¿Cómo se leería la Historia si la hubiesen escrito las mujeres?

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Si las mujeres hubiesen escrito los relatos históricos, ¿el único atributo reseñable de Cleopatra, la mujer que llegó a ser reina de Egipto, sería la promiscuidad? ¿La doctora Trótula de Ruggiero, quien desafió las teorías misóginas en torno a la menstruación en la Edad Media, habría caído en el pozo de los olvidos? ¿Isabel II, quien llegó al trono de España en plena efervescencia decimonónica, tendría como principal seña de identidad biográfica sus amoríos?

Si las mujeres hubiesen escrito la Historia de la humanidad, ¿recordaríamos al rey mexica Quetzalcóatl y hubiésemos olvidado la contribución a la cultura pacifista de su hija Xóxitl? ¿Las reinas y princesas serían algo más que promiscuas y envenenadoras? ¿Se hablaría de las violaciones de los reyes a las niñas con quienes los casaban? ¿Y del abuso eclesiástico de niños y niñas? ¿Y de la compra-venta de mujeres? ¿Se hablaría de violencia, abuso y vejaciones contra las mujeres?

Si las mujeres hubiesen escrito la historia, ¿conoceríamos a más pintoras, científicas, médicas, maestras, bibliotecarias, políticas, escritoras, periodistas, deportistas, actrices, historiadoras…?

O, quizás debemos invertir la pregunta. Si los relatos femeninos se hubiesen valorado, ¿habrían olvidado muchos/as estudiantes de Ciencias Políticas a Clara Campoamor, la mujer que completó nuestra democracia? ¿Margarita Nelken, Palmira Pla, Rosa Parks, Encarnación Fuyola, María Cambrils, Julia Conesa o Alejandra Kollontai evocarían algo más que un anhelo militante? ¿Las aportaciones históricas de Elisabeth de Baviera, Margarita de Valois o Ana Bolena serían algo más que las de ser unas estrategas maquiavélicas? ¿Reconoceríamos a Marilyn Monroe por sus escritos poéticos en lugar de por su affaire con el Presidente de los Estados Unidos? ¿Pondríamos en valor la lucha de Gandhi pero hubiésemos olvidado a las sufragistas, las primeras en llevar a cabo protestas pacíficas para defender los derechos políticos de las mujeres?

Si las mujeres hubiésemos escrito la Historia… ¿estaría el feminismo tan vilipendiado, desvalorizado e insultado?

Se suele decir que la historia la escriben los vencedores. Y está claro que el mayor vencedor de la misma ha sido el patriarcado, que nos ha relegado a ser “las monjas, las prostitutas o las olvidadas” en los libros de Historia.

El relato histórico de las mujeres, su escasa relevancia y sus atributos sexistas, machistas y misóginos ni fueron ni son casuales.

Las facultades de Historia adolecen por completo de enseñanzas en materia de género. Estamos borradas por completo. Es escaso el profesorado con formación al respecto. Y lo más doloroso, todavía más escaso el interés de la mayoría por adquirirlo. Las mujeres o bien se incluyen dentro de la Historia de los Hombres o bien aparecen como su alteridad. El estudio de la mitad de la humanidad se convierte casi en un trabajo de militancia. Femenina, por supuesto.

El estudio de la mitad de la humanidad se convierte casi en un trabajo de militancia. Femenina, por supuesto.

Son escasos los relatos históricos escritos por el puño y la letra de una mujer. No porque nos los hubiera, sino porque no nos han llegado. No se tuvieron jamás en consideración. Las mujeres que leen (y escriben) son peligrosas, ¿se acuerdan?

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Actualmente la Historia de las Mujeres estudia las aportaciones históricas de éstas, desde el presente y con una ausencia notable de documentación, sobre todo de los períodos anteriores a la Época Contemporánea. Y para abordar la Historia Contemporánea de las mujeres ya se sabe lo que opinó algún erudito (en masculino singular) de la época, que incluso osó filosofar sobre ciudadanía, “las mujeres no han sido dotadas con los atributos de la razón”. Y así, con una oración simple, nos negaron todos los derechos y libertades. Y entre ellos estaban, por supuesto, el de escribir, leer e, incluso, pensar.

Desde los estudios históricos tenemos un reto enorme, pero también bellísimo, de hacer historia, valga la redundancia, con las mujeres. De devolverles la voz, pero también de revalorizarlas. Sin embargo, yo siempre aguardaré en mi corazón la espina de no saber cómo leería hoy la Historia si la hubiesen escrito las mujeres.

Dedico esta firma a todas las mujeres que hicieron y hacen historia todos los días. Y también al primer profesor, varón, que me habló de las mujeres en la Historia.

 

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