El Mundial femenino 2015: el césped artificial, la discriminación a escena

Viene de largo el uso de la prohibición de disputar partidos profesionales en superficies artificiales. De hecho, en la década de los 80, la UEFA y la FIFA prohibieron disputar partidos profesionales en superficies artificiales por, entre otras causas, el riesgo al incremento de las lesiones. Aunque hay que reconocer que el césped artificial ha ido mejorando ostensiblemente de calidad; y así a partir del Campeonato Mundial Juvenil de Finlandia 2003 se comenzó a utilizar los gramados sintéticos en torneos oficiales.

No obstante, todos los campeonatos en las categorías absolutas se han disputado con césped natural.  La polémica ha surgido, en estos momentos, por la decisión que han tomado los máximos mandatarios del fútbol mundial de imponer el jugar, en el próximo Mundial de fútbol femenino de 2015, en césped artificial, parece ser que la causa no es otra por el hecho de que la mayoría de los estadios en Canadá tienen grama artificial, la Federación de Fútbol de Canadá y el comité de organización del Mundial femenino solicitaron a la FIFA la autorización para que el torneo se jugara en esta superficie.

Después de conocerse la noticia, la mayoría de las jugadoras firmaron una carta donde amenazaban con iniciar acciones legales contra el organismo rector del fútbol, si no cambiaba la decisión de jugar el torneo sobre una superficie sintética, basándose, según consideraban en una clara discriminación contra el fútbol femenino. La pregunta es clara: la FIFA nunca realizaría un mundial masculino en canchas artificiales, ¿por qué lo hace con el mundial femenino? Las jugadoras sostienen que además de incrementar las posibles lesiones que les puede ocasionar este material sintético, aseveran que el despliegue de su juego no es igual. Y así han señalado que el uso de este material, que consideran de segunda categoría para jugar al fútbol, tiene como consecuencia que el avance del balón es más lento, además de que rebota más y es más difícil controlarlo, según señalan, y esto repercute en el propio espectáculo.

Lo que resulta evidente que si se tratara de un mundial masculino el debate sería otro, y desde luego se escucharía la voz de los futbolistas,  lo que no se está haciendo en este caso. A pesar de la insistencia y las profundas razones esgrimidas por las mismas. Siempre he tenido la sensación de que en el mundo del deporte las mujeres son sometidas a otras reglas de juego, que les provoca esa real discriminación.

Pues bien, en este terreno donde queda mucho por ganar, por la persistencia de los desequilibrios existentes a los que se enfrentan las mujeres al participar en el deporte, podríamos apelar a la famosa declaración de  Brighton, celebrada en Reino Unido, del 5 al 8 de Mayo de 1994,  organizada por el British Sports Council (Consejo Británico del Deporte) con el apoyo del Comité Olímpico Internacional.
Aprobada por doscientos ochenta delegados provenientes de ochenta y dos países; así como representantes de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, comités olímpicos nacionales, federaciones deportivas internacionales y nacionales, e instituciones dedicadas a la educación y la investigación. Esta declaración establece los principios que han de regir las acciones cuya finalidad es incrementar la participación femenina en el deporte a todos los niveles, y en todas las funciones y roles.

Uno de sus objetivos, e insisto que fue firmado por gran pléyade de estados y organizaciones deportivas, lo constituye el hecho de asegurar que las mujeres tengan la misma oportunidad para practicar su deporte con dignidad y respeto a su condición como personas. Pues bien, la decisión que ha tomado la FIFA, como mínimo, supone una minusvaloración de su dignidad como, en este caso, futbolistas, por lo que implica lesionar su derecho a jugar en un terreno de juego al que tienen derecho, porque se lo han ganado por derecho propio.

Por otro lado, en su derecho a marcos de igualdad, tal como así lo establecen las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas Formas de Discriminación contra las Mujeres, con este tipo de medidas y decisiones se rompen.

Y con ser un tema que, según quieren aparentar, basado en una decisión técnica, lo que sí refleja es un ejercicio de discriminación en toda regla, porque esto no se lo plantearían en un campeonato mundial masculino. Ejemplos como estos, son los que suponen, sin duda alguna, perpetuar los desequilibrios injustificables entre las ventajas disponibles para las mujeres y para los hombres.

Lo que ahora se debiera hacer, en base a esta Declaración de Brighton, que han firmado la inmensa mayoría de los Estados que van a competir en el Mundial, así como la propia FIFA, ser consecuentes con lo que firmaron y apelar a esa discriminación para luchar codo con codo con las jugadoras. Que no sientan que luchan en solitario, todos los países e instituciones deportivas que van ser representadas a través de sus selecciones debieran como mínimo refrendar  la carta de las jugadoras, así como pedir a la FIFA que las escuche y les hagan caso.

Para, una vez más, no tener siempre la sensación que el deporte, y más, desde el punto de vista de los derechos fundamentales, tiene sus propios mecanismos de interpretación en base a decisiones que pudieran definirse como arbitrarias.

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