¡La madre soy YO!

Mi marido y yo, vivimos el proceso de idoneidad tanto de adopción internacional como de acogimiento permanente. En ambos procesos se pasan una serie de pruebas psicológicas, sociales y un curso de unas veinte horas. Lo más importante de ambos procesos es la aceptación del derecho de la persona adoptada a conocer su origen. Y a tratar con total normalidad en la relación de los futuros adoptantes con su futuro hijo/a en el día a día la necesidad de hablar sobre los progenitores biológicos, evitando que se forme un nudo en el interior del/de la menor sobre su pasado y por lo tanto una distancia en la familia adoptante por la falta de comunicación, marcando toda la relación entre adoptantes y adoptados, acogedores y acogidos.


Hoy, los estudios de psicología demuestran que no revelar el origen produce efectos perjudiciales en la persona y genera una brecha de desconfianza entre padres/madres e hijos/hijas adoptivos.


En España desde que se aprobó la Ley de Adopción internacional el 28 de diciembre de 2007 todo/a menor, incluso los concebidos por donación de gametos tienen derecho a conocer sus orígenes biológicos al alcanzar la mayoría de edad. Este derecho ya lo reconocía el Código Civil y al transferirse las competencias a las Comunidades Autónomas, estas, a su vez asumieron como fundamental.

La ley de Reproducción asistida es sumamente cuidadosa en la protección de los donantes de gametos, aun así la Constitución Española es clara en su artículo 39.2 “[…] La ley posibilitará la investigación de la paternidad”.


En 1999 el Tribunal Supremo dictaminó que el derecho a conocer la identidad del padre/madre biológicos está por encima del derecho que estos tienen a conservar su anonimato.


La nueva Ley de Protección de la Infancia que entro en vigor el pasado agosto de 2015, no solo reconoce el “derecho básico” a conocer los orígenes biológicos sino que lo facilita, para ello, la norma insta a las entidades públicas a asegurar la conservación durante al menos 50 años tras la adopción de la información que tengan del/de la menor, así como la historia médica del niño/niña y su familia. Es decir nuestras leyes responden a la importancia que ha tomado en los últimos años conocer los orígenes biológicos.

Os cuento todo esto para poneros en situación sobre lo fundamental que es para la formación de una persona el construir su identidad desde el conocimiento de su ascendencia y de su historia familiar.

Nosotros tenemos una foto tanto del padre como de la madre de mi hijo y de mi hija en sus habitaciones, hablamos cada poco sobre esto y asumimos con normalidad que en el futuro hasta puede que se encuentren si así lo desean.

En la primera entrevista con el psicólogo para la idoneidad, nos preguntó expresamente, «¿cómo vais a hacer para que vuestro futuro hijo o hija no asuma que sois los dos sus padres biológicos?»  Yo me quedé estupefacto y le respondí que sería fácil de explicar al ver que somos dos hombres y obviamente ninguno de los dos podía gestar y alumbrar, y que desde el primer día, aun así , seguiríamos las recomendaciones dadas por el bien del niño o niña.

Lo que a mí me parecía tan obvio a otros no lo es tanto.

Tras llegar a casa el niño y la niña, a los pocos meses nos invitaron a una fiesta de cumpleaños donde había otra pareja de padres gais. Como aun no somos muchos y era en una ciudad pequeña les asalté para que me comentaran su proceso, y sus anécdotas, para ver posibles situaciones que a ellos se les habrían aparecido y que a nosotros aun no…compartir experiencias, en definitiva.

Tras una adopción internacional fallida y al ver los rasgos del menor, les pregunte por su procedencia. Se pusieron de inmediato a la defensiva, avergonzados “lo trajimos de fuera”, yo que había leído sobre las adopciones en ese país me extraño, insistí, ¿adoptado? A lo que uno de los padres me espeto tajante, “la madre soy yo”, con cara de alucine lo único que pude contestar fue algo así como “qué manera más diferente de criar tenemos, para mi hablar de su madre es básico”. En ese momento se acabó la conversación y se alejaron de mí.


Cuanto más tiempo pasa, más orgulloso estoy de mi familia, honesta, sin temas tabú, de igual a igual, en la que tratamos a nuestro hijo e hija como personas con derechos, entre ellos el de conocer todo su pasado, su madre.


En el que gracias a pruebas psicológicas aceptamos que podíamos ser padres o tal vez no, porque ser padre no es un derecho, el derecho lo tienen los niños y niñas a encontrar una familia, en el que te enseñan que las personas no son de pertenencia de nadie, y en el que si quieren conocer a su otro padre y madre les acompañaré porque tengo confianza que la unión que se forma por el amor, es más fuerte que cualquier apellido, lazo genético o contrato.

 

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