Hacia una Secretaria General de Naciones Unidas

Marcela Ballara, FAO Oficina Regional para América Latina y el Caribe, 1999-2009.
Cristina Rentería Garita, FAO Oficina Regional para América Latina y el Caribe, 2011-2013.

Somos un tándem interesante. Ambas hemos desarrollado el mismo trabajo en un ambiente que, a pesar del paso del tiempo, no resta en hostilidad: Naciones Unidas. Y no, no nos referimos a ningún conflicto armado o religioso, simplemente hablamos de género. Para ello, es necesario remitirnos hasta 1945, cuando lo países Aliados firmaron la Carta de las Naciones Unidas para hacer peña en contra de los países del Eje, enarbolando la bandera de la paz y de la resolución de los problemas surgidos a partir de la dos guerras mundiales. Ahí estaban la falta y desregulación del trabajo, la carencia los alimentos, de salud; la defensa de la herencia material de Europa y el mundo, entre otros temas. Eso sí, no estaba la igualdad entre hombres y mujeres. Al menos, el principio quedó recogido en la Carta de las Naciones Unidas.

A 70 años de vida, la ONU en lo general, y en montones de agencias en lo particular, sigue teniendo como asignatura pendiente el tema de género, no sólo en sus planes y acciones, sino también y más grave, en su interior. Género es un tema que transversal, que requiere dinero pero que, paradójicamente, pocos se toman en serio. ¿Habrá sido el enfoque, la lucha frontal, una simple cerrón de cabezas o que no hemos sabido transmitirlo? Sea como fuere, hoy en día, la ONU va por la vida como cualquier septuagenario alrededor del mundo: con sequía de fondos y con alguno que otro achaque. Anda bajito de cash porque los países donantes se han dado cuenta que hay un sinnúmero de organizaciones (más jóvenes y complacientes) e, incluso, sus propias agencias de cooperación, que hacen el trabajo de la ONU mejor y más barato. Anda con achaques propios de la edad porque esa muela picada que necesitaba tratamiento ya se ha podrido y el dentista le ha dicho que, o se extirpa o llega al nervio. Así, más o menos, andan algunos ideales de 1945, algunas bondades salariales del sistema, algunos cómodos sofás que muchos funcionarios se han montado. Entonces, nuestro septuagenario está maniatado y sufre tanto la presión como la dependencia financiera de sus hijos más pródigos, muchos de ellos, CEO en el Consejo de Seguridad de su propia empresa. Así el patio: un septuagenario sin pensión y amarrado a la paga de sus hijos los exitosos.

A 70 años de vida, la ONU en lo general, y en montones de agencias en lo particular, sigue teniendo como asignatura pendiente el tema de género, no sólo en sus planes y acciones, sino también y más grave, en su interior.

Antes de este desvío, decíamos que somos un tándem, Marcela y Cristina, Cristina y Marcela. Dos puntos de la carrera y dos momentos de la estafeta.
Marcela estuvo en la Ciudad de México, 1975; en Copenhague, 1980; en Nairobi, 1985 y en Beijing, 1995, todas, conferencias mundiales de la mujer.
Cristina, llegó a Naciones Unidas y a los temas feministas, entre otras razones, por la apertura de cuotas por nacionalidades y por el inicio de la cuota de género en algunas agencias. Marcela encarna a cientos y miles de mujeres que se ha dejado las espaldas en la lucha feminista y luego, los nudillos en planes, programas y políticas la interior de las Naciones Unidas. Cristina es un ejemplo de algunos de los resultados de su lucha: derechos cedidos en papel, pero pocas oportunidades para llevarse a la práctica.
El mensaje no termina de percollar en las cabezas. Porque, al interior de Naciones Unidas, existe la implantación de la cuota de género (50% del total de los puestos Staff –funcionario internacional- debe estar ocupado por mujeres) pero, en el fondo, se percibe sólo como una discriminación gratuita. Las mujeres, en nuestra mayoría, logramos ocupar sólo puestos medios, pocos de alta y gran responsabilidad. Si logramos acceder a ellos, en el camino, debemos ir sobreviviendo a un ambiente altamente político, jerárquico y masculino –lejos allá, se ve el principio de 1945-, con difícil movilidad vertical y con muchas trabas para consolidar una carrera: tenemos que ser las mejores asumiendo, siempre, nuestro triple rol. Muchas de las mujeres con estabilidad en Naciones Unidas se hallan en los estratos administrativos y de consultoría, es decir, no toman decisiones.

Muchas de las mujeres con estabilidad en Naciones Unidas se hallan en los estratos administrativos y de consultoría, es decir, no toman decisiones.

Un hecho rocambolesco: en un ambiente como el de Naciones Unidas, políticamente correcto, plural, ecológico, laico y/o respetuoso de las religiones, equitativo e igualitario, debemos brillar con temple y profesionalismo, nadando en medio de actitudes sexistas, misóginas y machistas. Vestir sin mostrar mucho, no tener demasiada cercanía con el compañero, evitar, ante todo, malos entendidos de índole sexual. Asimismo, de los pelos: debemos asumir poco apoyo de las propias mujeres que nos rodean, principalmente de las que ostentan cargos menores a los nuestros. Usualmente nos critican y, al no ser ni administrativas ni consultoras, generamos recelos y desconfianza. En todos los puestos Staff, incluidos los cargos directivos, sufrimos acoso laboral y psicológico por parte de algunos colegas, ya sean varones o mujeres.

Entonces, ¿cómo es ser mujer en Naciones Unidas? Es gratificante por los sueldos, las prestaciones y las facilidades para la familia, pero esas características también las gozan los hombres; es indignante porque sabemos que es muy posible que no estemos en los puestos directivos, en altos niveles de decisión (categorías P5 -Profesional 5, así en orden descendente- y D1 y D2 -Dirección 1, Dirección 2). Esto significa que no tendremos capacidad de decisión donde se corta el pastel de los presupuestos, donde se toman las acciones estratégicas.

Por eso, ahora más que nunca, Marcela y Cristina, Cristina y Marcela, somos un tándem: representamos a todas a aquellas hijas de la historia que creemos que el cansancio es una opción legítima para muchas personas, pero nunca para nosotras. Hemos comprendido que el mundo no puede seguir siendo injusto, eternamente desigual. Nos unimos, hacemos eco a cientos de mujeres comprometidas en la sociedad civil que pugnan por un cambio: que hacen lobby, que pelean. Vaya si lo hacen: se organizan, hablan por Skype, escriben; generan sus propios recursos para representar a las mujeres en cumbres y eventos internacionales. ¿Para qué se organizan? Porque creen que una mujer debe presidir Naciones Unidas. Esta es la pelea desde hace años. Y 2016 será un año muy relevante: comienza la carrera por elegir a la nueva cara visible de la ONU. En enero de 2017, el actual Secretario General, Ban Ki-Moon, entregará su cargo.

En sus marcas, listos, fuera: reuniones, discusiones y compromisos. Que empiece el politiqueo.
Pero los grupos feministas no se amilanan y de lobby saben un poco. Saben, ante todo, que el puesto de Secretario General pasa por una serie de hechos durante su etapa de elección: currículum oculto, ninguna mujer. Conocen las premisas del Artículo 97 de la Carta de Naciones Unidas, entre ellas, que el próximo Secretario (o Secretaria) es consensuado por la Asamblea General a propuesta del Consejo de Seguridad. Pero de esto, los grupos feministas saben un rato y también saben de las reuniones y de los acuerdos que, en la sombra, van configurando las propuestas.

Por eso, desde hace unos meses, aprietan. Oficialmente ya se han presentado 10 candidatos, de los cuales sólo cuatro son mujeres: Natalia Gherman (Moldavia), Vesna Pusi (Croacia), Irina Bokova (Bulgaria) –actual Directora General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO- y Helen Clark  (Nueva Zelanda) -Directora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD-. El pasado mes de abril, durante 3 días, se realizó un dialogo abierto con los y las candidatas, quienes respondieron las preguntas enviadas por la sociedad civil y por los países. Una segunda reunión se realizará en junio, una vez que el Consejo de Seguridad haya hecho su elección. Este es el momento de estar pendientes, de hacernos oír, de hilar con puntada fina.

Ya sea en la sociedad civil o fuera de la vida de Naciones Unidas, cientos de Marcelas que, aunque jubiladas, seguimos dando nuestra vida a una causa en que creemos y apoyamos o de Cristinas que ideamos muevas formas de interiorizar lo obvio pero ya no desde la confrontación, sino desde nuevos métodos –las redes sociales son estupendas para ello- más influyentes, que toquen o acaricien, que no golpeen. Ya no.

¿Habrá justicia poética o simplemente justicia histórica y una mujer asumirá el cargo de Secretaria General de Naciones Unidas a partir de enero de 2017?

Nosotras, como tándem, encarnamos que, por desgracia, en Naciones Unidas y después de luchas de años, las mujeres jóvenes no encontramos el camino más allanado que nuestras predecesoras: lo encontramos empapelado, que no es lo mismo. ¿Habrá justicia poética o simplemente justicia histórica y una mujer asumirá el cargo de Secretaria General de Naciones Unidas a partir de enero de 2017?
Como hemos dicho, Naciones Unidas es un mundo plagado de intereses: veamos si alguno de ellos es, de verdad, la igualdad.

 

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