¿Meterse en el ejército para intentar convertirlo en una maquinaria pacifista?

Dos lesbianas (cuyos nombres omito aunque han salido publicados en la prensa) organizaron el bautismo de su bebé en la iglesia de Santa Rita de Cassia, en Telde (Gran Canaria). El cura solo dejó subir al altar a la madre biológica.

La madre despechada dice estar en estado de shock. Y acusa al cura de «homófobo».

A mí me deja, no en estado de shock, pero sí estupefacta que a esas dos mujeres les sorprenda la actitud del cura ¿no sabían que, en efecto, la iglesia católica (no solo ese cura en concreto sino la iglesia como institución) es homófoba?

¿Inscriben a su inocente e inconsciente bebé en una asociación sin conocer mínimamente la doctrina que sustenta y propaga? Y digo mínimamente porque si algún terreno la iglesia es clara y predica abierta y machaconamente su doctrina es en lo relativo al sexo…

Así, Jesucristo dijo: «Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.» (Marcos 10:25) pero ¿cuál es la aplicación doctrinal de la iglesia sobre estas palabras? Exacto: no se sabe, o, como mucho, vaguedades. No hay textos que proclamen: “Las palabras de Jesucristo manifiestan que es imposible salvarse y ser rico. Los que lo sean deben dar todos sus bienes o, en caso contrario, los excomulgamos”. O que digan: “A partir de tal cantidad de ingresos se comete pecado venial y a partir de tal otra, mortal”. Ni que digan: “Puedes ser rico de nacimiento (de “vicio” ya es más peliagudo). No es culpa tuya pero para salvarte, debes vivir como si no lo fueras, sin tocar tus cuentas millonarias, sin tus palacetes, ni tus yates”.

El evangelio se puede interpretar de muchas maneras. La iglesia católica lleva siglos interpretándolo y generando doctrina. Ha elaborado, pues, una moral con minuciosa escala de pecados veniales y mortales, penas, excomuniones, anatemas, etc. (y en los aspectos en lo que no la ha hecho -en el asunto del dinero, por ejemplo- el mensaje también está claro: no es tema importante, ancha es Castilla).

La iglesia, como cualquier otra institución, tiene perfecto derecho a elaborar su interpretación del evangelio y a darse a sí misma su propio código moral. Puede, por lo tanto, decirles a sus fieles lo que deben o no deben hacer: si ir a misa, si ayunar, si guardar las fiestas, si tener esta actividad sexual o no tenerla, etc.
Y yo puedo, por supuesto, juzgar como buenos o malos esos principios pero no puedo poner en tela de juicio su licitud para tenerlos.

¿Qué no debe hacer la iglesia?

  1. Imponer sus normas a quienes no pertenecemos voluntariamente a ella. Ni pretender que la sociedad civil respete sus mandamientos. Ni tampoco detentar privilegios, ni ser financiada por el estado, etc.
  2. Tener normas que contradigan los derechos humanos. Así, por ejemplo, no puede castigar los pecados con torturas físicas (con las psicológicas tampoco pero esa son más difíciles de detectar…). Y, por supuesto, un Estado como el nuestro, cuya constitución declara la igualdad entre hombres y mujeres, no debería consentir que la iglesia vete el acceso a ciertos puestos en razón del sexo. Creo que merece un ultimátum: “O acatan la constitución, o los declaramos ilegales”.

Con esas salvedades, la iglesia tiene todo el derecho a exigir de sus fieles tales o cuales conductas.

Alguien puede creer en el mensaje del evangelio y no estar de acuerdo con la interpretación que de él hace la iglesia, pero, entonces ¿por qué se empeña en pertenecer a ella?

Ya sé que hay gente que quiere cambiar la iglesia desde dentro… Es como afiliarse al PP creyendo que conseguirá transformarlo en un partido de corte socialista. Es como meterse al ejército para intentar convertirlo en una maquinaria pacifista… Pues bueno… es una opción; libre cada cual de tenerla pero no sé hasta qué punto pueden quejarse luego si el coronel los arresta por no querer llevar fusil…

 

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