Si yo fuera un hombre

Si yo fuera un hombre, me plantearía algunas cosas y me cuestionaría otras muchas. Entre ellas, mi condición de hombre. Me preguntaría qué significa ser hombre hoy en día y si existen hombres que en algún momento hayan pensado o revisado su imagen de hombre o su concepto de masculinidad.

Si yo fuera un hombre probablemente me preguntaría qué piensa esa chica que aligera el paso delante de mí en la calle, de noche. Porque si  yo fuera un hombre tendría ganas de decirle: “oye, tranquila….Que sólo soy un hombre”. Pero eso lo pienso yo ahora, siendo mujer. Siendo hombre quizás no me preguntaría nada. O sí. Me consta que los hay que se lo preguntan, que se cuestionan como hombres.

Hace ya tiempo que las mujeres decidimos que éramos “mujeres” en plural, rechazando que se nos asimilara dentro del concepto “el hombre” (como sinónimo de “humanidad”), y rechazando también que se nos incluyera en el femenino singular “mujer”, que invisibiliza lo múltiples y diversas que realmente somos.

Si yo fuera un hombre me preguntaría: ¿prefiero que se hable del “hombre” o de “los hombres”? Si yo fuera un hombre, puede que me diera igual. Puede que no. Puede que quisiera diferenciarme de aquellos hombres que agreden y matan a sus parejas o exparejas mujeres. Porque en las estadísticas siempre sabemos de ellas, de las víctimas, pero detrás de una mujer asesinada siempre hay un “él”. Un agresor, un asesino. Un hombre.

Decía Miguel Lorente que “todos los agresores responden a tres características: hombre, varón, de sexo masculino”. Si yo fuera un hombre me preocuparía y querría que hubiera un plural para que se hablara de “hombres” y no de “hombre”. Y querría que ese plural me protegiera y me diferenciara de estos otros hombres con los que no tengo nada que ver, pero que son hombres como yo.

Si yo fuera un hombre querría que se incluyera el componente de género en el análisis de los atentados de Bruselas, de los de París, de todos los atentados yihadistas que ha habido hasta el momento. Porque primero hablaron de que eran “lobos solitarios”, ahora de que son grupos organizados. Pero siempre hablan de hombres.

Este pasado domingo en Bruselas, un grupo de ultras -todos hombres- impidió que se recordara a las víctimas del reciente atentado. Si yo fuera un hombre, y hubiera estado en esa manifestación, donde no me hubieran permitido expresar mi dolor, estaría enfadado. Pero no como se enfadan los hombres que utilizan la violencia, los que utilizan el miedo, la ira o la venganza. Me enfadaría con tristeza. Y me plantearía algunas cosas y me cuestionaría otras muchas.

Todo esto, claro, si yo fuera un hombre.

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