¿Por qué es una buena noticia que Reino Unido tenga una mujer como Primera Ministra?

Desde el pasado miércoles, Theresa May se ha convertido en primera ministra británica, sustituyendo a David Cameron después de que los resultados del referéndum del Brexit pusiesen patas arriba el panorama político del país. May se convierte así la segunda mujer en dirigir el Reino Unido, después de que Margaret Thatcher lo hiciese durante once años entre 1979 y 1990. Será, pues, una mujer la encargada de dirigir el país durante uno de los momentos más cruciales de su historia reciente. ¿Por qué es relevante el género en este contexto? Más allá de tipo de políticas o de la gestión del Brexit que termine llevando a cabo el gobierno de May, su rol como mujer en un puesto de poder puede afectar positivamente a la percepción de las mujeres en la sociedad, así como a cerrar la brecha de aspiraciones por sexo entre los más jóvenes.

Foto: Policy Exchange, vía Flickr

Reino Unido se trata de un país con baja representación femenina en el parlamento: en la Cámara de los Comunes, las mujeres no llegan al 30%. Además, su sistema electoral, basado en circunscripciones uninominales, dificulta la presencia de mujeres candidatas. En este contexto, el componente simbólico de una mujer primera ministra podría ser importante a la hora de normalizar la presencia de mujeres en puestos de poder, contribuyendo a aumentar la presencia femenina en la política a medio plazo. En un experimento realizado en la India, país con un sistema electoral similar al británico, se encontró que la presencia de mujeres en cargos de responsabilidad en un momento determinado del tiempo aumentaba el número de mujeres que se presentaban como candidatas posteriormente, así como sus posibilidades de ser elegidas.

La presencia de mujeres en política es algo que afecta a la imagen que los votantes tienen sobre las mujeres en general, y que tiende a mejorar la percepción sobre su capacidad y competencia, ayudando a luchar contra estereotipos de género tanto en la esfera pública como en la privada.

El acceso de mujeres a puesto de poder tiene, además, un efecto positivo a largo plazo. Las políticas pueden actuar como role models sobre las futuras generaciones, influyendo en las aspiraciones profesionales de las adolescentes y contribuyendo a cerrar la brecha de género existente en este aspecto. Además, la presencia de mujeres también tiene un impacto en que las adolescentes tiendan a ser más políticamente activas.

No faltan ejemplos en la práctica de las dinámicas de las que estamos hablando. El primero no es otro que la mujer con la que todo el mundo compara a May estos días: Margaret Thatcher. Es cierto que la dama de hierro se declaraba abiertamente contra el feminismo, pero pese a ello, hay quien la considera “un icono feminista a su pesar”. Es innegable que su presencia en la alta esfera política no sólo británica sino también europea tuvo un efecto de normalización, al mostrar al mundo que no existía incompatibilidad alguna entre ser mujer y poder ejercer un puesto de responsabilidad. Con Thatcher, ser primera ministra dejó de ser un trabajo para hombres: dirigir Reino Unido se convirtió en un trabajo al que las niñas también podían aspirar.

Como Thatcher, Angela Merkel es otra mujer que ha sido capaz de romper el techo de cristal que separa a la mayoría de las mujeres de las posiciones de poder. Una vez más, se trata de un efecto m´sa simbólico que sustantivo, y es que si bien la hemos visto recientemente abogando por medidas de igualdad en el G7, Merkel se ha mostrado reticente a auto denominarse feminista. A pesar de ello, los efectos de los que hablábamos siguen estando presentes: a día de hoy, gran parte de la población es consciente de que ha sido una mujer quien ha liderado una Europa principalmente masculina en tiempos de crisis.


Parece sensato pensar que, independientemente de las políticas llevadas a cabo por Thatcher o Merkel, ambas mandatarias han contribuido con su carrera de éxito en política a cambiar las actitudes y percepciones de la ciudadanía con respecto a las mujeres.


En ocasiones se oye hablar de que la inmensa infrarrepresentación femenina en política podría tener que ver con las preferencias, capacidades o diferencias de comportamiento de las mujeres. Aunque estas percepciones puedan tener algo de verdad, corren el peligro de actuar como profecía auto cumplida, inculcando un modelo de acción que cree o refuerce artificialmente un conflicto entre la condición de mujer y la ambición o aptitud necesaria para acceder a puestos de responsabilidad. De esta forma, la presencia de mujeres en política puede afectar a nuestras percepciones de la capacidad de las mujeres, del papel de la mujer en la sociedad o de la existencia de ocupaciones típicamente femeninas y masculinas.

‘Si quieres algo dicho, pídeselo a un hombre. Si quieres algo hecho, pídeselo a una mujer’, decía Thatcher. Tal vez por ello, el Partido Conservador británico haya elegido a May, para dejarse de palabras alrededor del Brexit y comenzar a gestionar la salida de Reino Unido de la UE. Resulta imposible predecir cómo llevará a cabo esta tarea, para la que no hay precedentes. Lo que sí sabemos es que la elección de May como primera ministra puede contribuir a que la política sea menos percibida como un mundo de hombres; uniéndose a mujeres como Angela Merkel, Hillary Clinton, Erna Solberg o Helen Clark en recordar a la sociedad, presente y futura, que gobernar el mundo también es cosa de mujeres.

 

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