellas se destaca la edad, si es madre, si está soltera y por supuesto su aspecto físico y su sensibilidad y simpatía.  Estos datos los corrobora un estudio de la Universidad de Cambridge, y no hacen más que certificar el machismo que aún está presente en el ámbito deportivo; un extremo que está siendo especialmente palpable en el tratamiento de la información de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Éstos son algunos de los ejemplos llenos de sexismo:

“El trío de las gorditas roza el milagro olímpico”  fue el titular de diario italiano QS Quotidiano Sportivo, refiriéndose a las componentes del equipo de Tiro Olímpico italiano que obtuvo la cuarta plaza en Rio 2016.

El twitter de Marca y sus iconos de hamburguesas y patatas fritas  para referirse a la portera de la selección de Angola de Balonmano, Teresa Almeida.

-Para la cadena NBC Hosszu, la nadadora que batía récord mundial, lo hacía  “gracias a su marido”

El titular de Marca que posteriormente retiró debido a la presión en las redes sociales: “Rivas, el hombre que convirtió en oro las rabietas de Carolina”. Este titular no tiene desperdicio. Rivas, es el apellido del entrenador, Carolina a secas, ella, la que tiene rabietas, pero por suerte hay un hombre en su vida que la pone en el camino correcto.

O este otro en el que como no hay hombres de por medio para atribuirles el éxito el titular es “David Bisbal protagonista de la semifinal de gimnasia rítmica”, simplemente porque una de las deportistas utilizó una canción suya. Sin embargo, la gimnasta española Carolina Rodríguez que compitió con una canción de Diana Navarro, no ha tenido ninguna trascendencia.


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La referencia a las mujeres deportistas en los medios de comunicación sigue estereotipos sexistas, y con frecuencia realza sus cualidades como mujer, y en menor medida, sus cualidades como deportista. España ha conseguido en estos Juegos 17 medallas de las cuales 9 han sido para mujeres y 8 para hombres.


¿Por qué pasa esto con el deporte femenino?  Porque es el reflejo de la sociedad.

La situación de la mujer en el deporte no es independiente de su situación en los diferentes ámbitos sociales: cultural, laboral, económico y político. Sin embargo la capacidad del alto rendimiento de las mujeres en el deporte, es evidente. Según los datos del Consejo Superior de Deportes (CSD) las mujeres con menos representación en el alto rendimiento, obtienen resultados proporcionalmente mejores que los hombres.

Las mujeres españolas ocupan solamente del 10 por ciento de puestos con capacidad para tomar decisiones en el deporte. Incluso todavía existen federaciones en las que la mujer no tiene ninguna representación en los equipos directivos.

Coubertin se me antoja lejos, pero nos queda mucho camino por recorrer…

 

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