«Cultura» de la violación

Esta semana descubrí que la escena de la violación en la película “El último tango en Paris” (diría la única recordada) no fue simulada, sino que realmente al director Bernardo Bertolucci, y al actor protagonista Marlon Brando, se les “ocurrió” violar a la actriz Maria Schneider: “Son cosas graves, pero las películas se hacen así. Las provocaciones son a veces más importantes que las explicaciones”, afirmó Bertolucci en una entrevista que dio hace un par de años.

violacion

Me puse a investigar sobre la actriz protagonista, y descubrí que tras rodar la película empezó a tomar drogas, se intentó suicidar y hasta ingresó voluntariamente en un centro psiquiátrico. Que es, según he podido leer, común entre las personas que sufren una violación (trastornos psicológicos, emocionales, depresión, físicos, soledad, preocupación, culpa o cansancio y retrocesos al pasado). Mientras esta mujer sufria su propio calvario, la interpretación de un Brando “maduro” fue alabada, y el director siguió haciendo películas y recibiendo premios. Es decir dos hombres utilizando a una mujer como un pañuelo de usar y tirar, pensando que por haber firmado un contrato por un trabajo podían hacer con ella lo que quisieran, utilizándola como un trapo. Ellos siguiendo con sus vidas exitosas mientras ella caía en un pozo de desesperación por la utilización de su persona y su cuerpo.
Este caso, es un ejemplo, de la “Cultura de la violación” instaurada en nuestra sociedad patriarcal en el que se considera a la mujer un objeto a dominar, un ser inferior que tiene que obedecer y acatar.

La violación está relacionada con esta distribución de poder, por eso en nuestra sociedad machista, es casi siempre hacia las mujeres, por nuestra construcción social. La violación tiene una base cultural (hasta en las películas!), y no es una cuestión de “necesidades, provocaciones o fundamentos biológicos” que lo único que intentan estas justificaciones es encontrar un motivo que ampare y por lo tanto perpetúe las violaciones. Por eso es imprescindible asignaturas de igualdad y concienciación en las escuelas y todo el ámbito educativo (también en las Universidades de donde saldrán los futuros médicos, jueces etc.) para intentar cambiar esta cultura.

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