La igualdad de género no es para el verano

IGBG

Esta semana amanecíamos con el nuevo Índice Global de Brecha de Género, elaborado por el Foro Económico Mundial, una suerte de ránking anual que se viene realizando desde 2006 en el que se ven reflejados una serie de parámetros con los que se pueden establecer qué países tienen una brecha mayor o menor en lo que a Igualdad de oportunidades entre ambos géneros se refiere. Sin querer dejar a parte el desolador dato de que, a este ritmo, hasta 2095 no existirá una igualdad de oportunidades real y completa entre hombres y mujeres, hay mucho que decir sobre lo malparada que sale España en esta tabla.

Es injustificable que, en un país europeo y occidental (supuestamente, edén de la igualdad y la libertad) y, con un gobierno que presume de ser una de las primeras potencias del mundo y codearse entre las mismas, haya que bajar hasta el 29º puesto para encontrarlo en este ránking, máxime cuando, hace apenas 3 años, en el último ejercicio de gobierno socialista, Zapatero dejaba a España en este ránking en el 12º puesto, en plena crisis económica, o cuando en 2007 nos encontrábamos en el top ten de los países con una brecha menor. En estos momentos, España se encuentra por detrás de Mozambique (27º), Moldavia (25º), Eslovenia (23º), Ecuador (21º), Burundi (17º), Letonia (15º) o Ruanda (7º) que, sin querer menospreciar a ninguno de ellos, es complicado de comprender que, cuando se habla de igualdad de oportunidades, un país como España quede relegado por detrás de países en los que no se suele pensar cuando sobre este tema se habla.

Y es que España no ha dejado de caer y empeorar en casi cada uno de los apartados que se valoran en este estudio desde que el Partido Popular de Rajoy llegó al Gobierno, En cuanto a participación económica y nivel de educación de las mujeres españolas, el gobierno no se ha sabido reinventar y dar un impulso a estos apartados, pasando desde 2011 (último año de gobierno del PSOE) hasta hoy en día del 74º al 84º y del 37º al 44º puestos respectivamente. En cuanto ha salud y supervivencia, España ha sufrido un descalabro en estos tres años de 21 puestos, llegando hasta la 87ª posición. Pero, sin duda, el dato más llamativo es la tremenda pérdida de terreno internacional de nuestro país en cuanto a empoderamiento político de la mujer desde la llegada de los populares, ya que hemos pasado de estar en el 5º puesto en 2011 a nada menos que el 23º en 2014, ¿cómo se explica esto? fácil, de la paridad ministerial de la que el gobierno Zapatero hizo bandera, la presencia de mujeres en los ministerios ha pasado a ser del 31% frente al 69% de presencia masculina (29º puesto).
En cuanto a presencia de mujeres en el parlamento, España no queda tan mal parada (en comparación con el resto de apartados, claro) desde el 10º puesto con un 40% de mujeres en los escaños pero, evidentemente, no gracias al PP y es que, de las elecciones de 2011 (recordemos, mayoría absoluta del PP y descalabro de los socialistas), no sólo no salió un Parlamento más igualitario, si no que el número de diputadas pasó de 125 tras las de 2008 a 124, 66 aportadas por el PP, 42 por el PSOE 5 por CiU y 3 por IU, teniendo en cuenta el resultado de cada partido, del total de sus escaños, el PP presentó un 35,5% de mujeres, el PSOE un 38,2%, CiU un 31,25% e IU un sorprendente 27,3%, es decir, aun sin entrar ninguno de los 4 grandes grupos parlamentarios en el 40/60, el PSOE fue el partido que un mayor porcentaje de mujeres presentó y no sólo eso, si no que también fue el que más cabezas de lista femeninas llevaba en las mismas con 19, el PP 15 e IU tan solo 7. Por no mencionar el dato de que en los últimos 50 años, como ya sabemos, España ha tenido en el récord de 0 de ellos a una mujer al frente de su gobierno.

Y junto a estos, podríamos aportar toda una lluvia de datos que corroboran la falta de apoyo por parte del gobierno a la consecución de la igualdad de oportunidades: La tasa de desempleo entre las mujeres es del 25,4% frente al 24,7% de los hombres, los minutos por día gastados en trabajos no pagados es de 258 frente a 154, la proporción de mujeres en los consejos de grandes compañías es de un penoso 10%, las firmas con participación femenina en su propiedad es del 34%, el uso de internet entre las mujeres es del 67% y del 72% entre los hombres, ellas son el 29% de las estudiantes de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas y el 31% de las graduadas en estas materias, el 40% del personal de Investigación y Desarrollo son mujeres y, para acabar de redondear estos datos y de favorecer que la mujer que no puede se introduzca en el mundo del estudio y del trabajo de forma igual a la del hombre, los días de permiso paternal son 13 frente a los 112 de la mujer.

¿Es todo esto justificable desde el prisma que nos quiere hacer tragar el PP de «nos encontramos en una crisis económica, no es momento de pensar en otras cosas y menos en aspectos superfluos como la igualdad»? No, absolutamente no, afirmar que hay que dejar de lado el objetivo de conseguir una igualdad de oportunidades y de género tangible porque la economía y el empleo vayan mal, sería como decir que tenemos que dejar de tratar a inmigrantes o profesantes de otras religiones de forma igualitaria por la misma razón, es decir, una soberana estupidez, sería aceptar que el PP está poniendo por delante de la igualdad el equilibrio económico y laboral porque es lo que toca y lo único que se puede hacer cuando, realmente, lo único que está haciendo es usar estos argumentos y estas circunstancias, que le han venido como anillo al dedo, para poner en práctica su ideario, que considera la igualdad y la paridad como estupideces idílicas de progres trasnochados pero que, en realidad, la cosa es buscar entre las mujeres cuando no hay nada válido entre los hombres o cuando, directamente, nos obligan. Basta con mirar a Francia, país igualmente azotado por la crisis económica, pero que, con un gobierno socialista al frente, ha pasado de ocupar el puesto 57º en 2012 al 16º a día de hoy y es que, cuando se quiere, se puede.

Pero tampoco hace falta irnos a otros Estados, este mismo país ha sido un referente mundial en cuanto a Igualdad de Género hasta hace no mucho durante los años de gobierno socialista y es que, una vez más, no es lo mismo PSOE que PP, no es lo mismo la consideración real desde el gobierno (y su consecuente legislación a favor de ello) de que hombres y mujeres somos ciudadanos iguales que nos merecemos y debemos de tener las mismas oportunidades que la actitud de «estáis ahí porque nos obligan a ello», no es lo mismo crear un Ministerio de Igualdad (a pesar de que después se eliminara, medida que, igual que otras tantas tomadas entonces, no defenderé pero, para eliminar algo, antes ha tenido que estar), que relegarla a una Secretaría de Estado con un presupuesto ínfimo o directamente sin el y con una Ministra que a duras penas, 3 años después, aun no se ha enterado de que, a parte de Sanidad y Servicios Sociales, también lo es de Igualdad y que es incapaz de salir a defender la retirada de su arcaica contrarreforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, teniendo que salir a hacerlo la Ministra de Fomento (¿?), no hablemos ya de, como mujeres, haber salido en contra de esta misógina y, por suerte, abortada medida. No es lo mismo tener un gobierno paritario, la primera Ministra de Defensa y una Vicepresidenta del Gobierno referente para el feminismo que, hasta antes de las europeas, un gobierno con un 28,6% de mujeres y una vicepresidenta que, por todo el poder que pueda tener, no ha hecho absolutamente nada por la lucha de las mujeres en pos de la igualdad con los hombres, a lo sumo, ponerle zancadillas.

Y es que la igualdad no es para cuando no hay crisis económicas, no es para cuando no hay ningún otro contratiempo del que ocuparnos, no es únicamente para el verano de los gobiernos socialistas. La igualdad es un asunto de Estado que no sólo afecta al 50% de la población, si no a su completa totalidad, puesto que el ser humano no será realmente libre hasta que no sea tratado como igual independientemente de su sexo. La lucha por la igualdad, en pleno siglo XXI, continúa más viva que nunca y el gobierno del PP no podrá detenerla, pues la historia lo confirmará como tan solo un bache en su camino que dentro de poco superaremos.

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