Joana Biarnés … en clave de género

Joana Biarnés … en clave de género

Juana Biarnés © Juana Biarnés

Juana Biarnés © Juana Biarnés

En junio de 2016, el programa Imprescindibles de La 2, nos ha regalado una adaptación del documental de Jordi Rovira y Oscar Moreno (2015), ‘Joana Biarnés, Una Entre Todos’, en el que podíamos disfrutar de la personalidad y trayectoria de la que está considerada la primera fotoperiodista en España.

Esta catalana, nacida en Tarrasa en 1935, se inició en el periodismo fotográfico de la mano de su padre Joan Biarnés, con el que adquirió el oficio, practicando el oficio. Probablemente, ser primogénita en una familia sin varones, facilitó la cosa y nuestra protagonista desempeñó durante tres décadas su actividad en un ‘mundo de hombres’.

En los últimos años, asistimos a un merecido ‘revival’ de su vida y su obra, aunque todo lo que se está escribiendo adolece, en mi opinión, de integrar una perspectiva crítica pues de su biografía se deducen prácticas discriminatorias implícitas, pero innombradas. Quizá porque los discursos feministas, admitidos por corrección de ‘lo políticamente correcto’, se perciben como anacrónicos, incómodos o desfasados. Y, sin embargo, imprescindibles si queremos alcanzar una democracia completa. Sugerimos algunas pinceladas para examinar la trascendencia de las prácticas discriminatorias en la vida de las mujeres.

Formación acreditada, experiencia probada, a cambio de ninguna oportunidad de empleo

Joana Biarnés antes de obtener su título de periodista (1961) ya había publicado. En 1953 el Diario de Terrasa maquetó un reportaje fotográfico sobre el descubrimiento de unas cuevas en Sant Llorenç del Munt. Había cubierto con su padre decenas de eventos deportivos, soportando múltiples insultos machistas. Y había vendido una serie fotográfica por mediación del profesor Del Arco –Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona- Sin embargo, señala Joana, “Cuando acabé Periodismo, a mí se me cerraron todas las puertas de los periódicos. En algún sitio me dijeron: ‘Es que una mujer’… Esto no se ha visto nunca, ¿eh?» [Imprescindibles (2016): 16:45-16:50].

Vida profesional, decoro y honra

La admiración de Joana Biarnés por su padre, y maestro de oficio, además de un potente vínculo familiar-emocional, debe ser también examinado como un condicionante de socialización androcéntrica. Cuando Joana solicita permiso para trasladarse de Tarrasa a Barcelona, su padre la advierte:  – «Te entiendo perfectamente. Te entiendo perfectamente, pero te tengo que pedir un favor. Que no me hagas bajar nunca la mirada. Nunca me hagas bajar la cabeza«. La España de finales de los años cincuenta respiraba un orden social cargado de violencia simbólica para las llamadas a ser los ‘ángeles del hogar’ y todas aquellas personas ‘desviadas’ de un plan familista normativo y disciplinario estaban en el ‘punto de mira’. Por delante de la carrera profesional, lo más importante para una mujer era conservar ‘la honra’.

Actividad profesional

Cuando la mirada se entretiene en las fotografías de J. Biarnés se puede apreciar enseguida una exquisita sensibilidad por ‘lo social’. El reportaje que en septiembre 1962 realizó sobre la riadas del Vallés Occidental anticipa su interés y humanidad hacia aspectos imprescindibles de la vida humana. Su iniciativa frustrada, en 1985, de contribuir a la solidaridad terapéutica con los enfermos de cáncer describen su motivación última, sobre cómo entiende ella el oficio de la información.

Pero ¡no! Ni España, ni la prensa gráfica estaban preparadas para acoger la diferencia, menos aun si procedía del genio de una mujer. Para Joana Biarnés, Diario Pueblo -su primer destino como trabajadora asalariada- la asignó un puesto acorde a su estatus femenino: la sección de Sociedad. Realizó cientos de registros fotográficos sobre artistas, nacionales e internacionales, combinando capacidades y ‘don de gentes’. Siguiendo la sinopsis de la pieza audiovisual: Se coló en la suite de los Beatles, engañó a Roman Polanksi, fue fotógrafa de Raphael, escogió el vestido de Massiel para Eurovisión, Clint Eastwood besó sus labios. Fue amiga de Xavier Cugat, Joan Manuel Serrat, la Duquesa de Alba, Fernando Rey, el Cordobés, Lola Flores, Salvador Dalí…

Juana Biarnés, Salvador Dali, Gala, Melinda Mercouri y Henry - François Rey. Porttilgat. Cadaqués © Juana Biarnés

Juana Biarnés, Salvador Dali, Gala, Melinda Mercouri y Henry – François Rey. Porttilgat. Cadaqués © Juana Biarnés

Consiguió muchas veces ‘la foto’, ese disparo único y singular que otorga autoría reconocida a la mayoría masculina, pero que en la minoría ‘token’ pasa inadvertido. Resultan sorprendentes algunas declaraciones de colegas en la re-interpretación de su trayectoria profesional. Por ejemplo, el periodista César Lucas declara: “Muy atractiva, muy simpática, con mucha energía, con mucho coraje” [21:45]. Un desafortunado pero recurrente comentario, hacer alusión en la semblanza del personaje a su aspecto físico y no a sus méritos profesionales o, aludir a capacidades ‘femeninas’ para obtener los reportajes: “Tenía la facilidad de, al ser mujer, hacerse pasar, en momento dado, por otra persona que no era la reportera” [39:05]. Como si toda la labor desempeñada fuera fruto de la casualidad, en vez de un plan establecido.

Su cese como foto-periodista, no es en absoluto una decisión neutra a la que alude Gervasio Sánchez: “Se podía haber convertido en una gran fotógrafa de referencia y desapareció” [5:13]. No, señores, Joana no desapareció, asumió que no quería permanecer en ‘el corralito’ asignado de retratar ‘el colorín’. Y en un ejercicio de coherencia admirable, se planteó que si no podía desarrollarse plenamente en la profesión, no tenía sentido permanecer en ella. Este suceso, en su contexto, induce a recordar los hallazgos del investigador norteamericano Jerry Jacobs. En 1989 teorizó sobre la segregación laboral de género utilizando el término puertas giratorias/‘Revolving  Doors’  para  referirse  a  cómo  las  diversas  formas  de  hostilidad desplegadas hacia las trabajadoras, en ocupaciones de dominación masculina, conllevaban en la mayoría de los casos, un abandono del puesto de trabajo.

Además de congratularnos con la recuperación del patrimonio artístico y documental de Biarnés, también hay que reflexionar sobre las consecuencias de una cultura androcéntrica que priva a las minorías –género, clase, diversidad funcional, etc.- de la igualdad de oportunidades.

Desde hace pocos años, la biografía y producción de Joana Biarnés, gracias a los trabajos de investigación de Cristóbal Castro, Cristina Algarra, Oscar Moreno y Jordi Rovira -entre otros-, se está poniendo en valor y recuperando para el disfrute-reconocimiento, no sólo de la historia de la fotografía, sino también de la ciudadanía. Además de congratularnos con la recuperación del patrimonio artístico y documental de Biarnés, también hay que reflexionar sobre las consecuencias de una cultura androcéntrica que priva a las minorías –género, clase, diversidad funcional, etc.- de la igualdad de oportunidades. Desde esta perspectiva, la historia de Joana no es única. Es la historia de cientos, miles de mujeres, como nos recuerda el mediático activismo de la Guerrilla Girls.

La discriminación y la segregación no son inocentes, implican una silenciación impuesta, entendida por algunas artistas como una forma sutil de violencia de género. La invisivilización de sus narrativas artísticas priva a la sociedad de conocer sus discursos y de disfrutar de sus producciones que, como señalaba Marcela Lagarde en 1996, pueden “revolucionar el orden de poderes entre los géneros y con ello la vida cotidiana, las relaciones, los roles y los estatutos de mujeres y hombres”. De la vida de Joana Biarnés hay muchos más aprendizajes de lo hasta hora nos han contado ¿Estaremos preparados para asumirlos?

 

 

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