Por todas las desaparecidas de Puebla

En los años 2000, por lo que yo recuerdo, el principio de los seis grados de separación (si se toma a uno mismo como punto de partida) era tan popular como simple y enigmático su resultado. Si nuestra mano, con cinco deditos, correspondía a una persona que conocíamos, cada uno de ellos nos llevaría a conocer a otras cinco personas. Antes del Tinder o del Linkedin, la infinidad de la cadena podía resultar un truco de magia digno de cualquier cena con amigos. En nuestra mano, nunca mejor dicho, se podía gestar un ramaje modo Señor de los Anillos o primeras páginas de la Biblia “Y Jacob conoció a Jonás y Jonás conoció a…”.

Ahora si llevamos este principio a Facebook, las personas a las que llegamos por obra y magia tecnológica es inmediata y bestial. Yo (¡Hola!), una mujer en mis treintas, extranjera en España y natural y oriunda de Puebla, México, cuna de los chiles en nogada, los Camoteros y el Cristo de las Maravillas, puedo ser un puente de infinitas posibilidades. Más que por mi vida en Europa, Puebla otrora belleza virreinal y castiza, ha cambiado de forma tan increíble como desproporcionada durante los últimos 10 años. A lo largo de mis años mozos, era complicado ir a una plaza sin conocer a alguien o que alguien que conociera a alguien te identificara, reconociera y lo comentara con ese alguien, quien a su vez lo comentaba con alguien y… mejor derechita y por la orilla. Cuando ligabas con un chico si chica y chica si chico (sigue siendo un ciudad harto tradicional y de apariencias) la pregunta de “¿cómo te apellidas?” era bien común. Ahora Puebla tiene sólo 5 millones de habitantes; habitantes, por llamar de una forma camuflada a los desplazados por la narco, personas de todo el norte y sur de México que buscan y emprenden una nueva vida en la bella ciudad virreinal en donde no pasa nada.

Si voy a mi perfil de Facebook, tengo una muestra escalofriante de los ires y venires de mi ciudad en la que no pasa nada. Todos los días, alguna de mis amistades cuelga en su muro la foto de una chica desaparecida, de entre 15 y 25 años, usualmente morena, de cabello largo. En su foto, el último recuerdo que tenemos de ellas, siempre están sonrientes, ignorantes de que muchas personas las estamos viendo e ignorantes, también, de que en casa hay una esperanza de que nosotros, muchos que no hemos oído ni su voz, ni reído con su risa, las reconozcamos. Escalofriante.

Tan delirante como el haberse hecho a la idea de que los seis grados de separación podían ser reales, es que las chicas nunca se repiten. Ninguna. Es decir, si mi amigo Camilo Sesto, uno de mis dedos, reenvía a través de su perfil una foto de una chica joven, morena, de larga cabellera con el mensaje “POR FAVOR DIFUNDIR” (sí, en mayúsculas), no es la misma chica que mi mejor amiga Emily Dickinson subió ayer y tampoco la que Pablo Picasso reenvió anteayer. Estos son sólo tres de mis dedos, pero fácilmente puedo llegar hasta mis pies. Si esto pasa en mi Facebook, ¿qué pasa en el de mis amistades y en los de las amistades de mis amistades. Esquizofrénico, ¿eh? El ramaje, más que de la Tierra Media se hace de Mordor, menos por arte magia y más por puro zarpazo de realidad.

Si la estadística es más o menos constante, en Puebla, a güevo, cada uno de mis contactos debe recibir, de alguno de sus contactos, una de estas fotos, de chicas jóvenes, morenas, de cabello largo con la leyenda “POR FAVOR DIFUNDIR”. Son chicas que se fueron a la universidad, que salieron a la tiendita, que paseaban en el Centro. Que no volvieron. Tan cerca está esta realidad como nuestros propios dedos de la mano. Ahora dos microhistorias.

Son chicas que se fueron a la universidad, que salieron a la tiendita, que paseaban en el Centro. Que no volvieron.

Una chica le cuenta a su profesora que ayer estuvo muy asustada, que iba caminando por la acera de Ciudad Universitaria y que notó cómo un auto la iba siguiendo, despacito. Unos tipos en él la llamaban y ella, temerosa, entró en una farmacia vende-de-todo. Esperó un rato y cuál fue su sorpresa que, al salir, el mismo auto, con los mismo individuos, la estaban esperando. Asustada, acudió a una patrulla de policía cercana que la ayudó (recordemos que en México eso no es muy común).

Otra más. Este es un barrio obrero de toda la vida, donde la gente se ha conocido durante generaciones. Hace unos años, se instaló una mujer con sus hijos varones y algunas jovencitas, mujeres de sus hijos, todas menores de 18 años. Con el tiempo, las chicas muestran barrigas de embarazo y, tienen uno, dos, tres niños. Poco a poco, van perdiendo la mirada, pero el rostro de niña sigue siendo el mismo. La gente del barrio comenta que, calle abajo, en un autobús medio desvencijado se ve a las chicas de noche, dando servicios. La gente del barrio sabe que los hijos varones se encargan a de atraer a las jovencitas y luego, las prostituyen bajo la gestión de la madre. Al paso de un par de años, una de esas chicas se suicida. Este barrio lo conozco yo, yo sé dónde está el autobús desvencijado.

Puebla es, desde hace años, un epicentro de la trata. Está más cerca de lo que queremos ver, tan cerca como los dedos de nuestra propio mano. Puebla, con su concesionario Ferrari, con sus zonas diamante y sus pisos en miles de dólares depende de nosotros, de los dedos de nuestra mano.

Hagamos peña por todas esas chicas jóvenes, morenas de cabello largo a quienes la esperanza las espera en casa; que luchemos por no perder a ninguna más.

Ruego a mis amigas Paris Hilton que muestran sus mega vacaciones en el Caribe o en los Alpes, que viven y reinan en Puebla, que se vengan a esta acera, que no se hagan las locas, que hagamos peña por todas esas chicas jóvenes, morenas de cabello largo a quienes la esperanza las espera en casa; que luchemos por no perder a ninguna más. Que las consideremos nuestras hermanas, porque lo son. Ruego a mis colegas Alejandro Fernández que se unan a todas nosotras y seamos uno, que nos cuidemos, que veamos por la vecina, que pongamos el ojo cotilla en lo pasa alrededor.

La trata en Puebla está al alcance de nuestra mano, a seis grados de separación.

 


Portal del gobierno con todas las desaparecidas de las que tienen constancia.

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