Los ofendidos

gallo-tribuna-feminista

“Pero… si yo no le voy a hacer nada, ¿por qué acelera el paso?” “Pero… ¿y los hombres maltratados?” “Pero… claro ellas tienen más días de baja por maternidad” “Claro mucho pedir ganar más dinero pero ninguna pide trabajar de albañil”… y así ciento.

Los hombres ofendidos. Ofendidos porque cuando una mujer va sola por la calle, en muchas ocasiones, siente miedo. Miedo inculcado, miedo con el que se adoctrina a las chicas, miedo que se muestra en la televisión a través de crímenes contra adolescentes, miedo que transmiten padres y madres con la frase “¿vas a salir así? Ten cuidado que hay mucho loco suelto.”. Es un miedo en el que se acostumbran a vivir, mientras nosotros, hombres, salimos sin preocuparnos de la hora de llegada, de las calles menos iluminadas, de los posibles violadores, de las agresiones físicas o verbales, porque, no nos engañemos, ningún chico adolescente heterosexual sabe que se siente cuando tres personas te acorralan en una esquina de un bar para “invitarte” a una copa, para decirte lo guapa que eres, aunque no quieras oírlo, para acariciarte la cara, porque piensan que necesitas su cariño.

Entonces, nos ofendemos. Decimos que una mujer es borde porque no acepta una copa, decimos que es una estrecha porque mantiene una distancia en la conversación o decimos que es una loca por salir corriendo cuando nosotros, andamos tres metros por detrás de ella.

Y volvemos a darle la vuelta. En una sociedad en la que la en educación no existe la equidad ni la igualdad, en la que los mayores privilegios nos los conceden a nosotros, decidimos ofendernos porque por una sola vez, no conseguimos lo que queremos.

¿Ofendidos? Vergüenza deberíamos de sentir porque existan personas que no puedan volver a casa solas por ese miedo, porque se priven de salir a correr por el parque por lo que un hombre pueda hacerles, porque en una noche de fiesta no puedan expresarse libremente por si algún hombre decide que esa libertad y desinhibición significa que tiene “vía libre”..

Quizás ha llegado el momento de asumir nuestros errores. Comenzar a cambiar las cosas y dejar de inculcar miedos para educar en el respeto.

¿Ofendido? Sí, por nosotros, no por ellas.

 

 

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