Machismo ordinario por convicción

Aprovechando la buena acogida de la campaña preventiva de Pamplona, el ayuntamiento de Tarragona lanzó la campaña “Respétame”, que salió a la calle bajo el lema “sólo el sí, es sí” con el objetivo de prevenir el acoso y las agresiones sexuales en las fiestas locales. El mensaje es claro: el respeto y el consentimiento son claves para las relaciones libres.

Parece que esto les molesta a algunos, que se empeñan en mover el foco hacia las circunstancias en las que se producen estas agresiones (consumo de alcohol y drogas, entornos de ocio, descontrol, etc.) o directamente acusan a las mujeres, a quienes piden explicaciones por dar respuestas confusas o no ser suficientemente claras en la negativa.

El jueves, el director del Diari de Tarragona, Josep Ramon Correal, dedicó su editorial a dicha campaña. Utilizó  ese preciado espacio en papel a cuestionar la violencia sexual y en poco más de 150 palabras esgrimió todos los argumentos del perfecto machirulo.

Correal dice “el problema está notablemente en que el ocio nocturno suele estar bien regado de alcohol, un desinhibidor capaz de hacer muchas travesuras”. Pues mira, no. El problema es una cultura patriarcal que sostiene y fomenta la violencia sexual. El patriarcado teje un violento mapa contra las mujeres (y aquellas personas que disienten del modelo hegemónico heteropatriarcal), y lo puntea cosificando los cuerpos femeninos, vendiéndolos como accesibles, significándolos como trofeos de guerra, ninguneando a las mujeres en el mercado laboral y académico, explotándolas en el doméstico, etc.

El director de este diario continúa defendiendo que la esencia de la conquista amorosa es “mucha perseverancia”. No señor, eso es acoso. Después, remata su alegato diciendo que si “sólo el sí es sí, pondremos en peligro el futuro de la raza humana”. Erra de nuevo, porque lo que se pone en peligro es un sistema patriarcal, desigual, injusto y mortal para las mujeres.

Por si quedaba alguna duda sobre su posicionamiento dice que “en el amor, como en el marketing, la venta comienza cuando te dicen no. Siempre con señorío. Eso sí”. Supongo que para los seguidores de Don Juan y sus cortejos, lo del señorío anula cualquier sospecha de acoso o violación, porque en su imaginario la violencia es un tema de clase (baja) y no se da en las altas esferas, así que eliminemos de nuestros archivos los escándalos de Strauss-Kahn o de los jugadores de la selección.

Su mensaje incendió las redes sociales, y se vio obligado a pedir disculpas, pero lo hizo con la boca pequeña, y eso se nota. En un tono socarrón dice “hice un comentario antiguo en un contexto muy susceptible”. Su ceguera es tal que no quiere ver que no es cuestión de susceptibilidades, sino que hoy, igual que 40 años atrás, el machismo mata, y la apología de la violencia sexual sólo puede situarle del lado de los verdugos.

Todos los informes corroboran el impacto de la violencia machista a nivel mundial y los medios de comunicación así lo recogen. Los datos de violencia sexual son contundentes. La encuesta sobre violencia machista de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA) revela que en la UE[1] una de cada 20 mujeres (5%) ha sido violada y que el 18% de las mujeres han sido objeto de acoso. Pero las agresiones no se limitan al espacio público, tal y como recoge la  Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015, en España, el 8,1% de las mujeres de 16 y más años ha sufrido violencia sexual por parte de alguna pareja o ex pareja en algún momento de su vida.

Ante la violencia de género nadie puede quedarse al margen, porque cuando la estructura permite y fomenta la violencia sexual no sólo victimiza a las mujeres en el momento del incidente, mientras deja impune (y/o recompensa socialmente) al agresor, sino que además incrementa la probabilidad de revictimización. Según la encuesta de la FRA el 30% de las mujeres que han sido víctimas de agresiones sexuales por parte de su pareja actual o de las anteriores habían sufrido también violencia sexual en la infancia.

En los últimos años, la información en los medios no se limita a la crónica de sucesos sino que se amplían informaciones sobre cómo la violencia machista estructural limita la libertad de las mujeres en todos los espacios, también en nuestras calles. Los sanfermines no son una excepción, y las instituciones tienen que tomar cartas en el asunto: estudiar el fenómeno, perseguir a los agresores, proteger a las víctimas y garantizar la libertad de las mujeres.

Le imagino, señor Correal, leyendo los tweets y datos sobre violencia machista con la misma cara que Marty McFly (de Regreso al Futuro II) cuando viaja de 1985 a 2015… Créame, estamos en el siglo XXI, el donjuanismo es un trastorno de la personalidad, y Don Juan  nos queda un par de siglos atrás. Es este machismo ordinario el que sustenta la desigualdad y la violencia contra las mujeres.

Los medios también tienen su parte de responsabilidad, así que, por favor, señor Director no defienda la violencia de género desde su periódico, porque es una irresponsabilidad. Así que si no lo hace por convicción, hágalo por ética periodística.

 

 

[1] Se les preguntaba sobre victimización sufrida a partir de los 15 años de edad

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