¿Qué pasa con los hombres y el feminismo?

Hace unos días, un amigo me envió un vídeo en el que el astrofísico Neil deGrasse, respondía a una pregunta que le hacía un colega de profesión en una conferencia: “What´s up with chicks and science?” (“¿qué pasa con las chicas y la ciencia?”). La cámara mostraba, en efecto, una sala llena de científicos y dos o tres científicas. Así que la pregunta era pertinente (la forma de hacerla menos) porque algo sí pasa con las chicas y la ciencia.

Respondía Neil deGrasse a su colega argumentando que “yo nunca he sido mujer, pero he sido negro toda mi vida”. Y contaba cómo había tenido que luchar contra prejuicios y presiones para llegar a cumplir su sueño de ser astrofísico, siendo negro. Y pensé en lo sencillo que le había resultado explicar la desigualdad de género en las ciencias, desde la perspectiva compartida con las mujeres de limitación en el acceso a oportunidades.

Barbijaputa hace unos días se preguntaba sobre el papel de los hombres (“Aliados”) que dicen ser feministas pero que no comparten (ni hacen el intento) de enfocar el feminismo desde una situación de desigualdad social. No pude evitar plantearme: “¿cómo deberían entrar los hombres en el feminismo?”. Y me acordé de un whatsapp que me llegó hace unos meses de un amigo, que reproduzco literalmente, porque el contenido lo merece:

“Me gustaría que un día, cuando tú quieras y sin prisas, me explicaras y me contaras cosas sobre el feminismo, tu feminismo y todos los feminismos. Sobre ser y sentirse feminista y sobre nuestro papel como hombres. Ahí te lo dejo”.

En el momento en el que lo recibí, a medida que lo leía me iba sorprendiendo y emocionando a partes iguales. Creo que era la primera vez que un hombre me pedía mi opinión sobre feminismo. Normalmente no la piden, la dan (y ahí la llevas). Y una vez dada, se puede establecer (o no) un debate casi siempre reactivo, y pocas veces proactivo.

Emma-Goldman-1916-Union-Square

Y sin embargo, ahí estaba yo con el mensaje de un amigo que me decía algo así como “parto de cero y quiero aprender. Creo que tú puedes ser una buena fuente de información, te legitimo y confío en que lo eres. Me cuentas cuando quieras y sin prisas”. Y ahí me lo dejaba.

No sólo eso, mi amigo además hablaba de “feminismos”, dando por hecho -y dejando abierta la posibilidad- de que existan tantos como feministas. Creí que iba a llorar.

Pero no lloré, sino que entendí muchas cosas. Entendí qué es lo que pasa con los hombres y el feminismo. Y, en concreto, entendí qué es lo que falla. Falla el acercamiento al tema, que normalmente es más un “abordaje” que un acercamiento.

Ejemplos de cómo los hombres se acercan a este tema hay muchos. Desde el colega que te saca el tema y te rebate y te rebate, mientras tú te defiendes y te peleas, y te peleas….para que al final te suelte un “anda tonta, si te he sacado el tema para picarte”. Hasta el perfil de hombre que es feminista desde ayer, pero ya se ha leído “El segundo sexo” dos veces, habla en femenino, e interviene (sin parar), en todas las asambleas.

Está también, claro, la tímida aproximación de hombres que, como con las tareas domésticas, se acercan a ti y te dicen “¿Te ayudo en algo?”. No hombre, no. Así no. Será un “bueno, aquí estoy, a ver cómo nos organizamos para hacer esto juntos, desde el mismo bando”. Digo yo…

Y es que falla el acercamiento y falla el entendimiento. Falla que de verdad comprendan el concepto de feminismo en su globalidad, en su complejidad. Porque feminismo (feminismos) es ideología, pero también es forma de vida. Es igualdad, pero también diferencia. Son logros y son renuncias. Feminismo es una batalla ganada y siete perdidas. Es una opción siempre difícil e incómoda, pero decidida y valiente. Es supervivencia, es revolución.

Y los hombres pueden estar a favor o en contra. O pueden no estar de ninguna de las maneras. Pero sí quieren entrar, es mejor que lo hagan queriendo aprender y no queriendo enseñar. Escuchando y no predicando. Con nosotras y no por nosotras.

Ahí os lo dejo.

 

(En la foto: Emma Goldman hablando en Union Square, Nueva York, 1916)

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