Educación sexual

Unos días antes de que mi hijo y mi hija vinieran a vivir a casa, desde la residencia donde estaban cuidados, tuvimos una visita a la que enseñamos orgullosos la habitación que les teníamos preparados, una preciosa habitación con un cielo dibujado. Ante nuestro orgullo de una habitación pensada al detalle, nos quedamos boquiabiertos al ver que nos recriminaban que la habitación fuese principalmente azul, y por lo tanto para un niño. Nuestra respuesta fue concisa: “es el cielo; el cielo es de niños y de niñas, pero si quieren cualquiera de los dos una pared rosa no tenemos problema en pintar”.

Nos chocó lo estereotipada que tenemos la educación de nuestros hijos e hijas, pero a los pocos días fuimos nosotros los que nos dimos cuenta que, como padres, también teníamos prejuicios que quitarnos de encima, tal vez no tan evidentes pero igual de dañinos.

Al llegar a casa, el primer día, nuestra hija se puso a hablar con la mayor normalidad del mundo sobre su vulva, utilizando exactamente este término. Reconozco que me impresionó. Era la primera vez que escuchaba esa palabra, vulva; me incomodó casi, y más viniendo de una niña de corta edad. En la primera revisión en la residencia lo comenté, un poco sorprendido. Tal vez fuera ese el primero de muchos cambios en mi forma de pensar. La respuesta de los educadores fue tan clara y tan normal que asombra. En la residencia tenían menores que habían sufrido abusos sexuales, por lo que para ellos y ellas era una parte fundamental de la educación de los menores que tenían a su cargo la educación sexual; para dar a los niños y niñas herramientas de protección, básicamente, enseñaban a los y las menores que el cuerpo es suyo, a reconocer las partes íntimas, a decir que “no” si algo no les gustaba, a diferenciar secretos buenos de secretos malos y que personas que les cuidan o que dicen quererles pueden hacerles daño, y en ese caso confiar en otra persona adulta para denunciarlo.

¿No es una idea maravillosa vivir tu cuerpo con total normalidad, sin tabúes y tener una educación que te permita protegerte frente a posibles abusos de poder? Mi hija, a su corta edad, estaba, seguramente, más preparada que yo para hacer frente a estas situaciones. Era por tanto mi obligación intentar no destruir el precioso trabajo que habían hecho los y las cuidadores del centro.

Otro día al hablar del futuro y si quería ser madre, me contestó un rotundo “no”; le pregunté por qué esa respuesta, a lo que me dijo un simple “mi cuerpo es mío y no quiero de momento pensar eso”. Ya me hubiese gustado a mí tener esa capacidad de autoconocimiento. Para mí quedó claro que una buena educación afectiva sexual le había dado a mi hija una serie de mecanismos para simplemente ser más feliz y evitar que nadie le diga qué es bueno o malo sobre algo tan íntimo como es el cuerpo de uno.

El espacio educativo tiene que ser un espacio de transformación social, por lo que una educación en igualdad y una buena educación afectivo-sexual tiene que ser fundamental para evitar las diferentes violencias contra las mujeres.

Una educación en la escuela o en la familia, basada en roles de género, sitúa a nuestras niñas en una futura posición de subordinación en el mundo laboral y otros ámbitos como el afectivo

La Organización Mundial de la Salud recomienda centros específicos para jóvenes sobre temas de sexualidad cada 100.000 ciudadanos y ciudadanas jóvenes, y la realidad es que en nuestro país, por lo que he podido investigar, sólo hay una docena.

En la Ley Wert no se menciona explícitamente la educación sexual y queda a la buena disposición del centro y del profesorado darla, ¿no debería formar del currículo escolar?

Hoy en día existe el Informe Estrela, elaborado por diversas organizaciones europeas defensoras de los derechos sexuales y reproductivos que incluye el derecho al aborto y el derecho a una buena educación sexual, y que ha sido bloqueado por el Partido Popular Europeo y otros partidos conservadores.

Avancemos entre todos y todas para que nuestros hijos e hijas sean cada vez más tratados como seres humanos, con capacidades para evitar abusos, quitarse complejos, con mayor facilidad para relacionarse y comunicarse entre ellos, y tratarse con igualdad.

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