Luismi, el gay machista

Durante muchos años, he sido fumador, no un gran fumador, ese tipo de fumadores sociales principalmente, este año me decidí y lo dejé, al principio fue duro, toda mi vida he estado rodeado de tabaco, mi padre y mi madre fumaban, mis amigos también, me costó cambiar el chip, a día de hoy algunas veces me lo tengo que pensar dos veces, antes de caer en la tentación, mientras, escucho a gente que me aconseja que sea fuerte y no me fume “solo uno”
El patriarcado y sus mecanismos para perpetuarse, son como la nicotina, algo social, en muchas ocasiones aceptado, del cual para evolucionar es necesario, grandes dosis de pedagogía, y en el que podemos volver a recaer. En ese caso las mujeres feministas han de iluminar nuestra oscuridad y nosotros abrir bien los ojos para, aprender a ver con las gafas moradas,e interpretar la realidad en toda su extensión.
Entre los gays, existe un machismo exacerbado, crecemos siendo insultados; por ser femeninos, por gustarnos otros hombres, en definitiva por no seguir la estricta heteronormatividad, es por ello,que al hacernos adultos, con una vida plena y relaciones de pareja y amistad con homosexuales, nos consideremos realizados, y por lo tanto libres de todo mal “carca”.

Gran error!, como hombres en nuestras cabezas esta tallado a cincel, las normas patriarcales, aunque luchemos contra ello y lo negamos en muchas ocasiones, es una realidad empírica.
Nos sentimos molestos cuando nos llaman machistas a algunas de nuestras actitudes, y en lugar de reflexionar, al proceder de mujeres, cercanas por ser compañeras en nuestras de lucha, el patriarcado provoca que nos ubiquemos a la defensiva férrea y nos irrite precisamente por provenir de una mujer, en lugar de reflexionar, para aumentar nuestro conocimiento una nueva lectura, o comprobar que parte de verdad existe En dicho planteamiento. Nos olvidamos de empatizar con la visión de las mujeres.
Nos cuesta comprender que debamos usar el femenino tanto como el masculino, porque lo que no se nombra se invisibiliza, pero nos llamamos en femenino entre nosotros para llamarnos “zorras”, “putas” o “golfas”,es decir cuando hay que referirse a alguna conducta de forma negativa.

Buscamos parejas, y en nuestros perfiles de redes sociales, y búsqueda de pareja en las aplicaciones de los teléfonos, exigimos que no se sea afeminado, porque si eres del grupo de gays bien machos, te consideras de una casta superior, con mayores privilegios, mejor visto, ya que lo femenino,se nos ha enseñado a concebirlo como lo frágil y débil, es decir lo peor.

La construcción de la masculinidad hegemónica está directamente relacionada con la adopción de prácticas temerarias, como la me temeraria moda de realizar «bareback» ( sexo sin condón), porque nos consideramos más hombres de esta manera.
Imaginamos la gestación como algo hermoso, que las mujeres están dispuestas a darnos, alquilando sus vientres, ya que es el “mejor momento de sus vidas” y consideramos, que podemos pagar por sus cuerpos como simple mercancía.
Yo os quiero dar esperanza, me autoinculpo y os invito a salir, a escapar de el patriarcado, que impide reflexiones que llegan desde otros prismas, haciéndonos reflexionar y generando un nuevo pensamiento.
Os invito a leer, a escuchar a una mujer feminista, a mirar con sus ojos, dejar la nicotina del patriarcado, en ocasiones recaeréis es inevitable, y será bueno para contrastar, ser conscientes. Pero debemos ser comprensivos , lo hemos vivido en nuestros hogares en cada uno de los ámbitos en los cuales nos hemos movido, nos lo han grabado a fuego, pero si os mantenéis alerta, la próxima vez será más sencillo no caer.
Compañeros míos gays, tenemos un gran desafío, ahora que la legislación blinda nuestros derechos, en gran medida conseguidos. No obstante corremos el peligro de olvidar a nuestras compañeras de lucha, nuestras activistas durante todo este tiempo, no nos aislemos y encerremos en nuestra masculinidad, y evitemos convertirnos en los más machistas de todos

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