Necesitamos referentes

Cuando yo era pequeña, lo más fácil del mundo era imaginarme de mayor casada y con hijos. Lo difícil era imaginarme en situaciones y papeles para los que no había referencias femeninas que me dieran ideas, que me orientaran. En la época en la que jugaba al fútbol en el colegio, en mi carpeta tenía fotos de Guardiola, Luis Enrique y Oliver y Benji. Porque lo fácil era tener esos referentes, los que tenías más a mano. En aquella época no había una Vero Boquete, una Marta Corredera o una Alexia Putellas. Miento, las había, pero no se las veía ni se las conocía ni había fotos suyas en una revista que pudieras recortar para ponerla en tu carpeta.

Los referentes funcionan a muchos niveles, y en muchos ámbitos. Soy consciente de que, por ejemplo, el hecho de que mi madre trabajara fuera de casa y tuviera sus metas e inquietudes profesionales ha tenido mucha influencia en cómo nos hemos planteado mi hermana y yo nuestros horizontes personales y laborales.

Ya desde pequeñas, tener una madre trabajadora tiene un impacto directo y muy visible en la forma en la que juegas. Yo cuando jugaba a las Barbies, siempre tenía una profesión y un empleo. Luego, claro, iba a un montón de fiestas, me casaba con el Ken, teníamos un niño y una niña, una casa de campo y un perro. Pero con mi trabajo y mi sueldo por delante. Familia tradicional sí, pero con independencia económica y autonomía.

Trabajar fuera de casa también tiene un impacto en las madres. Ser madre trabajadora siempre siembra muchas dudas respecto qué se hace bien y que se hace mal. Si se está o no se está lo suficiente. En un mundo en el que la conciliación es una utopía y los cuidados familiares siguen siendo responsabilidad de las mujeres, trabajar fuera de casa es, para muchas de ellas, un conflicto interno constante, que hay que ir resolviendo día a día.

Cuando mi hermana era pequeña le gustaba mucho jugar a las “oficinas”. Mi madre le ponía una mesa, una silla, una máquina registradora de juguete y un teléfono, y ahí se pasaba mi hermana la tarde, haciendo negocios. Recuerdo que mi madre me contaba el día en el que mi hermana, jugando, se acercó a ella con su muñeca y le dijo: “Por favor mamá, ¿te puedes quedar con mi hija un momentito que tengo que irme a una reunión?”.

Y me contaba mi madre que en ese momento le entró tanta angustia que quería dejarlo todo, volver a casa, quedarse con sus hijas todo el tiempo….Pero luego se dio cuenta de la naturalidad con la que mi hermana había acudido a ella, mientras jugaba, y la vio contenta y ocupadísima preparando sus “reuniones”, y supo que no lo estaba haciendo tan mal. Que la culpabilidad iba a pasar y que ella estaba construyendo un referente que a corto plazo podía ser de muchas renuncias, pero que a la larga sería de muchas posibilidades.

Esta semana la socióloga y premio Príncipe de Asturias de ciencias Sociales, Saskia Sassen estuvo impartiendo una conferencia en la Casa Encendida, dentro del Ciclo “Mujeres contra la Impunidad” coordinado por Mujeres de Guatemala. Cuando lo vi anunciado me lo apunté en seguida en la agenda, porque me gusta Saskia Sassen como socióloga, como pensadora, y, claro, como referente. De hecho, fue una de primeros nombres femeninos que estudié en sociología después de cuatro años de carrera en los que el 97% de los teóricos que nos explicaban eran hombres.

Descubrir a Saskia Sassen en ese momento, y adoptarla como referente me permitió pintarme un horizonte profesional mucho más interesante, mucho más posible. Porque para mí era algo más que una académica de prestigio. Era algo que yo quería ser, que yo podía ser.

Es importante crecer con referentes positivos, que no limiten expectativas en el ámbito más próximo, el familiar. Pero tienen que existir otros referentes de mujeres, en otros ámbitos públicos, con los que puedas sentirte identificada, que puedan funcionar como modelos y figuras que te inspiren. Referentes que te señalen un camino que, habiendo sido transitado por ellas, también puede ser transitado por ti.

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