Carta a una joven regulacionista

Querida joven compañera,

He recibido tu nota en mi muro donde declaras ser una gran defensora de la legalización de la prostitución. Quizá crees firmemente en ello, o simplemente has incorporado y reproduces un discurso mediante la repetición de un “mantra” que identificas con la modernidad, la libertad, la transgresión e incluso con el feminismo. Aun así percibo una carencia de información y formación sobre la cuestión que nos ocupa (y en mi caso me preocupa) así como una notable flaqueza argumental, que deberías revisar por tu bien y el de muchas mujeres.

Cuando te defines defensora de la prostitución, he de suponer que de la prostitución ajena.

Cuando te defines defensora de la prostitución, he de suponer que de la prostitución ajena, pues imagino que no contemplas la posibilidad de que vayas a ser prostituida y, pese a desconocer la cuestión, añades sin titubeos una propuesta de intervención consistente en el control de las mujeres por parte de los servicios sociales con el objeto de garantizar “las buenas prácticas». Vaya, lo que faltaba, como no tienen suficiente con la vulnerabilidad y el estigma, añades a este sistema de explotación un tercer instrumento de control, asignando a estos servicios la función de la supervisión de la calidad de la mercancía para garantizar que esté “fresquita” para los puteros. Quizá deberías contemplar la perspectiva inversa de la protección de las mujeres, ofreciendo alternativas de salida y la erradicación de nuevos reclutamientos. Esto constituiría un inequívoco mensaje a la ciudadanía “las mujeres y las niñas no son objetos, y no están en venta” trasladando de lugar el estigma hacia los que nos usan y nos abusan, los hombres.

Alemania es el país de Europa que ostenta el mayor crecimiento de redes de trata con fines de explotación sexual.

Continúas tu alegato, afirmando que en “Suecia está prohibida pero no lo está, y que no estás segura…”. Debes saber que este país lleva implementando políticas feministas hace décadas y para erradicar la prostitución desde la década de los 90 del pasado siglo XX. Pero a pesar de desconocer su historia, sus políticas sociales públicas y datos de rigor, afirmas que “allí las mujeres están en permanente peligro”. Estoy meridianamente segura que no podrías cuantificar esos peligros con indicadores objetivos como: tasa de mujeres tratadas, la tasa de reclutamientos o de feminicidios. Aun así extraes conclusiones del modelo omitiendo apreciaciones sobre el alemán, quizá por desconocimiento o por razones espúreas, pero lo cierto es que Alemania es el país de Europa que ostenta el mayor crecimiento de redes de trata con fines de explotación sexual y que por ello se ha generado graves fisuras en un gobierno que implantó la liberalización de la prostitución.

España ostenta el triste récord de ser el país con mayor número de puteros y pornógrafos de Europa ¿te has preguntado las razones?

Si el tema te interesa de verdad y dispones de tiempo, sugiero que compares los datos de ambos países, estoy segura que tus planteamientos cambiarán notablemente y abandonarás la mala praxis de repetir el mantra de minimizar éxitos de las políticas abolicionistas e invisibilizar los efectos perniciosos de la regularización. También me pregunto, releyendo tus palabras pausadamente, las razones por las que haces esa crítica voraz y desmedida hacia un país que desconoces y me preocupa que aun así te reafirmes en tus posiciones sin un análisis de su historia y sus procesos. Si lo que te deseas es cambiar este mundo, puedes comenzar haciendo ese análisis o quizá el de tu entorno cercano, pues presumo que, si como mujer defiendes la prostitución como opción libre, es debido a que desconoces que España ostenta el triste récord de ser el país con mayor número de puteros y pornógrafos de Europa ¿te has preguntado las razones?.

Desconozco las razones por las que rechazas mi frente de lucha y las razones por las que no utilizas los mismos argumentos para otras como la del racismo, la homofobia o lesbofobia, la violencia de género, el maltrato animal, los desahucios o el deterioro medioambiental.

Afirmas que “la prostitución no es la única forma de explotación” y desgraciadamente es cierto y me alegra que al menos reconozcas que lo puede ser, pero a continuación me increpas por luchar contra ella y no contra todas las formas de explotación. Vaya, supongo que por alguna habrá que empezar para cambiar el mundo ¿no te parece?. Desconozco las razones por las que rechazas mi frente de lucha y las razones por las que no utilizas los mismos argumentos para otras como la del racismo, la homofobia o lesbofobia, la violencia de género, el maltrato animal, los desahucios o el deterioro medioambiental. Posiblemente a ellos no te atreverías a increparlos de la misma manera que lo haces conmigo y con las feministas que luchamos por la abolición de la prostitución ¿te has preguntado las razones? ¿Es que tanto ha calado en tu pensamiento el patriarcado, que te incomodan más las que luchan contra el sistema prostitucional que los que con su demanda lo sostienen?.

Me gustaría exigir coherencia en tus posiciones, pero me conformo con solicitarla a ti y a la organización que representas, PODEMOS. Ustedes han respondido con frecuencia a los que tendenciosamente han pretendido pervertir el debate sobre la desigualdad social en España, invisibilizando la realidad social mediante falaces argumentos para insuflar el miedo. Por ello, te pido a ti y tus compañeros no hacer lo mismo que critican reproduciendo las mismas lógicas en sus discursos sobre la prostitución. Rechacen argumentos que sirven únicamente para consolidar privilegios patriarcales y aumentar los beneficios del uso y abuso de mujeres en situación de vulnerabilidad.

Comprobarás también que el mundo de la prostitución carece de glamour y nada tiene que ver con la libertad sexual.

Si, personalmente, decides aceptar estos consejos de una profesora feminista de izquierdas (quizá algo antigua desde tu perspectiva) o tenerlos en consideración, debes analizar la situación de nuestro país con exhaustividad, si lo que quieres es cambiarlo. En ese proceso descubrirás que el problema no deriva exclusivamente en la legalidad o ilegalidad de la prostitución como tú aludes; de hecho en España los puteros campan con plena libertad. La cuestión es otra. Es si nuestra sociedad está dispuesta a aceptar como lícito la venta de los cuerpos de mujeres y niñas vulnerables para mantenimiento del cortijo sexual de los hombres. Comprobarás también que el mundo de la prostitución carece de glamour y nada tiene que ver con la libertad sexual siendo el resultado de las profundas desigualdades de género y clase y no como ustedes afirman, consecuencia del déficit de debate (las feministas llevamos siglos debatiendo) o ausencia de políticas regularicionistas. Tu organización conoce bien que hay otras razones y que para combatirlas se necesita mucho más que mantras: rigor, trabajo, fortaleza, valentía y sobre todo cintura política “no se puede estar con el todo y sus partes».

Para ser protagonista de un cambio real, debes ser dueña de tus ideas y de tus discursos y estos no pueden proceder de esos mantras, sino de la adquisición de conocimientos reales sobre el mundo y la ideología de la prostitución. Será en ese preciso momento cuando podrás establecer sus conexiones con el patriarcado, el capitalismo, la globalización y la ausencia de políticas públicas feministas. Será entonces, y sólo entonces, cuando podrás argumentar libremente y desde tu criterio, desechando los discursos mecánicos y alienantes que te dicta el propio sistema a través de la repetición de sus mantras.

El cambio social no es una cuestión de fe, ni va a venir de la mano de un mesías. Es un trabajo colectivo del día a día. No se construye con palabras vacías ni discursos llenos de tópicos, diseñados generalmente por los que desconocen la dura realidad de las personas en sufren explotación sexual. El cambio se construye con peonadas de lucha y de solidaridad con las mujeres y niñas a las que el sistema les niega opciones y con aquellas que señalan y denuncian a los que extraen plusvalía de su comercialización. Pese lo que te digan, el mundo de la prostitución se nutre de ellas, de mujeres procedentes de clases socialmente empobrecidas. Son ellas y sólo ellas la mercancía procedente de la fuerza de la Trata o de la fuerza de la desigualdad.

No podemos estar hablando de legalizar un sistema que se nutre de esas desigualdades de género y clase y se sostiene con la violencia y la dominación.

Por ello, no podemos estar hablando de legalizar un sistema que se nutre de esas desigualdades de género y clase y se sostiene con la violencia y la dominación. Además, me resisto a creer que las personas que defienden la regulación desean un verdadero cambio social, en mi opinión se sitúan en la opción más funcional al sistema, más rentable para el capitalismo y me «horripila» especialmente las que se definen de izquierdas y feministas. Reconozco que este discurso no me resulta nuevo ni original y que en parte estoy habituada a escucharlo. Es el más fácil, el más habitual y acomodaticio, el que no genera problemas y el que no implica compromiso ni denuncia. En definitiva, es el que difunde el poder y los medios de comunicación de masas. Se construye y transmite con esa repetición de mantras que emites y de la que tú no eres totalmente responsable ni consciente de sus efectos. Simplemente has tenido el triste infortunio de topar con personas que dicen ser igualitarias pero aceptan la venta de los cuerpos de mujeres vulnerables, eso sí, siempre que no sean el de ellas o sus familias.

Personas que dicen ser igualitarias pero aceptan la venta de los cuerpos de mujeres vulnerables, eso sí, siempre que no sean el de ellas o sus familias.

Aun así, debes saber joven compañera, que esos discursos se disparan como balas y sus autores son generalmente personas que nunca han estado en primera línea de fuego y por tanto nunca han sufrido heridas. También debes saber que esos disparos se expanden y reproducen como virus y generan muchas víctimas. Sus voceros suelen ser los menos implicados o que menos conocen la verdadera realidad del mundo de la prostitución, y eso viene «como anillo al dedo» a esta ideología de dominación. También debes saber, que tras esos discursos se esconde una clara misoginia y un apoyo por activa o pasiva al lobby prostitucional.

Asimismo, voy a permitirme la licencia (ya que tú te la tomaste allanando mi muro de Facebook) de recomendarte a ti y a tus compañeros y compañeras, algunas tareas de trabajo autónomo a realizar más pronto que tarde: analizar la realidad de las mujeres prostituidas de este país y aportar soluciones más allá de seguir garantizando el cortijo sexual a los hombres. También me voy a permitir hacerles una petición como jóvenes que son y por tanto protagonistas del futuro de este país: por favor, resistan y no renuncien a la utopía probable de erradicar la prostitución. Si lo hacen no sólo traicionarán siglos de lucha feminista (y con ello las batallas ganadas y las vidas perdidas de mujeres), además estarán aceptando tempranamente la sumisión al sistema.

En fin, no sabes cómo me entristece tras tantos años de lucha feminista, releer tus palabras y analizar tus discursos, sobre todo viniendo de una joven mujer que se define feminista, de izquierdas y antisistema. Me hace repensar sobre la pedagogía de género que utilizamos con ustedes los/as jóvenes, la apropiación indebida de conceptos, términos e ideas y la confusión que ello crea, el fuerte potencial del capitalismo, capaz de camuflarse en organizaciones sociales y políticas y las escasas herramientas que les hemos ofrecido para enfrentarse a un sistema de dominación que traspasa fronteras, ideologías e incluso la propia conciencia de género y de clase, convirtiendo a las propias mujeres en sus guardianas.

Te queda un largo recorrido de lucha contra el patriarcado, ese que no tiene rostro pero desea que mujeres y niñas sean conferidas a roles de esclavas domésticas, sexuales o simples vasijas para la reproducción.

Debes saber joven compañera, que aun siendo una mujer mayor no me flaquean las fuerzas para seguir luchando y para creer en la utopía posible de erradicar la  prostitución. Conozco la realidad de nuestro país, y hace años (mucho antes de que tú nacieras) era impensable imaginar la aprobación de una ley contra la violencia de género o de matrimonios igualitarios. Entones ¿por qué debemos renunciar a pensar que con la prostitución será distinto? Estoy segura que con la fuerza de la razón y nuestra lucha, llegará ese día donde la prostitución sea abolida en nuestro país. Créeme, a lo largo de mi vida y en el desarrollo de mi profesión he conocido personas como tú, pero que con información, formación, estudio e investigación han sido capaces de pensar con criterios propios de mayor rigor, desalojando la repetición de ese maldito mantra tan socorrido en las barras de los bares o en los debates políticos de vuestros círculos. Ánimo, eres joven y tienes tiempo. Te queda un largo recorrido de lucha contra el patriarcado, ese que no tiene rostro pero desea que mujeres y niñas sean conferidas a roles de esclavas domésticas, sexuales o simples vasijas para la reproducción. Gracias.

 

 

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