El terror que se tolera

Cada día son asesinadas en el mundo cientos de mujeres por el hecho mismo de ser mujeres. La violencia machista es uno de los problemas más graves que tenemos como sociedad, y se agrava todavía más ante la impunidad, la falta de concienciación social y la ausencia absoluta de “memoria histórica”. Las asesinadas duelen un día y se olvidan. Y callamos. No las nombramos, no las recordamos. Y, como decía Unamuno, “el silencio es la peor mentira”.

Una amiga, compañera de la Universidad y de luchas feministas, parafraseando a Benedetti, “mi codo a codo somos mucho más que dos”, sostiene que para calificar el machismo criminal no hay término más idóneo que el de TERROR, pues en Historia consideramos como tal a aquella violencia originada desde arriba por opresores contra grupos oprimidos, con el fin de que prevalezcan sus privilegios y su supremacía. No puedo estar más de acuerdo con ella. Actualmente en España, ¿qué terror hay mayor que la violencia machista? Claramente: ninguno.

El rearme del neomachismo y la impunidad absoluta de la que éste goza en nuestra sociedad han puesto en jaque, no sólo tres siglos de lucha feminista, sino el marco legislativo en materia de violencia contra las mujeres y toda la red de recursos y servicios de protección integral para mujeres víctimas de violencia.

La normalización de la violencia que magistralmente explica Miguel Lorente ha sido un auténtico lastre. Mucha gente entiende, desde la equidistancia más absoluta, que la violencia contra las mujeres es “algo que siempre ha existido” y que “es difícil que desaparezca”. Como si fuese algo inherente a la naturaleza. Haciendo un símil, su prevalencia en el tiempo se argumenta igual que la pobreza. Otro mito, otra falsedad más. La violencia machista atiende a un sistema, que es el patriarcado, y a una ideología, el machismo. Es una violencia que se origina, sustenta y perpetúa en la desigualdad estructural que han sufrido las mujeres a lo largo de toda la Historia. Por tanto la violencia machista tiene origen, causas y consecuencias y, por ello, se pueden buscar soluciones. Y todas ellas pasan por la igualdad.

La violencia machista atiende a un sistema, que es el patriarcado, y a una ideología, el machismo. Es una violencia que se origina, sustenta y perpetúa en la desigualdad estructural que han sufrido las mujeres a lo largo de toda la Historia.

Es inadmisible que una sociedad no esté en Estado de alerta ante los crímenes machistas, y que toda la pedagogía pase por enseñar a las mujeres a prevenir, en lugar de enseñar a los hombres a no violentar.

Y cuando sucede un crimen machista aparecen las voces que claman las bondades del asesino y las cuestionables actitudes de la asesinada. Y los ecos de esas voces son los mayores perpetuadores de la violencia machista.

Es fundamental educar, y hacerlo en igualdad, pero sobre todo es necesario que la sociedad entienda que la violencia machista es un problema de todos y todas, y que por tanto la respuesta debe ser unánime y sin fisuras. No podemos seguir tolerando este terror contra las mujeres.

016: Teléfono de atención a mujeres víctimas de violencia.

 

 

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